Juan Soto - EL GARABATO DEL TORREÓN

Los Rielo de Pol

Los recordamos con afecto y admiración, y nos reafirmamos una vez más en la opinión de que hay personas que contradicen el principio de Arquímedes: desalojan mucho menos de la que pesan.

Juan Soto
Actualizado:

administrativamente encajada en la comarca de Meira, Pol —leguas y pechos de los Losada— es tierra de periodistas (los Ónega, Castro Gallego), de santos (san José María de Suegos, el mártir decapitado en Vietnam), de picadores de toros (Dositeo Rodríguez, «Gallego», que sale en el Cossío) y de sabios humildes y discretos, como los hermanos Isaac y Nicanor Rielo Carballo. Nicanor nos dejó pronto hará veinte años. Isaac acaba de irse ahora, sin más despedida que un obituario escueto y colado como de tapadillo en el hueco de una página de esquelas. Isaac y Nicanor eran curas.

A Isaac, heraldista y genealogista más que competente, le debemos, sobre todo, su «Cancioneiro da Terra Cha», para el que recopiló más de mil cantigas populares, lo cual pone en cuestión aquello de que «non canta na Cha ninguén», que dejó escrito Manuel María. Esta incursión en el folklorismo se completó después con sus «Cancións galegas», cuyo título se queda corto respecto al contenido, porque esta vez el acopio de Isaac se extendió a refranes, adivinanzas, oraciones y otras expresiones de la cultura popular. Ambos libros podrán ser en su día entregas valiosísimas para ese gran Cancioneiro Galego, cuya confección, aplazada desde hace años, es una de las grandes tareas pendientes de nuestra cultura.

A Nicanor Rielo Carballo le conocimos cuando era capellán en Os Peares, el país nativo del presidente Núñez Feijoo. Siempre le tuvimos por bibliófilo sapientísimo. Si alguien pudiera dudarlo, que se empape de la erudición que encierran los varios centenares de páginas de «El libro lucense», su obra mayor, ampliación, con numerosas aportaciones y datos inéditos, de «La imprenta en Galicia», de Soto Freire, y de aquel antiguo y meritísimo «Catálogo de la primera Exposición del Libro Lucense», confeccionado en 1945.

La curiosidad, la sabiduría y los esfuerzos de Nicanor Rielo no sólo se entregaron a su pasión de bibliófilo. Con Santos San Cristóbal, Elías Valiña y González Reboredo, trabajó en los seis tomos del todavía insuperado «Inventario artístico de Lugo y su provincia», encargado y publicado por el desaparecido Ministerio de Educación y Ciencia.

Recordamos a los hermanos Rielo Carballo con afecto y admiración. Y nos reafirmamos una vez más en la opinión de que hay personas que contradicen el principio de Arquímedes: desalojan mucho menos de la que pesan.

Juan SotoJuan Soto