Mercado de Tomiño, tras la remodelación
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Las plazas de abastos encaran el reto de adaptarse a las nuevas tendencias

Los mercados de siempre comienzan a ofrecer servicios de gastronomía y a profesionalizar su gestión. Monforte, Tomiño, Bueu o Bande abren camino

SantiagoActualizado:

Las 105 plazas de abasto gallegas mantienen, en general, un buen nivel de ocupación y ventas. Los datos de la Dirección Xeral de Comercio hablan de un 76,5% de puestos activos (2.773) y empleo para 6.000 personas. Sin embargo, están lejos de las tendencias que rigen en los mercados europeos; sus instalaciones —con una edad media de 62 años— se han quedado en muchos casos anticuadas; disponen de un horario muy limitado, y no logran enganchar a clientes jóvenes que garanticen su futuro. La Xunta aspira a que la situación cambie a lo largo del próximo lustro. Por ello acaba de aprobar un «Plan de Mercados Excelentes» con una inversión de 20 millones de euros que busca aprovechar el potencial de estos recintos de cercanía y con producto de calidad.

El mercado ideal aspira a incorporar espacios de degustación y gastronomía, lo que no significa convertir estos recintos «enxebres» en espacios enfocados principalmente al turista como el Mercado de San Miguel de Madrid o la Boquería de Barcelona. «Cada mercado tiene que buscar su público y su posicionamiento. Podemos buscar mercados orientados al producto ecológico, local...», explica en conversación con ABC Sol Vázquez, titular de Comercio del Gobierno autonómico. Comparte la misma opinión Chao Quintana, gerente del mercado de Tomiño, que a finales de 2014 afrontó con éxito este desafío: «Cada plaza tiene que encontrar su propio camino aunque haya ideas y conceptos comunes que funcionan».

En su itinerario hay varios requisitos imprescindibles: uniformar la vestimenta de los placeros, modernizar su imagen corporativa, una limpieza, presentación y etiquetado adecuados, servicios como compra por internet, personal shopper con reparto a domicilio, página web, wifi, aceptación de diversos métodos de pago... También la creación de consignas, algunas habilitadas para mantener refrigerada la compra, y dar cabida a gran diversidad de actividades. «Tenemos un reto porque los mercados son tendencia en todo el continente y se están adaptando a nuevos hábitos de consumo e incorporando espacios de gastronomía. Son un escaparate de producto y ahí Galicia tiene mucho que decir. Hay plazas fantásticas y otras en proceso de mejora a la que tenemos que darles un impulso para que así atraigan a nuevos clientes jóvenes y a turistas», señala Vázquez.

Un 30% más de ventas

Piensa en aprovechar las plantas superiores —antiguamente destinadas a almacenar mercancías— y convertidas hoy en trasteros; en ofrecer la posibilidad de cocinar la carne o el pescado in situ después de adquirirlo o en preparar las verduras para regresar a casa con ellas en conserva o troceadas para ensalada. También en perfeccionar la gestión de estos negocios, «los coworking más antiguos que existen», apunta Vázquez, quien matiza el carácter «voluntario» de este plan, al que se destinan cuatro millones por año para incentivar sumarse a este carro.

Varias de esas ideas están ya en marcha en Tomiño y el balance que Quintana realiza es muy satisfactorio: «Los placeros que han continuado tras la reforma estiman que sus ventas han aumentado un 30 por ciento. El perfil del cliente se ha ampliado: eran jubilados que acudían al mercado por militancia, por relación con los vendedores. Empezó a entrar público joven, matrimonios con hijos preocupados por la comida y la salud, personas con un nivel adquisitivo medio-alto. Y la gente mayor sigue. La plaza pasó de abrir solo por la mañana a abrir de lunes a sábado también por la tarde». El proceso no ha sido fácil: exigió más de un año de conversaciones «antes de mover un solo ladrillo». «El cambio nos costó. Había mucha desmoralización, sensación de no saber hacia dónde ir, ver que la plaza se deterioraba... Pero los placeros han hecho un gran esfuerzo en inversión y formación», detalla Quintana. Celebra que se hayan incorporado varios emprendedores y que en dos casos se produjera un relevo generacional de padres a hijos en el negocio cuando el cierre parecía el único destino.

En su caso, tuvieron en cuenta que «el Baixo Miño es la huerta de Galicia y la cercanía del puerto de A Guarda» para apostar por darles prioridad en la parte central del mercado. Además, cada puesto se diseñó específicamente para un tipo de negocio al que los nuevos placeros deben adaptarse. Quintana forma parte de una empresa dedicada a la reforma de espacios comerciales, sobre todo de mercados. Tras diseñar el de Tomiño, el Concello —titular de la plaza— le confió un contrato de gestión, pero su firma (Rural Consulting, del grupo Ágora) ya había trabajado con ideas distintas en Monforte de Lemos, donde una nave despacha frescos, otra se dedica a la gastronomía y en la tercera se organizan citas temáticas cada fin de semana. En Bueu crearon un espacio para cocina en vivo en una taberna ambientada con vistas al puerto. Ahora, asume los retos del mercado de Bande, ubicado a la entrada de un parque natural, y de Mondariz, donde se prevé incluso una sala de exposiciones.

«La idea es que la gente vaya al mercado a estar, no solo a comprar. Que sea un punto de encuentro», resume Quintana. Vázquez, que en esta legislatura ha recorrido numerosos mercados y presenta un plan consensuado, es optimista: «Hay muchas ganas de mejorar. Esperamos que muchos alcancen el reconocimiento de mercados excelentes». Recintos como el de Santiago —donde el Concello rechaza dedicar una nave a gastronomía—, el renovado mercado Progreso de Vigo o la Plaza de Lugo de La Coruña podrían ser los primeros.