La soprano Saioa Hernández posa para ABC en el exterior del Palacio de la Ópera de La Coruña
La soprano Saioa Hernández posa para ABC en el exterior del Palacio de la Ópera de La Coruña - IAGO LÓPEZ
ÓPERA

«El maestro Riccardo Chailly me dijo que me conocía por YouTube»

La primera soprano española que inaugurará la temporada de La Scala el próximo 7 de diciembre estrena este sábado en La Coruña «Il Pirata» de Bellini, y conversa con ABC sobre su fulgurante carrera

LA CORUÑA Actualizado: Guardar
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La carrera de Saioa Hernández (Madrid, 1979) se parece a la de los cantantes de ópera de la vieja escuela: empezar por los teatros de provincias, ir haciéndose poco a poco un hueco entre los del escalafón superior —véase Nápoles, Parma o Turín— y acabar coronando la ascensión en la legendaria Scala de Milán. La soprano española cumplirá su sueño el próximo 7 de diciembre, San Ambrogio, cuando encarne a Odabella en el «Attila» de Verdi que inaugurará la temporada milanesa, un logro del que no gozaron nunca divas nacionales como Montserrat Caballé o Teresa Berganza. Mientras tanto, y por segundo año consecutivo, este sábado estrena en La Coruña la Imogene de «Il Pirata» de Bellini, su «ópera favorita». Es la única ciudad española donde cantará en las próximas temporadas.

En tres meses, abriendo temporada en La Scala. ¿Hay ya cosquilleo?

Desde el primer momento en que oí la palabra Scala. Aunque no hubiera llegado a nada, aunque no hubiera habido propuesta, solo saber que hablamos de un teatro así, que te mueves a ese nivel, claro que hay cosquilleo.

¿Cómo se llega ahí?

Creo que con trabajo, con sacrificio, con toques de suerte y con una serie de circunstancias que se enlazan unas con otras y te llevan ahí.

O sea, que en la ópera además de cantar se necesita suerte

Sí, sin duda. Somos muchos, hay innumerables factores que no dependen de tu trabajo diario, sino de decisiones de terceros. A veces la gente que no conoce el mundillo cree que somos pocos en este gremio, y si supieran la gente que se dedica a esto, todas las personas que rodean a un espectáculo a nivel técnico, y luego el numerosísimo público que se desplaza de una ciudad a otra, de un país a otro, para escucharte cantar… Es increíble.

Abrir la temporada en La Scala es el sueño de cualquier cantante

Si bien es fruto de un trabajo, también hay un componente de fortuna. Si la suerte no ha sido ahora, porque quizás ya me conocían y además fueron a escucharme la última función de «La Gioconda» que estaba cantando en Reggio-Emilia, pudo venir antes, en algún otro título, en alguna audición previa…

«La fusión del Teatro de la Zarzuela con el Real parecía más una decisión política que artística. Tenía mala pinta. Mejor dejar las cosas como están»

Si al final se mira en perspectiva, lo suyo ha sido una carrera forjada a la antigua: un intérprete que empieza a cantar en provincias, salta a los grandes teatros de segunda línea y una vez consolidada, llega a La Scala

Visto así es verdad, y además todo ha sucedido bastante despacio. Contaba hace poco que llevo 25 roles operísticos debutado en apenas diez años de carrera, pero ha ido todo poco a poco. Muchos debuts, no siempre escalonados al principio porque tienes que probar y cantar de todo para saber por dónde evoluciona tu voz. Recuerdo que empecé de lírico-ligera, cantando incluso barroco, y al cambiar de maestro y de técnica, sentí que mi voz evolucionaba hacia otros derroteros. Es lo normal, ir sintiendo como el instrumento se va uniendo al alma. Al final, la carrera se va dirigiendo sola, aunque en ocasiones hay que saber decir que no.

¿A qué ha dicho que no?

A «Turandot», por ejemplo. Hace un par de años a «Macbeth». Pensaba que no era el momento, que antes tenía que cantar otros papeles. Turandot es más por los demás que por mí: es un rol que no es como los que suelo cantar, que evolucionan como personaje y me enriquecen más. Es un personaje más estático, canta menos, y siendo complicada, no tiene las aristas de los grandes roles belcantistas. Si llego a hacer Turandot, temo que acabe siendo todo Turandot, y no me apetece.

¿Hay que huir de los roles que le encasillen a uno?

No, no creo tampoco. Hay que encontrar el momento en que quieres hacer esos papeles. Quizás no te encasillan vocalmente, pero son los demás los que te ubican ahí, porque no hay mucha gente que cante esos roles, los teatros quieren siempre a alguien con experiencia y las tres o cuatro sopranos que lo cantan acaban repartiéndoselo. Estos papeles, como la Lady Macbeth, hay que saber también dónde cantarlos. La Abigaile de «Nabucco», que debutaré en Dresde, me pareció una gran oportunidad desde que me la ofrecieron. Muchos ensayos, muchas funciones, con descanso suficiente… Me la habían ofrecido en la Arena de Verona el pasado año y la rechacé.

¿Qué es más difícil en Verdi, cantar o interpretar a sus mujeres?

Lo difícil es encontrar ese equilibrio en el que el canto parezca que no estás pensando en la técnica. Por eso me gusta mucho ensayar, para preparar con suficiente tiempo la escena y el canto, y que cuando empiecen las funciones todo esté en ese punto de equilibrio.

¿Tuvo oportunidad de hablar con el maestro Riccardo Chailly, el director musical de La Scala?

Muy simpático, muy agradable. La situación con La Scala fue algo cómica, porque estaba en mitad de dos producciones, con funciones de «La Gioconda» y ensayando «Tosca» en Parma. Me llamaron de la agencia para que me preparara las arias de «Attila» porque en Milán me las querían escuchar en una sesión de trabajo con Chailly. Esa semana estaba enfermísima, y me estudié las arias pero no pude cantarlas ni una vez. Esa tensión, sumada a que el director de casting de La Scala venía a verme la última función de Gioconda, me llevó a que no pudiera ponerme de pie por un dolor de espalda. No me podía mover. Llegué a Milán en deportivas porque ni tacones podía llevar, con las arias sin haberlas podido cantar, con calmantes para la espalda… El maestro Chailly me saludó y me dijo que no me preocupara, ¡que me conocía por mis vídeos de Youtube! Y a pesar de no haberla cantado nunca, probé con el Santo di Patria del «Attila». A Chailly creo que le gustó mi valentía de atreverme con la pieza.

«¿Por qué no canto en España? Misterios de la vida. Supongo que cada cosa tiene su camino. Hay algo previsto en Madrid, pero para dentro de tres temporadas»

¿Y cómo fue esa primera vez delante del maestro?

Salió muy bien, di todas mis notas, él me indicó un par de cosas sobre las que trabajar, luego le canté Ecco l’orrido campo del «Ballo in Maschera», me volvió a dar algunas ideas. En la reunión estaba el director de casting de La Scala, y me dijo «entonces, ¿inauguramos la temporada, no?». Y se me escapó un «¡Oh Dios mío!». Ahí me di cuenta que lo tenían incluso decidido antes de la sesión de trabajo, a pesar de mi ataque de pánico y mis nervios.

Lo que es curioso es que la soprano española más internacional del momento no la vayamos a escuchar en Madrid, Barcelona, Valencia, Bilbao, Sevilla… ¿Esto cómo se explica?

Misterios de la vida. Supongo que cada cosa tiene su camino. Prefiero no pararme a pensar en eso. Además, algo se avecina aunque solo en el Real para dentro de tres temporadas, porque los teatros españoles programan con muchos años de antelación. No sé si va a ser el rol con el que me gustaría haber debutado en Madrid, pero al menos ya lo tendré debutado. Me han ofrecido la Abigaile del «Nabucco».

¿Cómo contempló esa fusión Real-Zarzuela?

No creo mucho en esas cosas, y menos de la forma en que se hizo y anunció todo. Parecía más una decisión política que artística, o que buscara favorecer a los dos teatros. Las cosas están bien como están. El Teatro de la Zarzuela debe seguir siendo público, porque si no, vamos a acabar con el género. Es el único teatro que lo programa. No sé hasta qué punto se habría podido mantener como teatro de género tras la fusión. Tenía mala pinta.

¿Sería partidaria de establecer cupos para cantantes españoles en teatros que se nutran de subvenciones públicas?

Yo estoy en contra de los cupos. No me gustan. Lo que es bueno que haya compañías estables de cantantes que cobran un sueldo mensual en determinados teatros, y que estén para papeles secundarios, o para sustituciones, o para repartos alternativos. No veo lógico los cupos, no se hace en ningún país. Los cantantes freelance no podríamos cantar entonces fuera de España. Lo que hay es un problema de base con la educación musical. Tenemos un nivel formativo bajo, que no funciona.

No se la escucha en todas esas ciudades, pero en La Coruña repite tras el exitoso «Un Ballo in Maschera» del año pasado

Estoy encantada. El año pasado fue una experiencia estupenda, con todo el equipo técnico, y gracias a César Wonenburger y los Amigos de la Ópera que confiaron en mí. Este año me han dado la oportunidad de cantar una ópera como «Il Pirata» que me ha dado tanto… Es mi ópera favorita, para mí es un regalo volver a hacerla. Excepto Licia Aliberti y yo, «Il Pirata» entero sin cortes se ha cantado muy poco. Fue una pena no haber grabado las funciones de la Ópera de Sabadell que hicimos hace unos años. Ahora parece que hay un boom de este título, se está representando en La Scala.

¿Cómo es cantar «Tosca» en un sitio tan especial como Parma?

Antes de cantarla, me habían propuesto debutar allí cantando «Macbeth» y les dije que no quería presentarme en Parma con un Verdi que no había cantado nunca antes. Y menos en el Festival Verdi. Me daba pánico. Tosca era un rol que siento muy mío, es difícil pero cuando lo conoces, es asequible. Fue un debut muy bonito. Lo que me encanta de Italia es el público, la pasión que demuestran, cómo te descubren desde abajo y te van siguiendo en tu progresión como cantante. En Parma conocí a los loggionisti, tan temidos, aunque ahora no son tan peleones. Me invitaron a subir al loggione y es un lugar mágico, lleno de historia.