Uno de los manteros que frecuenta la calle Real de La Coruña, con una pareja que mira la mercancía
Uno de los manteros que frecuenta la calle Real de La Coruña, con una pareja que mira la mercancía - IAGO LÓPEZ
Venta irregular ambulante

Radiografía del top manta en Galicia: «A veces esta calle parece las Ramblas»

Aunque a una distancia considerable de otras comunidades, la venta ambulante de falsificaciones empieza a levantar ampollas en las principales ciudades

SantiagoActualizado:

Diez de la mañana. Calle Real de La Coruña. Los comerciantes levantan la persiana y arranca la jornada. Casi al mismo tiempo, cinco manteros despliegan su producto a las puertas de esas mismas tiendas. Una hora más tarde el tránsito de peatones aumenta y el número de ambulantes sin licencia apostados en la calle, también. En menos de cinco minutos, uno de ellos vende tres pares de zapatillas de deporte, su principal reclamo por detrás de los bolsos. El calzado imita a dos marcas de renombre —Reebok y Nike— aunque el trato con los compradores se ha cerrado por menos de 30 euros. Dos parejas extranjeras y una joven han sido sus primeros clientes. En una tienda próxima, su dueño explica a este diario que él vende las mismas zapatillas (auténticas) por 89 euros. «Y claro, nos roba ventas, porque si yo pongo en mi esparate esas zapatillas falsificadas, en 48 horas tengo a la judicial dentro y me precintan el negocio», se queja.

Esta céntrica arteria comercial se ha convertido en los últimos años en el epicentro del top manta en Galicia. El alto número de personas que recorren la calle a lo largo del día es el principal motivo por el que los manteros la eligen para desplegar sus artículos. También la cantidad de turistas que la transitan. Los comerciantes se lamentan de una competencia desleal que también está empezando a molestar a viandantes y visitantes por las dificultades para transitar entre los productos expuestos en las telas, que invanden ambos lados de la calle. En estas circunstancias, el espacio para pasar queda reducido a apenas dos metros, complicando el paseo a carritos de bebé, bicicletas y sillas eléctricas. «A veces esto parece las Ramblas», comenta una dependienta que recorre la calle a diario y en distintos momentos del día.

«Ni apartan la manta»

Muchos consideran este manteo parte del decorado ya de esta histórica calle, pero otros censuran que la treintena de puestos ambulantes que llega a albergar es «demasiado», por lo que exigen una respuesta contundente por parte del ayuntamiento. «Las patrullas pasan pero no hacen nada. Antes llegaba la policía y los manteros recogían y se iban. Ahora, como mucho, apartan un poco la manta», explica un comerciante de la zona. Esta permisividad también marca la tónica en otras ciudades como Orense, donde los manteros que eligen la céntrica calle del Paseo se diluyen cada vez que aparece una patrulla. «Se trata de una labor disuasoria» reconocen a ABC fuentes policiales, que indican que prácticamente no se llevan a cabo denuncias ni se levantan actas porque «en cuanto nos ven, desaparecen».

En el caso de Lugo, los problemas vinculados con esta actividad ilegal saltaron a la luz coincidiendo con las últimas fiestas patronales de la ciudad y con un descenso en el número de patrullas. «No había agentes para tanto mantero» lamentaron muchos ante las numerosas ventas a pie de calle de falsificaciones de Nike, Adidas y Levis durante el último San Froilán. En Vigo, la ciudad más poblada de Galicia, tampoco existe ningún plan contra el top manta. Sí se realizan en ocasiones «controles para evitar peleas» que llegan a playas como Samil, pero las incidencias no son destacables, según indica la propia Policía. Algo parecido, aunque en menor escala, se repite en otras ciudades como Santiago de Compostela o Ferrol.

Contra la piratería

Una de las empresas más afectadas por esta práctica ilegal es la firma gallega «Bimba y Lola». Los abogados de la marca aseguraron a ABC que siempre que la Guardia Civil o la Policía lleva a cabo una intervención de este tipo de mercancía se ponen en contacto con ellos para realizar lo que se llama un «ofrecimiento de acciones». Así, proponen a la agraviada la posibilidad de personarse contra el infractor. Sin embargo, el alto número de incautaciones dificulta a las firmas más plagiadas enfrentarse a todos los estafadores, por lo que solo pleitean contra «aquellas que tienen una especial relevancia». El camino no es sencillo, porque si deciden emprender acciones legales deben peritar la falsedad de los productos intervenidos, uno por uno. Y es que ante una sospecha por falsificación es la marca agraviada la que debe denunciar ante la Guardia Civil. Ni los comerciantes con los que compite de forma desleal ni un anónimo sirven.

Conscientes de esta situación, los comerciantes de La Coruña (agrupados en la asociación Zona Obelisco) mantuvieron el pasado viernes una reunión en María Pita. Sobre el encuentro, el presidente de la organización, Tonecho Amor, indicó en una charla con este medio que los afectados le expusieron al concello una salida que consideran «equilibrada» y que pasa por mover a los manteros de la calle Real a la explanada del Parrote. «Las quejas de los visitantes y de la gente de La Coruña han aumentado este año. Por eso nos reunimos con el ayuntamiento, para poner sobre la mesa su reubicación. El problema, según nos explicaron los concejales, es encontrar un interlocutor válido, porque ellos no quieren hablar ni siquiera con la policía. De todos modos, el ayuntamiento se ha comprometido a buscar una solución antes de final de año», expone el representante de los comerciantes.

Un problema complejo

A espera de que los ayuntamientos tomen cartas en el asunto, y con la llegada del fin de semana y el buen tiempo, las ventas de imitaciones se dispara en las calles con más tiendas de Galicia. En su gran mayoría se trata de falsificaciones de muy baja calidad que se fabrican en talleres clandestinos de Portugal y de las que las mafias sacan pingües beneficios. «Nosotros no vamos contra ellos —los manteros— porque sabemos que son el último eslabón de la cadena. Las mafias les dan el producto y le dicen lo que tienen que colocar y le dan un porcentaje muy bajo de cada venta. Igual se llevan tres o cuatro euros por cada bolso. Pero si se lo roban, lo tienen que pagar», revela otro de los vendedores afectados por un problema que ya es de primer orden en comunidades como Madrid o Cataluña y del que Galicia tampoco queda al margen.