pesadilla, navidad
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Pesadilla en Navidad

PACHU M. TORRES
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Como un vástago salido de sus propios relatos de terror, llega a las librerías gallegas el conjunto de cuentos completos de Edgar Allan Poe. En una época en la que se vuelve a consumir masivamente la literatura breve, nuestros editores a los que les va bien la adaptación de clásicos foráneos a nuestra lengua (sirva de ejemplo esta colección de Galaxia que publica clásicos universales) nos regalan para estas fechas navideñas una adaptación al gallego de este clásico del terror y el misterio.

Edgar allan Poe (Boston, 1809-1849) es considerado el padre de lo macabro, enmarcado en una tradición literaria donde fue ejemplo y modelo de esa generación artística en la que los autores eran sombras decadentes y malditas que tenían voluntades sobrenaturales y metafísicas. Baudelaire, Rimbaud o Mallarmé sentían auténtica devoción por los cuentos del norteamericano, extendiendo este culto a toda Europa. Culto por un narrador pobre y alcohólico, que vivía en una realidad onírica para evadirse de una vida innoble, patética. Unido a su gusto por la fantasía, el Romanticismo como movimiento artístico favoreció el auge del relato corto. El gusto del público de la época por estas narraciones permitió a Poe entrar en diversas revistas publicando sus creaciones y otorgándole al abanico interno de características del cuento el elemento maravilloso, siendo éste a día de hoy soporte fundamental del cuento.

TEORÍA ARTÍSTICA. A su vez, el autor (como se rastrea en los textos que nos presenta la editorial Galaxia) se interesa por las motivaciones de los personajes más que por el propio suceso que se narra. Esta revolución narrativa del XIX permitió a Poe redefinir el relato con su teoría artística que se basa en la economía del lenguaje: excluye todo aquello que sea material secundario dentro de la historia. Para no perder la perspectiva, asume un control estricto del punto de vista y presenta los hechos a través de una elaborada estructuración textual. Se permite todo tipo de licencias (manipulando al escenario, los personajes y los diálogos) para crear inexorablemente en el lector el estado de ánimo propicio: el miedo.

La obra de Edgar Allan Poe recogida en estos volúmenes resume diversas y contradictorias tendencias, destacando como leitmotiv habitual el del terror y misterio. Diría Freud tiempo después de la muerte de Poe que lo siniestro «es aquella suerte de sensación de espanto que se adhiere a las cosas conocidas y familiares desde tiempo atrás». Esto nos devuelve a una de las constantes que el lector reconocerá en estos cuentos del norteamericano, como por ejemplo en «O gato negro». Pero el análisis del psicoanalista a lo que nos produce sensación de miedo y desasosiego continúa e, inexorablemente, remite al grueso de la obra narrativa breve de Poe, destacando como elementos de terror las imágenes de descuartizamientos, los entierros prematuros, la reanimación de muertos («A caída da casa Usher»), la venganza, la propia culpa («William Wilson»), la influencia de los psicotrópicos («A caída da casa Usher»), y sobre todos ellos tanto el tema de la sombra como el del desdoblamiento (o doppelgänger como se conoce en psiquiatría), que tienen que ver con el miedo a la disolución del yo. De manera más o menos consciente, Poe refirió este tema en sus cuentos repetidamente (otros autores como Hoffman, Dostoyevski, Maupassant, Wilde o Andersen también plasmaron esta angustia en sus cuentos y narraciones), donde la identidad en peligro viene representada por el enfrentamiento al doble o a la pérdida de la sombra. En «William Wilson» se plantea además el punto crítico de esta temática del doppelgänger: ¿Y si fuéramos nosotros la réplica sin voluntad? El miedo se da cuando desaparece la frontera entre lo real y lo fantástico, cuando nos enfrentamos a lo desconocido. Cuando el horror tiene nombre es más fácil de digerir, en cambio si se desconoce el motivo, el lector se encuentra indefenso, absorbido por el infinito terrorífico. Esta es la tecla que tocó Poe y que creó escuela dentro del género, siendo imitado posteriormente por una nómina de autores entre los que se encuentran H. P. Lovecraft, Horacio Quiroga, Roberto Arlt, Borges o Cortázar. Este último señala como otra de las grandes características del estilo literario del autor su sátira, considerándolo precursor del absurdo. En cuentos como «Bon-Bon», «Perda de alento», «O rei peste» o «Os anteollos» se destila una fina sátira que deriva en desprecio hacia la humanidad, volviendo a su gusto por lo macabro. lo grotesco.