José Luis Jiménez - PAZGUATO Y FINO

Las trampas de Gonzalo Caballero

Si quiere ser creíble, que exija a Feijóo no pactar con Vox al tiempo que él se compromete a no hacerlo con los populistas

José Luis Jiménez
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Por obra y gracia de una conjunción astral —véase la división del voto de la derecha, la movilización de la izquierda víctima del miedo a Vox y el empeño de Pablo Casado en parecer más radical de lo que en realidad es—, el PSdeG ganó sin paliativos las elecciones generales en Galicia el 28-A. Gonzalo Caballero no se había imaginado en una situación tan favorable ni en sus mejores sueños. Es innegable que ha acumulado un respetable capital político, aunque no sea por acción suya sino por omisión de terceros, pero qué importa eso. El saldo resultante es el que es.

Ahora corresponde administrarlo. No debería tener problema un tipo que es profesor de económicas, con dos doctorados y toda una vida de militancia orgánica, por lo que no es ajeno a los devenires y las lógicas de la política. Pero no ha empezado bien del todo, descolgándose con una prórroga al discurso del dóberman, exigiéndole al PP que aclare con antelación y ante notario si piensa pactar o no con Vox, en caso de que la formación de Santiago Abascal obtenga representación en alguna ciudad o concello en las próximas municipales. Y aquí Caballero se hace trampas a sí mismo, pero también a los electores.

Porque la izquierda está imponiendo líneas rojas y cordones sanitarios a la extrema derecha a sabiendas de que una hipotética suma de PP y Cs necesitará de ella para alcanzar alguna alcaldía. Es improbable que Vox saque más de un concejal en alguna ciudad, pero será imprescindible para facilitar un cambio y desalojar a los populistas de La Coruña o Ferrol, por ejemplo. O a los socialistas de Lugo. Lo chocante es que ese pudor del PSOE para estigmatizar a otros partidos no lo tiene cuando se trata de los populistas, que si algo han demostrado esta legislatura es que son unos nefastos gestores. Y sin embargo, ahí ha estado el PSOE para sacar adelante unos presupuestos. Sin líneas rojas.

El mismo dopaje que emplea la derecha con Vox para reforzar su representación es el que emplea el PSOE con las Mareas y sus sucedáneos. Pero el primero es veneno, y el segundo un socio fiel, según el criterio de Caballero. Cuando hay que leer resultados electorales en los que el PP es primera fuerza —como ocurrió en La Coruña, Ferrol o Lugo hace cuatro años—, el PSOE no aparta al populismo, sino que interpreta sus apoyos como «un deseo de cambio» de la ciudadanía. Es decir, a la izquierda todo le vale y a la derecha le ponemos condiciones leoninas para ser legítima. Si quiere ser creíble Gonzalo Caballero, que exija a Feijóo no pactar con Vox al tiempo que él se compromete a no hacerlo con los populistas. Evidentemente, eso no va a pasar.

Y esto, en román paladino, es hacer trampas.

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