Juan Soto - El garabato del torreón

¿Hay quién dé menos?

Un vistazo a la docena mal contada de candidaturas proclamadas por la Junta Electoral produce escalofríos. Más que al desánimo inducen al llanto

Juan Soto
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Un lucense curtido en la refriega, de casta liberal desde la Constitución de Cádiz, descreído de todo trasero que no palpe y acostumbrado a los vaticinios certeros, esbozó a plumilla la semblanza de los aspirantes al Congreso de los Diputados por la circunscripción en cuyo censo figura: «Unos son absolutamente desconocidos y otros son demasiado conocidos. O sea, peor, imposible». Es pesimista, el hombre, no hay duda. Pero tal vez no le falte razón. Un vistazo a la docena mal contada de candidaturas proclamadas por la Junta Electoral produce escalofríos. Más que al desánimo inducen al llanto. Y más que reproches provocan un incontenible impulso abstencionista, imposible se superar por la mera apelación al manido sentido de la responsabilidad cívica.

En las dos formaciones de mayor rango, las listas fueron construidas en virtud de necesidad extrema o de emergencias sobrevenidas: en el PP, por deserción y puñalada trapera; en el PSOE, por purga y zancadilla alevosa. Una maravilla, en fin, de solidaridad fraterna, compañerismo desinteresado y servicio a los ideales.

Si la exploración demoscópica no falla, entre esa doble calamidad se repartirán los escaños, a partes iguales. El hambre y las ganas de comer, que se dice para casos de parecido infortunio.

Al rebufo de las dos listas mayores exploran fortuna, con mejor voluntad que propuestas y con más entusiasmo que masa encefálica, la decena del pelotón, por el que tira un Bloque en período de recomposición y andamiaje, y al que siguen, arrastrando los pies como buenamente pueden, la sucursal riveriana, la brigada paracaidista de Vox, un zafarrancho que responde a la jerigonza de En Común Unidas Podemos, lo que queda del recuelo comunista, una convergencia divergente, unas rebajas de lencería y el animalismo sin bozal.

No se precisan excesivos alardes futuristas para suponer que la legislatura que nos puede caer encima a los pobladores de esta circunscripción no decepcionará a nadie. Dará el fruto que se espera del cuarteto que nos corresponde por censo de población: siestas, silencios y corte de mangas. «Ahí te quedas, pueblo imbécil», dijo el cura Merino, el regicida, cuando subía al patíbulo.

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