Fraga, durante una rueda de prensa durante su etapa como presidente gallego, en 2004
Fraga, durante una rueda de prensa durante su etapa como presidente gallego, en 2004 - M. MUÑIZ
GALICIA

Manuel Fraga, nueva víctima de la selectiva memoria histórica

Un colectivo reclama que se le retire al expresidente de la Xunta el título de «hijo predilecto» de La Coruña concedido durante su etapa como ministro en la dictadura

SANTIAGOActualizado:

Tomar una parte por el todo, o la elección selectiva de la historia para fundamentar una postura preconcebida. La memoria histórica como munición para juzgar el pasado. Un colectivo ha presentado este martes un manifiesto por el que solicita que a Manuel Fraga —fallecido en 2012— se le retire el título de «hijo adoptivo» de la ciudad de La Coruña, que le fue concedido en diciembre de 1968, cuando ostentaba el cargo de ministro de Información y Turismo del gobierno del dictador Francisco Franco. «Tolerancia cero con el franquismo», sostiene el texto, «ningún ministro de Franco puede seguir manteniendo distinciones honoríficas por los servicios prestados a una dictadura criminal». Sin embargo, los firmantes no hacen mención alguna en su manifiesto del papel político de Fraga durante la Transición y la posterior democracia, omisión particularmente llamativa cuando, por citar un dato, fue presidente de Galicia desde 1989 a 2005 gracias a cuatro mayorías absolutas logradas en las urnas.

El relato de este colectivo pone el exclusivo foco en los «más de 35 años de militancia franquista o fascista de Fraga», en lo que consideran que es «una biografía secuestrada» del político lucense, mencionando sus cargos durante los años cincuenta y sesenta en distintas estructuras de Falange o el Movimiento, además de imputarle «simpatía y admiración por las ideas del fascismo y la negación del Holocausto judío».

En opinión de este grupo de personas que se presentan como «presos políticos gallegos en la dictadura», durante su etapa como ministro de Información y Turismo —que se extendió de 1962 a 1969— Fraga fue «partícipe y cómplice de toda la política represiva que se aprobaba en el Consejo de Ministros», tales como «fusilamientos, cárceles, campos de concentración, despidos, exilio, graves violaciones de los derechos humanos, expedientes a periodistas, cierre de medios de comunicacón y asesinatos de trabajadores», entre otras acusaciones.

El «otro» Fraga

El siniestro relato que los firmantes hacen del exsenador y expresidente gallego no deja hueco alguno a cualquier mención favorable hacia su figura política. Por ejemplo, se omite que durante su etapa ministerial, Fraga impulsó una nueva Ley de Prensa que acababa con la normativa existente, aprobada por Serrano Suñer en 1938, en la que establecía la censura previa y un férreo control de los medios escritos por parte del régimen. «La Ley de Prensa supuso un paso decidido y arriesgado por parte del ministro Fraga de cara a un nuevo y tuitivo concepto de la libertad, lleno de meandros, de trampas y, también, porque no, de irregularidades legales que posibilitaron una apertura del Régimen», en palabras del periodista Luis Angel de la Viuda en ABC.

El aperturismo iniciado por Fraga tuvo su efecto más visible en las nuevas políticas de promoción turística, que trajeron a España visitantes de otros puntos de Europa para intentar mejorar la imagen exterior del país. Es en este periodo cuando se crea también la Red de Paradores, en una apuesta del entonces ministro por impulsar este sector económico. Fraga cesó como ministro en 1969, aunque sería recuperado por el régimen en 1973 para ocupar la embajada de España en Londres.

Fraga y Carrillo, en 1977 en el Club Siglo XXI JOSÉ GARCÍA/ARCHIVO ABC
- Fraga y Carrillo, en 1977 en el Club Siglo XXI JOSÉ GARCÍA/ARCHIVO ABC

Pero si Manuel Fraga ha pasado a la historia es por su participación en la construcción del actual régimen democrático, liderando la derecha española, y siendo uno de los actores principales en la transformación sin ruptura de la dictadura en un sistema de plenas libertades. Como ministro de Gobernación en el Ejecutivo de Arias Navarro (1975-1976) —etapa en la que se le responsabilizó por los graves sucesos de Vitoria y Montejurra, que se saldaron con varios muertos— redactó las leyes que permitieron legalizar los partidos políticos y los sindicatos, si bien Adolfo Suárez fue el elegido para defender en las Cortes el primero de los textos. Fraga consideraba necesaria la legalización del PCE, frente a la opinión del búnker, y su abrazo con Santiago Carrillo en 1977 en el Club Siglo XXI fue una de las imágenes que sintetizaron la reconciliación de las dos Españas.

Fraga ideó, al margen de la moderada UCD, un espacio político que pretendía abarcar lo que él mismo denominaba «el franquismo sociológico», esa generación de españoles nacidos en la dictadura, para hacer con ellos la travesía hacia una democracia plena. GODSA, Renovación Democrática, Alianza Popular y el posterior Partido Popular fueron sus instrumentos, que le acabaron dando la razón cuando en 1996, la derecha volvía a ganar unas elecciones en España bajo el liderazgo de Aznar. Representante de este amplio sector de la población, Fraga participó en la redacción de la Constitución Española, y durante su etapa como presidente de la Xunta —está considerado el padre de la Galicia moderna— fue uno de los más activos agentes en el desarrollo del Estado Autonómico.

«Fraga participó activamente en la política de represión contra el idioma gallego y los medios de comunicación», reprocha el manifiesto. Sin embargo, como presidente de la Xunta aprobó en 2004 un Plan de Normalización Lingüística —todavía en vigor— que desarrollaba una ley previa de 1983, aprobada por AP, en la que el gallego se erigía en una lengua con igualdad de derechos frente al castellano. En 2005, tras no revalidar su mayoría absoluta en las urnas, el «león de Villalba» dio un paso al lado y fue elegido senador por designación autonómica en 2006. En septiembre de 2011 anunció su retirada de la política. Tenía 89 años, y tras de sí, más de medio siglo de actividad pública, una cincuentena de libros de ensayo político, quince títulos honoris causa en universidades de todo el mundo y una veintena de condecoraciones honoríficas extranjeras.

En una entrevista concedida a ABC en 2005, meses después de perder la Presidencia de la Xunta, Fraga no se mostraba preocupado por el juicio que de él hiciera la historia. «Tendré un sitio pequeño en ella, y espero que basicamente se encuentre en mí a una persona decente».