Vista del Pórtico de la Gloria
Vista del Pórtico de la Gloria - EFE
Máxima expectación

La primera semana del nuevo Pórtico: encapsulado y con 400 visitas diarias

La reapertura del nártex colgó el cartel de «no hay entradas», pese a que las visitas ya no son de carácter gratuito

Ni fotos, ni vídeos y con grupos cerrados de 25 personas en un retablo blindado ante la «suciedad» del resto de obras

Santiago Actualizado: Guardar
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Tiene casi diez siglos y siempre ha estado a la vista, pero nunca antes había despertado tanto interés como desde su restauración. Porque a las más de 80.000 personas que este verano hicieron colas de hasta cuatro horas para visitar un Pórtico de la Gloria que volvió al origen de su policromía, hay que sumar ahora las más de 400 diarias que, desde su reapertura al público la pasada semana, se han detenido ante la obra cumbre del Mestre Mateo. El interés suscitado obligó a colgar el cartel de no hay entradas desde principios de semana y agotó también todos los pases gratuitos, unos 50, que la basílica pone a disposición de estudiantes y Amigos de la Catedral. En uno de los primeros grupos que se adentraron en las entrañas del nuevo Pórtico, marcado por un colorido que llevaba siglos escondido, se dan cita vecinos y turistas que han estirado al máximo sus vacaciones en Galicia y que quieren aprovechar la oportunidad de contemplar de primera mano algo «de lo que hemos oído hablar mucho». ABC comparte con ellos la experiencia.

Los secretos tras la piedra

En grupos de 25 personas que salen cada media hora del Pazo de Xelmírez, los participantes de estas rutas guiadas para las que es preciso comprar con antelación una entrada con un precio medio de 10 euros, van pasando al recinto encapsulado que guarda los secretos del Pórtico tras una breve introducción que corre de mano de unos guías siempre abiertos a preguntas. Una de las más frecuentes, sorprendentemente, es qué figura representa a San Juan Bautista. Una vez ante el retablo, los visitantes cuentan con unos segundos para digerir el resultado de una década de trabajos de limpieza antes de escuchar una explicación que trata de abarcar, en los pocos minutos con los que cuenta cada grupo, el sentido y la complejidad de una obra esencial. Del Antiguo al Nuevo Testamento, los ojos de quienes observan el Pórtico por vez primera se detienen en los ángeles que decoran las columnas y también en la cara del hombre que diseñó cada forma y que quiso permanecer por los siglos de los siglos retratado en la piedra, quizás como muestra de su «vanidad».

De izquierda a derecha y de abajo arriba, la historia que se oculta detrás de la simbología del Pórtico fluye entre las preguntas de los primeros en contemplar el retablo en esta nueva etapa. Algunas escenas llaman espacialmente la atención, como las de los pecados capitales como la gula, que amenazan la verticalidad del Pórtico, o la del propio demonio, protagonista del espacio que Mateo dedicó al infierno en su obra. «El infierno figura, pero se reduce a medio arco porque el Pórtico trata de dar otra visión de la religión más positiva, más optimista. Trata de decir a los creyentes que este es el cielo que los espera, con músicos y luminosidad», explica la guía ante las dudas de los presentes. Esta nueva visión de la religiosidad, que coincidió con el terror a la llegada del nuevo milenio, también queda patente en la amabilidad de los más de 275 rostros que el Pórtico representa.

Durante la explicación, que obliga al grupo a moverse en torno al retablo para no perderse ninguno de sus detalles, las consultas sobre el colorido se acumulan. La guía empieza por aclarar que el Pórtico «no ha sido repintado de nuevo», ante la confusión de algunos de los participantes. Solo se han restaurado los pigmentos que ya estaban y que la humedad, los hongos y el paso del tiempo habían borrado. Conectando el devenir del Pórtico con la historia de la propia Catedral, la cicerone revela que como templo de peregrinaciones la basílica mantuvo las puertas abiertas desde su apertura. Día y noche. Lloviese o calentase el sol. Invierno y verano. Unas condiciones que afectaron directamente a las tallas de Mateo, que durante siglos soportaron el envite de la lluvia y el poder erosionador del sol.

Una basílica siempre abierta

Fue en el siglo XVI cuando la Catedral empieza a cerrar su entrada central, pero solo por la noche. Esta dilatada exposición a todo tipo de condiciones climáticas, sumadas a las continuas llegadas de peregrinos y a humedades procedentes de distintos elementos del templo —entre ellas se cree que incluso una grieta causada por el terremoto de Lisboa de 1755— hicieron necesarias hasta tres restauraciones que la guía explica a través de los cambios de color y de moda.

Porque el Pórtico, como casi todo, tampoco fue ajeno a una modas de vestimenta que primaban los pespuntes dorados sobre telas verdes, último color introducido en la obra de Mateo en la restauración del siglo XVI. Antes, pigmentos llegados de tierras tan lejanas como Afganistán pusieron la nota de humanidad a un retablo que hoy revive ante los ojos curiosos del espectador. Cerca de 50.000 horas de restauración y la tecnología más novedosa permitieron devolver a la obra de Mateo parte del esplendor perdido. Una parte importante será irrecuperable, pero la que ha revivido «debe conservarse por todos los medios». Este celo con el resultado logrado explica que la Catedral haya cerrado herméticamente con una valla de madera el recinto que ocupa el Pórtico del resto de la basílica, en la que se están acometiendo obras de reforma de cara a la llegada del próximo Xacobeo.

El objetivo es que ese polvo en suspensión y la suciedad no afecten al retablo, por lo que los primeros visitantes se han topado con un llamativo encapsulado que se mantendrá, al menos, durante un año. En general, el cierre no molesta a unos visitantes que llegan a pensar que incluso propicia un ambiente de mayor concentración a la hora de disfrutar de los detalles del Pórtico, pero algunas voces como la del profesor de Historia Contemporánea de la Universidad de Santiago, Lourenzo Fernández Prieto, llamaron la atención sobre el «atentado al patrimonio» que la medida supone, lo que acabó sirviendo la polémica.

Tras una jornada de descanso, la del Día de Reyes, el nuevo Pórtico se reabre hoy al público con todas las entradas ya vendidas, aunque todavía hay huecos disponibles para algunos días de la semana. Sobre el tipo de reservas, los guías explican que los interesados suelen adquirir las entradas «con uno o dos días de antelación, no mucho más», por lo que pese al interés suscitado no es difícil hacerse con uno de los accesos a un paseo por el cielo pétreo que Mateo soñó y recreó.