Casa consistorial de Allariz (Orense)
Casa consistorial de Allariz (Orense) - MIGUEL MUÑIZ
POLÍTICA

La sangría demográfica también es política

ABC contacta con todos los partidos alrededor de un problema, el de la despoblación y el envejecimiento, que afecta a la preparación de las elecciones municipales

SantiagoActualizado:

Esta semana Galicia amanecía con otra noticia de esas que la pronostican más pequeña. Dentro de quince años, según las proyecciones del Instituto Nacional de Estadística (INE), la Comunidad habrá perdido la población equivalente a toda la ciudad de Santiago más la de Vilagarcía de Arousa y Ribadavia: 138.799 personas, un 5,1% menos. No es de extrañar, pues, que mientras Galicia se va achicando también lo haga el número potencial de personas que quiere dar el salto a la política. Y si a ello le sumamos todos los «des» —desconfianza, desafección, desprestigio, desapego— con que los ciudadanos miran a los partidos y a las instituciones, el diagnóstico se agrava.

Una prueba de que la sangría demográfica también tiene una traducción política está en la cifra de concejales que los gallegos han elegido a lo largo de la democracia. En 1979, año de los primeros comicios locales, eran 4.072 los ediles que aspiraban a sentarse en las corporaciones. Desde entonces la bolsa de ediles fue menguando sin remedio. En las últimas elecciones del año 2015 fueron 3.776. El problema está encima de la mesa de todas las formaciones políticas. En plena vorágine de confección de candidaturas, nombramiento de cabezas de lista y reclutamiento de equipos para las elecciones municipales de 2019, existen ideas para captar a cuadros jóvenes pero no «fórmulas mágicas», como reconoce el secretario de Organización del PSdeG. «En muchos sitios buscar gente joven es una entelequia. La situación sobrepasa los límites de la normalidad. No estamos hablando de un futuro inmediato, estamos hablando del presente», reflexiona en conversación con este diario José Antonio Quiroga.

Para el dirigente socialista —natural de O Saviñao (Lugo)— es difícil definir una «estrategia» de partido si se tiene en cuenta que «muy pocas zonas» se resisten a entrar en lo que denomina como «carril de abandono». Desde la fontanería del PSdeG la principal receta es la capacidad de adaptación «a la particularidad de cada sitio», y a partir de ahí tratar de nutrir las «relaciones personales» entre personas del partido, esparcidas por el territorio a modo de células de reclutamiento.

Los socialistas saben lo que cuesta cerrar una candidatura en los municipios rurales. En 2015 se quedó sin concurrir en 14 concellos. El próximo año, avanza Quiroga, la meta son los 313. «Lo vamos a intentar. Siempre hay alguna zona que se resiste, pero la perspectiva es intentarlo en todos y cada uno de los ayuntamientos».

La receta del PPdeG

Quien menos acusa esta circunstancia es el PPdeG, una de las maquinarias electorales mejor engrasadas de España. Para su presidenta provincial en Lugo, Elena Candia, la organización no se está encontrando «con grandes dificultades» para echar el lazo a los más jóvenes, y cita dos casos: el de José Luis Regueiro, empresario y cabecilla del PP en A Fonsagrada (31 años) y el de Javier Santín, su homólogo en Cervantes (39 años). Entre ambas localidades suman 5.600 habitantes. «Son personas que decidieron vivir en el territorio y entienden la participación en la política local como una de las maneras más responsables de creer en su localidad y en un proyecto de vida», reivindica la «baronesa» del PPdeG, quien ve necesario tener en cuenta que el partido es «el que más se parece a lo que opina la gente, empatizamos mejor». «El partido que más se parece a Galicia», suelen repetir una y otra vez los dirigentes de la «Nécora».

La receta de la sala de mandos popular en Lugo no tiene secretos. Primero se organizan «comisiones sectoriales» con responsables y miembros de la sociedad civil para proponer ideas susceptibles de ser incorporadas a los programas electorales. En esas «mesas de trabajo» se peina a las personas con mejores aptitudes y, llegado el caso, se sondea la posibilidad de sumarlo a las filas. Por lo demás, el PP da varias vueltas al cuentakilómetros en cada legislatura. No queda otra, si se quiere aplicar la máxima de «contacto directo, cercanía y accesibilidad» que promueve su jefa de filas. «Así despiertas antes su interés. Por mucha tecnología que haya, lo que más sigue valorando la gente es la accesibilidad», incide Candia.

Aunque, si hay un ejemplo de éxito orgánico electoral, ése es el PP de Orense. «Nunca encontró problemas», señala no sin cierto orgullo su secretario general, Rosendo Fernández: en la resaca de las elecciones, son tradición las ruedas de prensa en las que Manuel Baltar saca a relucir un mapa político municipal coloreado casi todo de azul. En el sur, los populares utilizan el gancho de los alcaldes. Son los responsables del «primer contacto». «En segundo lugar, a nivel provincial se acaban de confeccionar las listas», agrega Fernández, que subraya, además, que si las persona a las que te diriges «se interesa por la política, ya tienes medio camino andado». «Ante todo hay que decirle que puede utilizar la política para transformar aquello que no vaya bien; la política se hace desde dentro», recalca.

La Galicia inaccesible

Otras formaciones lo tienen muy complicado. En Marea, por ejemplo, cuenta con el hándicap de ser un espacio que se parece más a un «partido de partidos». «Nosotros no creamos mareas (municipales), se autoorganizan y después deciden integrarse en En Marea», explica el coordinador de la ejecutiva, Gonzalo Rodríguez. «Son autónomas e independientes, desde la coordinadora se les facilita y anima. Es un proceso de abajo a arriba».

Pese al éxito electoral cosechado en las ciudades en 2015 —con las alcaldías de Santiago, La Coruña yFerrol— parece complicado que los rupturistas expandan sus redes por toda Galicia, asume Rodríguez. «El voto rural y urbano no es tan distinto, es transversal, lo difícil es dar el paso y hacer candidaturas rurales». En las próximas semanas presentarán una nueva «marea» en algunas zonas de Orense y en Mondoñedo (Lugo).

Al BNG le envuelve un contexto muy similar. Los nacionalistas presumen de que alrededor de un «40%» de los candidatos presentados en las locales de 2015 fueron personas jóvenes, aunque por el momento el proceso para dentro de un año no está completado. Tal y como afirma Bieito Lobeira, coordinador de organización, los «cabezas de lista aún no están elegidos, pero para nosotros los jóvenes es una línea estratégica y prioritaria, y así se traslada a las localidades a la hora de conformar candidaturas».

Lobeira pone el ejemplo de la alcaldesa de Moaña, Leticia Santos ( 34 años), del teniente de alcalde de Verín, Diego Lourenzo (30 años), o de la concejal en A Illa de Arousa, Laura Castro, que cuenta 26 abriles. Y lo mismo ocurre los concellos de Riós o A Gudiña. Sin embargo, el frente sabe de las dificultades para llegar a otros puntos. Hace tres años presentó 259 listas e imputó al «caciquismo» incentivado por el PP no haber podido engrosar el número. Y la explicación hoy en día no ha variado sustancialmente. Lobeira defiende que el «nacionalismo tiene una imagen transgresora» que favorece captar la atención de los más jóvenes», pero denuncia que en otras comarcas introducirse en la dinámica del BNG supone «enfrentarte» a los vínculos entre el poder político y económico. «Cuando tu puesto de trabajo depende de sectores muy deprimidos, cuando trabajas tres meses apagando incendios o en servicios de atención al hogar, ser militante o candidato del BNG supone distinguirte de la política clientelar que hay en muchos concellos», zanja.