Luis Ojea - La semana

Claves de una campaña singular

Puede que muchos votantes no hayan decidido aún su papeleta, pero muy pocos dudan en qué trinchera electoral quieren estar

Luis Ojea
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Hasta no hace mucho, en Galicia y el resto de España, las elecciones se ganaban en el centro. Pero estas próximas generales se disputarán con un marco de referencia distinto. Primero, porque Pedro Sánchez nos ha abocado a una política de bloques. Y segundo, porque esos bloques están internamente muy fragmentados. En este contexto, con este cóctel de máxima polarización social y atomización política, la movilización del electorado y la concentración del voto en cada bloque serán, en estos comicios más que nunca, factores decisivos y el resultado del 28A irá en una u otra dirección en función de si en la nueva ecuación electoral pesa más el voto visceral o el voto útil.

El equilibrio entre emotividad y racionalidad en los procesos electorales está cambiando. Este fenómeno ya se ha experimentado en otros países, pero es la primera vez que será un elemento crítico en unas generales en España. Esto explica por qué a tres semanas de las votaciones la bolsa de indecisos es significativamente distinta a la que podía detectarse en otros comicios. Sí, puede que muchos votantes no hayan decidido su papeleta, pero muy pocos dudan en qué trinchera electoral quieren estar. Todos, unos y otros, han planteado el 28A como un referéndum sobre la continuidad de Sánchez, su política de alianzas y las consiguientes hipotecas que de ello se derivan. El PSOE ha dejado claro que si puede repetirá en la próxima legislatura su pacto con Podemos, el independentismo catalán y Bildu. Y los tres partidos de la derecha han confirmado que si suman suficiente exportarán a Madrid el modelo de gobierno que están ensayando en Andalucía. Una encrucijada ante la que la mayoría de los ciudadanos han tomado ya posición.

El porcentaje de votantes dispuestos a cambiar de bando a estas alturas es residual, pero el partido no ha acabado. En estas elecciones no sería sorprendente que un bloque ganase en votos y perdiese la batalla en escaños. Algunas encuestas ya apuntan a que la derecha sumará más papeletas en las urnas, pero será la izquierda quien pueda formar gobierno. La distribución interna del voto en cada bloque será determinante. Por ejemplo, puede darse la paradoja de que los ciudadanos que más lejos ideológicamente están de Sánchez sean los que acaben facilitando con su voto que se quede cuatro años más en Moncloa. Hay estudios demoscópicos que sugieren que Vox podría quedar sin representación en más de una veintena de provincias. Todos los votos a esas candidaturas se perderían. No, no es nuevo. Las reglas no han cambiado, pero sí se ha modificado el marco de referencia en el que se aplican. Y en estas elecciones la dispersión o no del voto condicionará de forma determinante los resultados.

Los votos sin escaño

En Galicia, siete marcas electorales pelean por entrar en el reparto de escaño. Todas no lo van a conseguir. En Lugo y Orense, por poner el ejemplo más evidente, solo se reparten cuatro actas. Ello implica que no pocos votos se van a escurrir por el sumidero de la ley electoral. Hay precedentes de ello. En las últimas elecciones generales Ciudadanos sumó 60.000 votos en La Coruña y 48.000 en Pontevedra sin conseguir representación en esas provincias. Otras 45.000 personas en Galicia votaron en aquellos comicios al BNG, que tampoco obtuvo acta parlamentaria. Entre ambas formaciones sumaron 180.000 apoyos en la Comunidad que no se tradujeron a escaños. Muchos, sí. Pero aquello no cambió el signo del gobierno nacional. Ahora sí puede hacerlo. Que Sánchez repita o no en Moncloa se va a jugar en porcentajes muy cortos en los restos de cada circunscripción. Y en este contexto los «votos perdidos» serán decisivos para que el resultado vaya en uno u otro sentido.

Por ello, esta campaña no irá tan dirigida como en otros comicios a la caza del votante centrista que puede bascular a izquierda o derecha en función de los intereses que estén en juego en cada proceso electoral. En un tablero tan polarizado y con la actual fragmentación política, la clave de bóveda de estas elecciones estará en la movilización del electorado que consiga cada bloque y en la concentración del voto que en el interior de ellos se produzca hacia la fuerza motriz de cada bando. Sí, en estos próximos 21 días serán continuas tanto las apelaciones al voto útil como las advertencias sobre las consecuencias que puede conllevar la abstención.

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