Dolores Agra todavía tras el mostrador de su negocio en La Coruña - IAGO LÓPEZ
La española que más cotizó: 64 años

«Quería viajar y ver a mis nietos, pero con una paga tan baja no va a llegar»

Dueña de una lencería, esta coruñesa se queja de que su pensión será «muy poca» mientras liquida la mercancía y se despide una clientela siempre fiel

SantiagoActualizado:

Hace semanas que el cartel de «Liquidación por jubilación» ocupa parte del escaparate de la Lencería Marta, una de las más antiguas de La Coruña. Las letras, en llamativos colores, dejan entrever los últimos bañadores que la tendera venderá. Para algunos, saldos de fin de temporada. Para Dolores Agra, la despedida a una vida laboral que empezó cuando ella tenía solo 14 años. «Empecé a trabajar porque en mi casa hacía falta el dinero», cuenta la autónoma que más años ha cotizado —la friolera de 64— entre clienta y clienta. Rodeada de centenares de cajas donde guarda camisones, calcetines, corsetería, medias y batas, Loli, como la llaman, atiende a ABC mientras resta los días para bajar la persiana definitivamente. No siente melancolía al ver cómo el almacén se vacía, aunque sí malestar por la pensión que va a recibir, de apenas mil euros. «Da igual los años que haya cotizado, me va quedar lo mismo, que es muy poco», lamenta.

—Parece que después de tantos años trabajando no le salen las cuentas...

—Pues no. Me enfadé mucho cuando supe lo que iba a cobrar porque tenía planes. Quería hacer algún viaje porque tengo a mis nietos por ahí estudiando, uno en París y otro en Oviedo, pero está claro que no voy a poder hacer muchos excesos.

—Cuando abrió la mercería, a principios de los años 80, nadie hablaba de conciliación. ¿Cómo se las arregló para sacar adelante su negocio y a su familia?

—Tuve una suerte muy grande. Mi madre y mi tía eran jóvenes y vivían en casa conmigo. Ellas me ayudaban con todo. Cuando llegaba de la lencería tenía el plato en la mesa y no me preocupaba de limpiar la casa ni de los niños.

—En lo que no tuvo ayuda fue en poner en marcha una tienda desde cero. ¿Cómo recuerda esos primeros años?

—Fue difícil. Empecé con muy poquito dinero y muy poca mercancía. Lo que más me costó fue que me vendiesen, porque las fábricas no le venden a todo el mundo. Tienes que ganarte su confianza y tienen que conocerte para empezar a funcionar. Eso fue lo más duro.

—Pero poco a poco se fue haciendo con una clientela que le ha sido fiel a lo largo de los años...

—Sí, hay gente que lleva viniendo desde que abrí. En estas tiendas de barrio es muy importante la fidelidad del cliente y que les guste la mercancía. Empezó a venir gente y cada vez más. Ahora me preguntan dónde van a comprar, porque las cosas «baratejas» las hay en todos los grandes almacenes. Yo trabajo mercancía cara, pero que dura mucho tiempo. Lo que pasa es que la gente joven cambia continuamente, pero la mayor quiere que lo que compra le siente bien y que les aguante, y eso también se paga.

—Hace tres años le dieron la Medalla de Plata de Mérito en el Trabajo. ¿Dónde la guarda, en la tienda o en casa?

—En mi casa. Creíamos que era una broma cuando nos llamaron del Ministerio de Trabajo, pero no. Me dio un poco de vergüenza al principio, pero me hizo mucha ilusión.

—¿Qué consejo daría a los emprendedores que ahora dan los primeros pasos en su negocio?

—Que trabajen con artículos de calidad y que nunca engañen a nadie porque se puede engañar una vez, pero dos ya no.

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