Luis Ojea - La semana

El valor de las encuestas

El trasvase de votos entre partidos del mismo espectro ideológico o hacia la abstención será el factor que determine el resultado final

Luis Ojea
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A una semana de las elecciones, en un contexto como este, predecir un resultado concreto tiene que ver más con la astrología que con un ejercicio científico de prospección social. Las empresas dedicadas a la demoscopia, por muy solvente que sea su trabajo, se encuentran con enormes dificultades para formular su pronóstico. No solo, que también, por las fechas, con el país de vacaciones. Ni siquiera por lo apretado que en un tablero multipartito como el actual puede estar el reparto de escaños en las provincias de menor población, circunscripciones —es el caso de Lugo o Orense— en las que el acta final puede jugarse en un puñado de votos. El mayor margen de error proviene de la bolsa de indecisos que todavía se detecta en el seno de cada bloque político. Y ese trasvase de votos entre partidos del mismo espectro ideológico o hacia la abstención será el factor que determine el resultado final.

En este contexto, lo significativo de los sondeos no es tanto el arco parlamentario que dibujan sino las tendencias que reflejan. Y de la combinación de ellas se pueden extraer dos grandes conclusiones que podrían condicionar el resultado del 28A.

Primero. El PSOE cotiza al alza y está atrayendo voto procedente del rupturismo. Y ello, paradójicamente, puede resultar negativo para sus expectativas electorales. Porque puede relajar a su clientela en un momento en el que Sánchez necesita perentoriamente tensionar a la sociedad. Y porque en un sistema electoral como este la suma de ocho más dos implica un resultado diferente a una operación en la que los sumandos fuesen seis y cuatro. Con un tablero tan atomizado como el gallego, si el socialismo pesca en el populismo, como parece que está pasando, pero no crece tanto como para comerse a las otras marcas, y es probable que no lo consiga, en provincias como La Coruña o Pontevedra, donde el escaño no sale precisamente barato, la izquierda puede enfrentarse a un resultado bastante peor del que esperan.

Sobre todo, si el PP es capaz de trasladar a la sociedad la segunda gran conclusión que se deduce de las encuestas. La fragmentación del centroderecha condenaría a este espacio político a la derrota el 28A. En condicional, sí. Porque en esta tesitura la apelación al voto útil puede resultar efectiva y porque en territorios como Galicia el efecto moda del que se alimentan algunos partidos podría tener un impacto mucho menor del que apuntan los sondeos. Primero porque fuerzas como Vox no están imbricadas en la sociedad como en otros territorios de España y, en esa coyuntura, una parte de los que pueden sentirse atraídos por su discurso, no los hooligans pero sí los todavía indecisos, podrían acabar quedándose con la papeleta popular. Y segundo, porque el perfil del PPdeG, con un discurso de amplio espectro como el de Feijoo, evita la deserción del público que en otras latitudes coquetea con Ciudadanos. Y todo ello podría conllevar un resultado bastante mejor para los populares del que se está proyectando.

Las encuestas, en esta ocasión más que nunca, son un elemento más de la batalla electoral. En un escenario tan polarizado como el actual y con una volatilidad tan alta en el interior de cada bloque político, los sondeos pueden condicionar la decisión final del electorado. Tentar a un votante de la izquierda que da por segura la victoria a quedarse en casa. O forzar a un desencantado del PP a elegir la papeleta de Casado ante el temor a que la división de la derecha garantice la victoria de Pedro Sánchez. Muchos ciudadanos decidirán esta vez su voto en el último momento. Nada está escrito. Solo podemos jugar con sensaciones. Que el PP gallego podría tener más voto oculto del que reflejan las encuestas y que la campaña de perfil bajo del PSdeG puede ser un colosal error. Todo dependerá de la distribución de voto en el seno de cada bloque político y de la movilización final del electorado el próximo domingo. Y en ello influirán las últimas encuestas. Ese es su valor. Por eso no se entiende que se mantenga una trasnochada regulación que impide publicar nuevos sondeos los días finales de campaña.

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