Luís Ojea - Cuaderno de viaje

Liderazgo fallido

El PSdeG exhibe sin rubor discursos contradictorios en función de la plaza en la que los pronuncie

Luís Ojea
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El sentido del ridículo es algo muy personal. Hay quien lo tiene muy desarrollado y hay quien, al contrario, no tiene atisbo de algo mínimamente parecido a eso. En esa segunda categoría parece ubicarse la actual dirección del PSdeG. Un partido destartalado, con una cúpula incapaz de construir eso que ahora se ha dado en llamar relato.

Ejemplo paradigmático de ello es lo ocurrido estos días a raíz del debate abierto en torno a la reclamación formulada desde Galicia al Gobierno Sánchez para que condone la deuda del puerto de La Coruña como hizo con el de Valencia. Los socialistas no apoyaron esa demanda a nivel municipal, después se cambiaron al sí en el Parlamento autonómico y en la Diputación y esta semana han vuelto al no en el Congreso. Una cosa y su contraria sin solución de continuidad.

El drama del PSdeG es que este no es un caso aislado en su currículum. Es un ejemplo de los tantos que se pueden encontrar cada semana de la inconsistencia de su discurso. A este paso Gonzalo Caballero acabará convirtiendo a José Ramón Gómez Besteiro en un estadista. Caballero ha dilapidado en menos de un año todo el patrimonio político con el que podía haber llegado a la Secretaría General del PSdeG. Ahogado en la nadería de su discurso y en la incompetencia demostrada para trazar un rumbo claro a un partido desnortado desde hace demasiado tiempo. Parece un problema de actitud y de aptitud.

De haberse postrado desde el primer minuto a los caprichos del alcalde de Vigo y las órdenes de Ferraz. Y de haber renunciado a imponer un criterio homogéneo al conjunto de la organización en Galicia. Con Gonzalo Caballero, al igual que con Besteiro, el socialismo gallego carece de relato y exhibe sin rubor discursos contradictorios en función de la plaza en la que los pronuncie.

Sin un proyecto sólido de reconstrucción, la actual cúpula del PSdeG va dando bandazos. A la estela de cada majadería que surja del populismo o el nacionalismo, atrapado en la nadería y en la insustancialidad. Solo en este contexto, en un partido a la deriva y sin rumbo, se explica que alguien en su dirección haya podido pensar que Fernando González Laxe o Xosé Sánchez Bugallo puedan ser los cabezas de cartel del socialismo en La Coruña y Santiago en 2019.

A la deriva y camino de un naufragio en las municipales. La magnitud de la derrota del PSOE en los comicios será la que determine el futuro de Caballero. Por mucho que pretenda escudarse en la militancia y los aparatos locales, el responsable último de esa eventual derrota será él y a él será a quien le pasen a cobro la factura. Y no son pocos los que están anhelando en el PSdeG que llegue ese momento. Pregunten en Lugo, por ejemplo.

De una u otra forma, el de Gonzalo Caballero se puede considerar ya un liderazgo fallido. No, Caballero no era el mirlo blanco que necesitaba el socialismo gallego para enderezar su rumbo. Solo es uno más de los sucesivos liderazgos fallidos que ha sufrido el PSdeG desde la derrota de Pérez Touriño en 2009.

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