Castelao dibujó los figurines de la pieza teatral «Os vellos non deben de namorarse»
Castelao dibujó los figurines de la pieza teatral «Os vellos non deben de namorarse» - ABC

¿Quién es el padre de Lela?

La Audiencia de La Coruña ha ordenado la reapertura de la investigación sobre la autoría de la música de la popular canción «Lela», con letra de Castelao. Admite así la querella interpuesta por la hija del maestro Mato, en demanda de los derechos de propiedad intelectual que reclama también otro músico gallego, Miguel de Santiago

LugoActualizado:

Sigue la murga a cuenta de la música de «Lela», esa canción cuya letra intercaló Castelao en el primer acto de «Os vellos non deben namorarse», para ser cantada, con acompañamiento de guitarra, por un coro de boticarios replicantes de Don Saturio. En la acotación correspondiente, Castelao indica que el coro «rompe a cantar a vella cantiga». Resulta extraño que no se haya reparado en esa pauta («a vella cantiga», no «unha vella cantiga»), ya que permite suponer que tal vez Castelao pudiese haber escrito los versos acomodándolos a la cadencia de una determinada «vella cantiga». Recuérdese que Castelao fue cofundador y colaborador activo de la Coral Polifónica de Pontevedra.

La obra se estrenó en Buenos Aires en 1941. Para su estreno en España tuvieron que pasar veinte años.Fue en Compostela, el 25 de julio de 1961, con la praza da Quintana abarrotada. La puesta en escena corrió a cargo de la Agrupación Cantigas e Agarimos, de Santiago, cuyas actividades se centraban fundamentalmente en la música coral gallega, aunque tenía también un grupo teatral, dirigido por Rodolfo López- Veiga, gallego nacido en Cuba, actor radiofónico e infatigable trabajador cultural en el desolador ambiente de los años oscuros. Dos meses y medio después, el 8 de octubre, Domingo das Mozas, la obra fue representada en Lugo.

Fue López-Veiga quien encargó al músico vilalbés Rosendo Mato Hermida, sustituto del maestro Bernardo del Río en la dirección musical de la agrupación, una partitura ajustada a las estrofas de Castelao. Aunque son varias las partes de la obra escritas para ser interpretadas musicalmente (a voz solista, a coro e instrumentalmente) solamente el vals de los boticarios alcanzó éxito popular, gracias al hecho de haber sido incorporado al repertorio de intérpretes de tan conocidos como la fadista Dulce Pontes, el gaiteiro Carlos Núñez o el conjunto Los Sabandeños. También Borja Quizá, el barítono de Ortigueira, suele ofrecerlo como «propina» en sus recitales, sin que ello vaya en menoscabo de programas cuya enjundia la constituyen Mozart, Donizetti o Puccini. No corrieron la misma suerte que «Lela» las otras incrustaciones musicales de «Os vellos»: la marcha fúnebre de la escena VII, la canción que canta O Portugués («O celme que andas buscando»), la muiñeira de pandeiros, o la canción «Él casouse cun vello», que entona un mozo hacia el final de la obra. Para todas estas coplas escribió partituras Rosendo Mato. Otra cosa es que todas se conserven o que todas estén registradas.

Nacido en Vilalba en el seno de una familia de músicos (muchos recordarán la Orquesta Mato) Rosendo Mato vivió casi siempre en Santiago, donde se formó musicalmente y de cuya Banda Municipal formó parte como saxo tenor. Además del coro Cantigas e Agarimos, dirigió durante cerca de veinte años la banda de música de Arca, una de las más antiguas de Galicia. De la plantilla de la banda de Santiago formó parte también, como destacado intérprete de flauta, Miguel de Santiago, quien reclama para sí la autoría de la música de «Lela». Ni entramos ni salimos en la polémica. Que el pleito lo resuelva quien sepa y pueda.

No es la de «Lela» la única música para la que aparecen varios reclamantes de paternidad. Sucede lo mismo con la popularísima copla «Catro vellos mariñeiros», himno oficioso de la ciudad de Viveiro. La canción ha traspasado la fronteras gallegas: forma arte del repertorio de un coro universitario de Estados Unidos.

En realidad, «Catro vellos mariñeiros» es hija de musa anónima y popular. La controversia en la que hace años se enzarzaron los partidarios de sendos aspirantes a la paternidad de la partitura (ambos ya fallecidos) está zanjada. La copla dormía en la retentiva de Rosalía, una simpática anciana de Celeiro (Viveiro) que la guardaba en la memoria de su mocedad. Se la cantó al músico Carlos Adrán Cambón, quien la incorporó a la colección de un futuro «Cancionero popular de la provincia de Lugo», en el que trabajaba por encargo de la Sección Femenina de Falange. La anotó y la armonizó para su coro parroquial. Y a partir de ahí, la canción echó a volar e hizo buenos los versos de don Manuel Machado: «Hasta que el pueblo las canta / las coplas, coplas no son, / y cuando las canta el pueblo, / ya nadie importa el autor».