Una batea de producción de mejillón ecológico en la ría arousana
Una batea de producción de mejillón ecológico en la ría arousana - MIGUEL MUÑIZ
Consumo

Los productos ecológicos que llegan del mar

Las ventas de la acuicultura sostenible casi se multiplican por cuatro en un lustro

SantiagoActualizado:

Frente a Illa de Arousa, un buceador salta de un bote al agua para sumergirse a unos cinco metros de profundidad. El fondo marino de la zona está cubierto por algas laminarias y lechugas de mar, dos de las especies que, junto al wakame y el espagueti, son de las más preciadas por sus propiedades nutritivas y culinarias. La recolección se hace de manera sostenible. En el caso de la laminaria, por ejemplo, tienen cuidado de no cortar el tallo para que el organismo pueda seguir creciendo. Las algas y, sobre todo, los mejillones son dos de los principales cultivos ecológicos de las rías gallegas. Aunque su producción es todavía minoritaria, en los últimos años ha experimentado un importante incremento. En el último lustro casi multiplica por cuatro su facturación.

Al igual que en tierra, el Consello Regulador de la Agricultura Ecolóxica de Galicia (Craega) es el organismo encargado de certificar que un producto del mar puede contar con el sello que lo identifica como sostenible. Con un volumen de ventas de 16,9 millones de euros en 2018, la acuicultura ecológica supone ya el 21,4% del total de la facturación de los productores con el certificado del Creaga. «Galicia es pionera en producción de mejillón ecológico en Europa. Desde que en 2010 salieron las primeras doce toneladas de la ría de Arousa, el sector no dejó de crecer. El consumidor valora cada vez más lo ecológico, tanto por cuestiones de salud como de respeto al medioambiente», explica Francisco López Valladares, presidente del Creaga.

El 97% de las 208 bateas de mejillón ecológico de Galicia están en la ría de Arousa. El resto, en la ría de Aldán, en Cangas do Morrazo. «Lo ecológico es el futuro, hay que ser competitivos», sostiene Fernando García, presidente de la asociación de mejilloneros de la Illa. Sus 147 bateas están ya certificadas, aunque García reconoce que lo que se «vende por ahora como ecológico es testimonial». Los bateeiros del fondo de la ría, explica el presidente de la asociación de mejilloneros A Rianxeira, Jesús Méndez, decidieron certificar su producción porque creían que había un mercado que podían abastecer. Los clientes llegan, pero poco a poco. «Hay muchos productores que están ya certificados pero que no comercializan en ecológico», explica Juan Carlos Juncal, presidente de la Asociación de Bateeiros San Amaro. Aunque los mejilloneros han saltado al cultivo sostenible, falta que la industria de la conserva y los comercializadores en fresco caminen de su mano. De hecho, más de la mitad de la producción de mejillón ecológico gallego viaja al mercado exterior. Alemania, Reino Unido y Austria son los principales importadores. Las algas también se venden mejor fuera. Antonio Muiños, fundador de Portomuiños, fue uno de los pioneros en Galicia. «Aún falta mucho por educar a la gente en cómo consumirlas o cómo cocinarlas. La gente piensa que el alga está ligada a la cocina japonesa y hoy cada vez más se está rompiendo este molde». Aunque lento, Muiños afirma que el mercado interior también va creciendo.

Recogida sostenible de algas frente a la Illa de Arousa
Recogida sostenible de algas frente a la Illa de Arousa - MIGUEL MUÑIZ

¿Qué lo diferencia?

En la agricultura, el sello del Craega garantiza que los cultivos están libres de pesticidas, químicos o transgénicos. Pero en el mar ya no se emplean estos productos en la acuicultura. La certificación como ecológico tiene más que ver con un modo de hacer las cosas que se centra en el respeto por el medioambiente. «En Galicia prácticamente el 90% del mejillón podría ser certificable», explica Juan Carlos Juncal. «En lo que se diferencia es en el control de calidad que tenemos que hacer al producto desde su siembra y recogida hasta su comercialización», indica. «Tenemos una limitación de cantidad por batea un poco más severa, unos planes de tratamiento de residuos, un plan de eficiencia ecológica todos los años, mejorar los vertidos, los tratamientos que se la da al producto», explica. Entre las medidas que se están poniendo en práctica figuran la de aplicar a las bateas pintura ecológica y no alquitrán como hasta hace poco. También la de sustituir los grandes recipientes de plástico con agua para bajar la línea de flotación de la batea por piedras. «Muchos se pierden y acaban contaminando el mar», recalca Jesús Sande. El Craega se encarga de controlar de principio a fin todas las etapas que atraviesa el alimento, desde las bateas, a las depuradoras, los cocederos o las industrias elaboradoras. Además, todos los animales deben de ser especies locales con procedencia acreditada.

Pero uno de los principales requisitos es el de la calidad de las aguas. Por exigencias de la UE, el Instituto Tecnológico para el Control del Medio Marino, Intecmar, toma muestras periódicas en las rías. Con ellas se determinan los niveles de contaminación, sobre todo de la bacteria E. coli, que llega al mar por una deficiente depuración de las aguas residuales de los hogares. Según estén más o menos limpias, las zonas de marisqueo se clasifican como A, B o C. Sólo las dos primeras son válidas para el cultivo ecológico y sólo los mariscos que se cultivan en zona A pueden evitar pasar por la depuradora. «Es muy importante que la calidad del agua mejore. Cuando empezamos, teníamos siete bateas en zona A, hoy solo quedan tres, el resto cambió a zona B», lamenta Juan Carlos Juncal, presidente de la Asociación de Bateeiros San Amaro.