Muestra Tempvs Barbaricvm en la Facultad de Historia organizada junto al Congreso sobre Prisiciliano
Muestra Tempvs Barbaricvm en la Facultad de Historia organizada junto al Congreso sobre Prisiciliano - MIGUEL MUÑIZ
CULTURA

Prisciliano revive en Compostela

La capital gallega ha acogido un congreso en el que más de 30 expertos llegados desde España, Italia, Alemania y Francia han analizado la vida de este obispo del siglo IV, considerado uno de los personajes más controvertidos de la historia

SantiagoActualizado:

Hay que dice que fue un precursor del feminismo, otros lo sitúan como uno de los primeros ecologistas y para muchos es incluso un mártir del nacionalismo gallego. De lo que no tienen duda los expertos es de que las especulaciones en torno a Prisciliano, el obispo decapitado en el siglo IV acusado de brujería, lo han convertido en uno de los personajes más controvertidos de la historia. Para intentar arrojar luz sobre su figura, un congreso organizado por el Consello da Cultura Galega ha reunido esta semana en Santiago a más de 32 expertos llegados de España, Italia, Alemania y Francia, que además de profundizar en el conocimiento de Prisciliano han compartido referencias sobre el contexto social de la Gallaecia tardorromana, en la que se asentó la doctrina «priscilianista».

«Yo intentaría despojarlo de intentos que no ayudan a comprender su figura. Hay que entenderlo en el contexto del siglo IV, como una personalidad noble con una educación muy esmerada; básicamente un asceta», resume en conversación con este diario el profesor y coordinador del congreso, Pedro López Barja, que rechaza muchas de las interpretaciones que se han hecho a partir del siglo XX sobre el personaje de Prisciliano. López Barja explica que el obispo se vio envuelto en conflictos políticos por instar a la iglesia a abandonar la opulencia y por reflexionar sobre la relación entre las clases altas y la riqueza. Fue así como se ganó la enemistad del usurpador Magno Clemente Máximo, que ordenó su ejecución.

«Fue la primera persona condenada a muerte como consecuencia de un debate religioso. Antes a los obispos que eran acusados de herejía se les condenaba al exilio, no a una pena de muerte. Pero el usurpador Máximo quiso dar muestras de su contundencia en defensa de la ortodoxia», relata el coordinador de las jornadas. Tras su ejecución, su doctrina se extendió rápidamente entre los obispos de la Gallaecia tardorromana. Sin embargo, es en el siglo XX cuando su figura comenzó a ser reinterpretada por, entre otros, algunas de las figuras más relevantes del nacionalismo gallego como Castelao o Ramón Otero Pedrayo, que vieron en Prisciliano el mejor representante de una «iglesia separadora, propia y específicamente gallega». Con todo, los expertos rechazan situar al obispo en estas coordenadas. «Es muy difícil asociarlo con una clase de nacionalismo gallego que ni existía ni podía existir de ninguna de las maneras, estamos hablando del siglo IV, el concepto nación es muy posterior y no tiene relación de ningún tipo», matiza el profesor Pedro López Barja.

La mitología en torno a Prisciliano llega incluso a afirmar que sus restos fueron trasladados a la Catedral de Santiago. Un extremo que también rechazan los estudiosos sobre su figura, que aunque aseguran que sí fue trasladado a Hispania tras su decapitación, matizan que en aquella época Compostela era una mera vía romana sin apenas relevancia, un lugar «impropio» para enterrar a una figura de relevancia, que sus seguidores consideraban un mártir y un santo.

Gallaecia tardorromana

Los textos que abordan la trayectoria del obispo y el arraigo del «priscilianismo» en la Gallaecia tardorromana, junto a los distintos análisis de expertos arqueológicos, permiten además discernir algunos de los detalles de la sociedad de la época en este territorio, un aspecto que también ha sido analizado en detalle por los asistentes al congreso. Así, el profesor José Carlos Sánchez Pardo determina en declaraciones a este diario que, en base a los datos aportados, la Gallaecia de los siglos IV y V vivía un momento «de especial dinamismo» en comparación con otras zonas próximas.

«Todos los indicios arqueológicos nos llevan a pensar que, en lugar de ser una época de decadencia fruto del final del Imperio Romano, esta parte de la península vivía más bien un momento de transformación», concluye el docente. Muestra de ello, señala Sánchez Pardo, son los datos de los que disponen los expertos sobre la existencia de villas tardorromanas en la zona, los indicios de iglesias y necrópolis o incluso los «análisis de forestación a través del polen», que muestran como en esa época se empezaban a abrir espacios en el bosque destinados al cultivo