Vista del abarrotado campo de la fiesta para escuchar los discursos políticos
Vista del abarrotado campo de la fiesta para escuchar los discursos políticos - CEDIDA
PPdeG

Una romería como las de antes

El PP gallego exhibe músculo con un evento al alcance de pocos partidos: 5.200 simpatizantes llegados de toda la provincia coruñesa

SantiagoActualizado:

La imagen que se pretendía dar era la de fuerza, más importante todavía si cabe si seis días antes se había producido un cataclismo electoral como el del 28-A. Por eso nada podía fallar. Diego Calvo, el presidente de los populares coruñeses y principal responsable del acto, lo recordó al comienzo de su breve intervención: el PPdeG es el de las romerías fraguianas en el Monte do Faro. Y desde hace tres años, en el campo de A Magdalena, en O Pino (La Coruña), donde se dieron cita unos 5.200 simpatizantes de toda la provincia, desplazados en ochenta autobuses y vehículos particulares.

Una romería no es un mitin cualquiera, de esos que el PP también organiza a toque de corneta para exhibir su músculo militante, como los de la plaza de toros de Pontevedra o el pabellón de Riazor en elecciones pasadas. Aquí hay una componente incluso folclórica, con orquesta y churrería, carpa para comer pulpo y carne ao caldeiro, zona recreativa para los niños y barra para el aperitivo antes de los mítines. «Hemos venido a pasarlo bien», proclamó Calvo desde el atril y repitió a las decenas de simpatizantes que le paraban. El varapalo del 28-A ha llevado al PP a conjurarse colectivamente, a apretar las filas, para proceder a una reconstrucción exprés en las municipales.

«Cuando las cosas no salen como uno quiere, hay que volver a los orígenes», recetó Calvo a Casado. El líder nacional recogió el guante. «El partido no solo está vivo, está más fuerte que nunca, aquí hay 5.000 personas que vienen a decir que estamos preparados para ganar las elecciones», exclamó; «a las duras y a las maduras, este partido saca coraje», dijo.

«En una carballeira tenemos que decir que hay que volver a los orígenes —de nuevo el retorno a las esencias—, a la política con mayúscula, la de ayudar a los vecinos, la de la humildad de reconocer que no somos perfectos, que cometemos errores, que tenemos que navegar en época de temporal y que es difícil avanzar, pero tenemos la determinación, el coraje y la ilusión de futuro de siempre», añadió el presidente nacional del PP, camisa, jersey y chaqueta en ristre a pesar de los más de veinte grados que caían a plomo en el descampado. A uno de Palencia no le coge el frío desprevenido, debió pensar.

Honores a Feijóo

Casado rindió honores a Núñez Feijóo, al que definió como «una referencia para todo el partido a nivel nacional, por el gobierno, por las urnas, por cómo está el PP gallego, y representa lo que somos», una formación que «nació de abajo hacia arriba, en las aldeas, con la humildad y el compromiso». El presidente gallego correspondió los piropos, reconociéndole a su jefe de filas su «compromiso con Galicia» y manteniendo la cita de O Pino a pesar del resultado electoral, cuando lo más fácil habría sido excavar un hoyo lo más profundo posible y dejar que pasa-ran los días hasta la siguiente campaña electoral.

Pasó desapercibido para la mayoría de los asistentes, pero a Diego Calvo se le pudo leer entre líneas. «Nuestro referente es el presidente Feijóo, referente para toda España, a pesar de sustituir a Fraga en una situación complicada nos devolvió la ilusión al partido y a los gallegos, y demostró que se puede gobernar con mayorías». Que levante la mano quien no encuentre paralelismos con el desierto en el que acaba de entrar el PP nacional.

El aliento de Feijóo fue a la tropa, a la infantería que siente los colores y que ejerce de maquinaria electoral en unos comicios como los municipales, donde la persona se impone a programas y siglas. «No vamos a dejar de ser un gran partido», les arengó, «no se puede ganar siempre, pero siempre se tiene que tener el compromiso de ganar, y estamos otra vez pensando exclusivamente en la victoria» para lo que «vamos a unirnos para trabajar todos juntos».

Casado, por su parte, hizo suyas las reivindicaciones de Galicia, como «las infraestructuras, el AVE, las ayudas a las electrointensivas, a la industria del motor, apostando por una industria como la madera, que parece que algunos con su falso ecologismo quieren poner en juego miles de empleos».

En un acto así es fácil pasar desapercibido, pero todos los que tenían que estar se dejaron ver. El gobierno gallego estaba representado por las cinco conselleiras de la provincia —Ethel Vázquez, Fabiola García, Rosa Quintana, Ángeles Vázquez y Carmen Pomar—, y los exconselleiros que se reciclaron para el desafío municipal, como el ferrolano José Manuel Rey Varela, el compostelano Agustín Hernández o la coruñesa Bea Mato. Tampoco quiso faltar el exregidor herculino Carlos Negreira, al igual que el resto de candidatos populares a las alcaldías de los concellos de la provincia.