José Manuel EStévez-Sáa y José Julio Fernández, tras el coloquio con ABC
José Manuel EStévez-Sáa y José Julio Fernández, tras el coloquio con ABC - MUÑIZ
ENCUENTRO CON EXPERTOS EN YIHADISMO

«De producirse un atentado en Galicia, sería por la acción de un lobo solitario»

En una charla con ABC, los especialistas desvelan que «aquí también se reparten panfletos sobre cómo viajar a Siria»

Descartan que la Catedral sea un objetivo prioritario para Daesh, por considerarlo un escenario periférico

SantiagoActualizado:

Los atentados que el pasado 13 de noviembre segaron la vida de 130 personas en París recordaron a toda Europa que la amenaza yihadista es tan real como despiadada. La masacre firmada por Daesh obligó a extremar de manera inmediata los niveles de alerta en todos los países del entorno, incluida España. Galicia no es una excepción, pese a que la población musulmana en la Comunidad suma poco más de 17.000 personas. José Julio Fernández, director del Centro de Estudios de Seguridad, y José Manuel Estévez-Saá, analista de Política Internacional —ambos especialistas en la problemática yihadista— se reúnen con ABC para esbozar cómo afecta esta amenaza a la sociedad gallega.

—¿Se puede hablar de un riesgo objetivo en la Comunidad gallega?

—José Julio Fernández: Yo diría que en comparación con otras zonas simbólicas de Europa en Galicia tenemos un riesgo medio, por dos razones. Por un lado hay alerta porque hay un símbolo importantísimo que es la Catedral, que es un dato objetivo de riesgo medio per se. Por otro lado, está la variable geoestratégica. Galicia está lejos y hay menos población inmigrante magrebí y argelina y, por lo tanto, el reclutamiento de radicales es mucho más difícil porque hay menos base de la que partir.

—José Manuel Estévez-Saá: Yo no considero que la Catedral sea un objetivo contra el que atentar de manera directa porque ellos nos consideran un objetivo periférico. Incluso acudiendo a la historia, hay otros contextos más fáciles de reivindicar. En el caso gallego, es en lugares específicos como Melide, Negreira o Arteixo donde se aglutinan el mayor número de musulmanes, pero están bien integrados. Son comunidades controladas entre ellos mismos porque todos se conocen. Muchos llegaron en los años 90 y ahora están con las segundas generaciones. Conocen a la sociedad y la sociedad los conoce a ellos. Aquí sería más fácil que viniese una célula yihadista de otro contexto de España a atentar, que que se pudiese organizar algo desde dentro. También es cierto que la estrategia del Daesh ha variado, pero en caso de acontecer algo en Galicia surgiría, desde mi punto de vista, por iniciativa del denominado «lobo solitario». Es una figura relativamente fácil de detectar a poco que uno preste atención y sobre todo si se cuenta con la colaboración de la comunidad musulmana. Suelen ser personas bastante introvertidas, con un cierto carácter y que no dudan en mostrarse a través de la redes sociales más abiertas.

«Yo no considero que la Catedral sea un objetivo contra el que atentar de manera directa»«Hay dos vías de captación: la pobreza y la tecnología. Aquí sí hay un permanente riesgo de captación por la segunda de ellas»

—J.J. Estoy de acuerdo con ese análisis. El Daesh ha cambiado su táctica y ahora busca comandos estables a los que da órdenes, lo que denota una cualificación operativa nueva. Yo creo que en Galicia es muy improbable a día de hoy y con los datos que tenemos que envíen un comando a actuar, pero no es descartable que exista ese «lobo solitario». La ventaja que tenemos es que la comunidad islámica en Galicia y sus miembros son conocidos, por lo que yo creo que es más fácil detectar un proceso de radicalización en ellos.

—Hablamos de segundas y terceras generaciones, precisamente las que actuaron en París. ¿En Galicia hay riesgo de que estos jóvenes, porque no acaben de sentirse integrados o porque reciban a través de las redes sociales un mensaje más violento, puedan llegar a radicalizarse?

—J.J. Yo creo que hay dos vías de captación: la pobreza y la tecnología digital apoyada a veces en lo que se llaman las mezquitas de garaje, es decir, el convencimiento a través de radicales que están escondidos en lugares de culto oficiosos. Son dos estrategias diferentes. En Galicia, la de las personas excluidas no existe porque no hay reducto de exclusión. Pero sí hay permanente riesgo del otro tipo de captación, a través de algún formador que viene radicalizado y que no se detecta, o a través de las nuevas tecnologías, que son un escenario abierto y de momento no controlado.

—En este punto, el papel de los imanes y sus palabras son fundamentales. Son ellos quienes hablan a su comunidad...

—J.M. Sí. Es importante que los imanes se cuiden muy mucho al usar el lenguaje. Durante años hubo una enseñanza reglada sobre cómo impartir estas enseñanzas. Ahora no la hay y por lo tanto los imanes deben ser muy cautos a la hora de dar mensajes que no tengan un doble sentido ni malas interpretaciones, del tipo de «cómo están sufriendo las víctimas del terrorismo en Europa y cómo están sufriendo nuestros hermanos en Siria». Estas palabras pueden dar lugar a que alguien que no tenga un aparato crítico desarrollado pueda malinterpretarlas y pensar que es lo mismo una cosa que la otra.

—En Galicia hay 22 mezquitas repartidas por las cuatro provincias. ¿Pueden ser los entornos que las rodean lugares de riesgo potencial?

—J.M. Aquí, como decíamos, es importante que los mensajes de los imanes sean muy claros y nada dubitativos. Y es cierto que todos los que colaboran en el culto islámico deben estar muy atentos a todo lo que rodea a esos centros de recogimiento. Todo lo que hay por las calles, asociaciones, tiendas, locutorios, venta de productos específicos... hay que tener mucho cuidado, de tal manera que no se aprovechen esas aglomeraciones para filtrar cuestiones, idearios, panfletos que pueden versar sobre cuestiones relativas a Siria, a Irak, a cómo viajar o a cómo contactar, que los hay. Ahí puede haber un cierto peligro que obliga a que la sociedad esté muy atenta no solo a lo que se hace dentro de los propios oratorios, sino en el contexto que rodea a las comunidades islámicas.

—J.J. Yo en esta línea, y lo digo con toda franqueza, echo en falta más claridad en las declaraciones de estos días de los responsables de las comunidades islámicas. Han condenado los atentados de París, pero yo creo que hace falta más transparencia. Es el momento de que la declaración de los imanes no dé pie a ninguna interpretación secundaria. Ahí no han sido del todo leales en el sentido democrático, verdaderamente. Sobre todo teniendo en cuenta que las características de la religión musulmana hace que los imanes sean los que formen a los musulmanes, no hay otra opción. Y la cosa en España es un poco oscura, porque la religión musulmana no tiene una enseñanza reglada. Podía ser un avance ofrecer un diploma público en enseñanza islámica, para ofrecer alternativas a esos imanes escondidos.

—¿Es necesario, por lo tanto, que las mezquitas también se abran y que estas comunidades dejen a un lado el hermetismo?

—J.J. Una enseñanza reglada cambia la lógica, y del oscurantismo pasamos a saber lo que hay. No podemos hacer dejación de nuestra función de sentimiento constitucional y el poder público debería controlar los mínimos de la formación.

—J.M. Yo pediría homogeneidad, algo aprehensible, que sea fácil de transmitir. El cristianismo está ahí, los contextos litúrgicos están abiertos a todo el mundo. Sin embargo, en la comunidad musulmana no existe esa posibilidad. Eso nos lleva a problemas en prevenir las derivas radicales. Es la cuestión de la integración, no de la asimilación. Yo lo entiendo como una capacidad de adaptación mutua. Se podría hacer iniciativas dedicadas a ello, de aproximación.

—J.J. «La luz del sol es el mejor desinfectante», decía un jurista americano. Y eso es plenamente aplicable aquí.

«Treinta de cada cien personas tiene una predisposición a vulnerar la regla. No podemos mirar hacia otro lado»

—Consideran que en este escenario, con todas las reacciones que está habiendo a los atentados, ¿la población musulmana de Galicia puede sentirse señalada, e incluso estigmatizada?

—J.M. No le quepa la menor duda de que ellos son los primeros que sufren un estado de ansiedad muy grande porque se saben observados, y la idea de verse metidos en el mismo saco que el fundamentalismo les llena de pavor y les genera un gran inseguridad porque son prejuzgados. Por eso digo que ellos tienen que demostrar que eso no es cierto y que son los primeros que tienen más fácil acceso a todos los puntos de radicalización y de las personas que tienen esa tendencia, que claro que las hay. La sociología apunta a que 30 de cada 100 personas tiene una predisposición a vulnerar la regla, no podemos mirar hacia otro lado y asumir que todos los musulmanes asentados en Galicia son unos angelitos. Eso sería absurdo teniendo en cuenta además que existen una serie de estímulos muy claros y una serie de noticias de impacto mediático que afectan a quienes están más desarraigados o sienten de una forma más dura las desigualdades.

—Son los ingredientes de un caldo de cultivo peligroso...

—J.J. Claro que sí. Es que realmente los principales perjudicados son los propios musulmanes, que son reprimidos por los más radicales y tiene que sufrir una presión social producto de las acciones de estos extremistas.

—Esto puede llevar a que la sociedad los mire con recelo, quizás por simple desconocimiento.

—J.J. Sí, por eso los poderes públicos tiene que hacer educación en valores, fortaleciendo la convivencia, la tolerancia. Eso es parte del papel que les corresponde.

—J.M. Y cuidado. No estamos diciendo que no estén capacitados para hacer lo que hacen. Lo que decimos es que sea más fácil tener acceso a la manera en que interpretan el Corán.

—En el caso de Galicia hay unos 200 agentes dedicados a la lucha antiterrorista, preparados para controlar los ambientes de más riesgo. Es un despliegue de medios importante.

—J.J. La ciudadanía tiene que saber que estos altos niveles de seguridad son muy costosos. Solo con una seguridad adecuada podemos ejercer nuestras libertades, pero los presupuestos no son ilimitados. Si dedicamos recursos a seguridad y tácticas policiales, habrá que detraer este dinero de otros lugares y yo creo que la sociedad española tiene que ir concienciándose como lo han hecho otras europeas. Y aquí en Galicia es verdad que hay una cantidad importante de agentes dedicados a este trabajo, y eso cuesta dinero. Yo quería subrayar esa idea. La seguridad cuesta dinero.

«Para que un policía pueda integrarse necesita hasta siete años de preparación. La seguridad cuesta dinero»

—J.M. Le ponemos dos ejemplos, para que un policía se pueda infiltrar en un entorno se requieren hasta 7 años de preparación porque hay que estudiar la lengua, la tradición, los contextos, hay que empaparse. Es tiempo y dinero. Además, para hacer un seguimiento efectivo a una persona se necesitan entre 7 y 8 agentes especializados por turnos. El seguimiento y el control de llamadas y accesos de redes sociales de inteligencia es dificultoso. Dicho esto, en Galicia tenemos grandes profesionales y gente muy buena en la brigada de información en colaboración con las de extranjería, junto con las especializadas en nuevas tecnologías. La inteligencia funciona porque tenemos ese bagaje y ese pasado reciente de ETA o de Resistencia Galega, que hace que estemos ojo avizor constantemente.

—J.J. Realmente en España y en Galicia, por desgracia por el pasado que hemos tenido, los métodos de investigación policial son muy buenos y eficaces. Lo que yo criticaría no está aquí sino en el plano europeo, donde falta coordinación entre las agencias de inteligencia. No hay canales estables y regulares de comunicación pese a que llevamos años reclamando una agencia europea de inteligencia y el suceso de París evidencia ciertos problemas de información.