Luís Ojea - Cuaderno de Viaje

Un partido sin líder

Un liderazgo clandestino concluye siempre en fracaso. Hoy por hoy Caballero es más un lastre que un activo para el PSdeG

Luís Ojea
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Uno de los problemas más graves del socialismo gallego es que carece de líder. Sí, la incompetencia demostrada por el gobierno de Pedro Sánchez es un lastre para los candidatos de ese partido. Sí, esa organización carece de un relato mínimamente solvente en Galicia. Y sí, esa formación pierde mucha energía, y el tiempo de los demás, en sus absurdos enredos internos. Pero siendo todo ello cierto, y grave, el peor de los problemas para el PSdeG es el rol que ha decidido jugar su presunto secretario general. Presunto porque Gonzalo Caballero, año y medio después de haber asumido el cargo, todavía no ha se puesto al timón de esa nave que navega a la deriva, como ha quedado demostrado de nuevo esta semana con las rebeliones simultáneas en La Coruña, Orense o Ferrol.

El denominador común de todos esos motines no es el cabreo de los relegados en las listas. Sí, existe un malestar generalizado en muchos segmentos del partido por los cambios introducidos el pasado fin de semana en las candidaturas. Pero purgas hay en todos las formaciones y los militantes y cuadros de otras fuerzas tragan. Si en el socialismo gallego muchos han decido sublevarse es porque ven a su supuesto líder muy débil.

Débil y ausente. Quizás porque fue consciente desde el principio de su inconsistencia y de la fragilidad de los apoyos que lo auparon a la secretaría general, Gonzalo Caballero optó siempre por intentar esquivar cualquier debate que surgiese en el seno de su partido. Por eso renunció a influir en la selección de los cabezas de cartel del PSdeG para las municipales. Pero no afrontar los problemas no los soluciona. Es más, en política puede facilitar que se pudran. Los sectores críticos suelen acabar envalentonándose. Por eso, a destiempo, quien se borró de la elección de los candidatos decide ahora imponer cambios en las listas para blindar los apoyos que le quedan y tender puentes con Ferraz. El gran temor de Caballero es que un fracaso en las municipales abra la caja de Pandora y se cuestione abiertamente su continuidad.

Toda la trayectoria de Caballero en la Rúa do Pino se resume en eso, miedos y temores. Por eso nunca dice nada cuando habla. Un líder tiene derecho a equivocarse. Lo que no puede es negarse a tomar decisiones y demostrar falta de valor para afrontar situaciones comprometidas. Tiene derecho a juzgar desacertadamente un determinado trance. Pero no puede exhibir permanentemente un carácter pusilánime. La única decisión estratégica que adoptó desde que asumió el cargo es arrodillarse ante el virrey de Vigo. Por eso borró a su grupo parlamentario de la comisión de investigación de O Marisquiño. Por eso no modificó las listas de Pontevedra. Entregó la provincia entera al alcalde olívico, claudicando ante sus extravagancias y delirios. Y con ello dilapidó cualquier esperanza que pudiera albergar de construir un discurso coherente para el conjunto de Galicia.

No, el PSdeG con Caballero al frente no ha conseguido hilvanar un relato propio. A ratos se suma a cualquier ocurrencia del populismo o el nacionalismo y a ratos se entretiene alabando cualquier dislate que provenga de Moncloa, incluso las decisiones del Consejo de Ministros que discriminan a esta comunidad. Participa en las farsas organizadas por los rupturistas en el Pazo do Hórreo, bendice que Sánchez reduzca veinte puntos las inversiones en infraestructuras y aplaude que el Ejecutivo Central diseñe una normativa lesiva para la industria electrointensiva gallega. Un despropósito continuo. Quizás por ello Gonzalo Caballero siga huyendo de la cámara, preso de sus incoherencias e incapaz de exhibir una alternativa política al actual gobierno autonómico.

Un liderazgo clandestino concluye siempre en fracaso. Hoy por hoy, Caballero es más un lastre que un activo para el PSdeG. Su inconsistencia reduce las expectativas electorales de su partido, incluso en la actual coyuntura, en la que esa fuerza podría aspirar a levantar cabeza tras la fractura del rupturismo. Ese divorcio, en la actual dinámica de bloques, podría facilitar que se concentrase en el PSOE el voto de la izquierda, pero la indolencia de su líder ahuyentará a no pocos desencantados de En Marea. Sí, el mayor problema del socialismo gallego es que carece de líder.

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