David Cao regresa con su rebaño a casa, en la localidad coruñesa de Lousame
David Cao regresa con su rebaño a casa, en la localidad coruñesa de Lousame - MIGUEL MUÑIZ
RADIOGRAFIANDO EL RURAL GALLEGO

Neopastores, un oficio del siglo XXI

En Galicia hay más de 21.000 pastores, la mayoría a punto de retirarse. El relevo llega a paso lento, pero seguro

En los últimos tres años, 65 jóvenes se han puesto al frente de una explotación huyendo de la ciudad «y sus tiranías»

SantiagoActualizado:

David tiene 27 años y 80 cabras, dos datos difíciles de equilibrar teniendo en cuenta el abandono que vive el rural gallego y la falta de relevo generacional. El día a día de este coruñés, que inició su rebaño con solo 19 años, es la excepción a la regla que un grupo de jóvenes se ha empeñado en cambiar para librar el oficio de pastor de una muerte segura. Según datos oficiales, en Galicia existen en la actualidad 21.700 explotaciones ovinas y caprinas, la mayoría de ellas en manos de ganaderos que han cruzado la barrera de los 60 y que en pocos años las abandonarán. Por eso, la supervivencia de esta profesión milenaria depende de emprendedores como David, amantes del campo dispuestos a colocarse el zurrón —metáfora ya superada por los tiempos— para embarcarse en un trabajo «que no conoce ni de horarios ni de festivos».

«Lo bueno es que no tengo horarios, ni presiones, ni jefe. Lo malo, que para vivir de esto es necesario mucha tierra y como mínimo 250 cabezas. Además, hace falta cerrar el monte, y eso cuesta mucho dinero» explica el coruñés mientras abre la cancela para recoger a sus cabras. A su paso, decenas de animales hacen sonar sus cencerros. Desmontando mitos, solo algunas de las cabras que David cría tienen nombre, aunque él las conoce a todas. «A una le llamo Copito porque es muy mansa, pero al resto no... ¡demasiados nombres!» bromea. Con sus cabras David pasa largos ratos —las saca por la mañana y las recoge por la noche— que compagina consultando su Facebook o su Instagram. Su perfil, el del neopastor, es nuevo pero no único.

Del asfalto al monte

Como David y, según cálculos de la asociación Pastores de Galicia, en los últimos tres años han sido 65 los jóvenes que se han liado la manta a la cabeza para iniciarse en el oficio. En la mayoría de los casos, la crisis, el paro y una mala experiencia en la ciudad los ha llevado a cambiar el asfalto por el monte y el coche por el tractor. Eso sí, su perfil nada tiene que ver con el de la generación a la que están a punto de sustituir. «Son chavales muy bien formados, algunos con estudios universitarios, que proceden de otros sectores. El perfil es gente que valora mucho el campo, que tuvo malas experiencias en la ciudad por su modo de vida, el estrés, los sueldos bajos», explica Carlos Rodríguez, director técnico de Ovica (Asociación de criadores de ovino y caprino de Galicia). No es que en el campo sus ingresos sean mayores —anota el experto—, pero dan para más mucho porque la vida es radicalmente distinta.

Además, y a diferencia de lo que pueda parecer, la inversión inicial no es cara. «Son explotaciones que requieren de una inversión baja para iniciar la actividad y no obliga a hipotecarse en costes elevados. Eso da mucha seguridad porque, además, desde el primer año ya tienes ingresos con la venta de la carne» inciden desde la asociación que da apoyo a los jóvenes emprendedores. Lo que se pide, aclara David, son ganas de trabajar y un amor desmedido por los animales. «A mí esto me gusta de corazón. Quieren que los jóvenes se vengan al rural, pero es algo que te tiene que gustar desde dentro. No sirve que te tire hoy o mañana, esto es de domingo a domingo, todos los años» reconoce.

45 millones en negro

En un 95 por ciento de estas explotaciones los ingresos llegan por la venta de los ejemplares para carne. Y ahí radica uno de los principales problemas del sector, la falta de profesionalización que lleva a que dos terceras partes de estas ventas se realicen de tú a tú y saltándose la normativa sanitaria que obliga a sacrificar las reses en mataderos. La traducción en cifras es asombrosa. Más de 45 millones de euros que enriquecen la economía sumergida y empobrecen al sector. Para enfrentar el problema, ligado sobre todo a los pastores más veteranos, se ha propuesto activar una suerte de matadero móvil que permita a los pastores sacrificar su ganado con total garantía y, al mismo tiempo, oficialice las ventas.

Entre las iniciativas para fortalecer esta segunda oportunidad para la profesión también se valora la posibilidad de crear una «escuela de pastores», ante la falta de alternativas académicas. «En Galicia no hay un módulo de ovino y caprino en los centros de capacitación agraria. Por eso, al final somos nosotros los que hacemos jornadas específicas y los llevamos a conocer otras granjas en los casos en los que carecen de experiencia» lamentan desde Pastores de Galicia.

Porque su lucha, la de proteger una profesión en peligro de extinción es, al final, la de todos. Para evidenciarlo, los nuevos pastores resaltan que en los últimos tiempos se ha detectado un descenso tanto del consumo como de la producción de este tipo de carne, que el sector achaca a la falta de relevo generacional entre los productores. Ajeno a las estadísticas, David tira de sentido común para recetar que la clave de la supervivencia del pastoreo está en ayudar «a los convencidos, a los que ya estamos». Y se despide, poniendo a sus cabras, un día más, a resguardo.