José Luis Jiménez - PAZGUATO Y FINO

La Ley del Embudo del PSOE

La alianza con el imprevisible Jácome es la solución menos mala, y los socialistas la podrían haber evitado si hubieran sido razonables

José Luis Jiménez
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Se impuso el pragmatismo orensano, como decíamos por aquí a comienzos de semana. El PP infringe un correctivo a Ciudadanos, para que los naranjas aprendan a medir sus órdagos en un futuro y se replanteen su utilidad (o no) para fraguar pactos de centro-derecha en Galicia. Pero da también una píldora de humildad al PSOE, que se veía entronizado en Concello y Diputación, despojando a los populares de todo poder territorial relevante en la Comunidad. Como ya se dijo aquí, la alianza con el imprevisible Jácome es la solución menos mala, y los socialistas la podrían haber evitado si hubieran sido razonables. Les pudo el sectarismo.

Estos días hemos tenido que leer y escuchar a Gonzalo Caballero y sus acólitos hacer una particular lectura de la Ley del Embudo con la que conciben la política. Según los socialistas, el PP y Jácome traicionan a los orensanos porque no dejan gobernar a la lista más votada, la de Rafael Villarino, y visten de chupa de dómine al populista, ese mismo con el que querían repartirse la alcaldía por turnos de dos años. Atiendan bien. Resulta que si el PP alcanza pactos con otras fuerzas para desbancar al PSOE se vulnera la voluntad ciudadana, pero si lo hacen los socialistas cuando al centro-derecha le falta un concejal para la mayoría absoluta es un acontecimiento normal en democracia.

Lo más sangrante, sin embargo, es la interpretación sobre el principio de la lista más votada. El PP siempre propugnó que era quien debía gobernar en ayuntamientos y comunidades autónomas. Y el PSOE se la saltó por sistema, pactando con cuanto independiente, minoría nacionalista o grupo de cabreados había para que la derecha no pisara moqueta. Ahora, con el PP disgregado en azules, naranjas y verdes fosforito, a veces sí le salen las cuentas para pactar, con los socialistas de primera fuerza, que claman a voces por las incoherencias del PP.

Vean. Según la doctrina socialista, dado que el PP defiende la primacía de la lista más votada, tiene que abstenerse de pactar con otros cuando no lo es, y si lo fuera pero no tiene socios, aguantarse cuando la izquierda fragua pactos en su contra. O sea, limitarse a gobernar si alcanza una quimérica mayoría absoluta, y en caso contrario, rendir armas al PSOE. Un juego diabólico en el que siempre gana el PSOE, y en el que el PP es mera comparsa. Efectivamente, es la deturpación de las reglas democráticas para que siempre ganen unos. Y recuerden: el Gobierno de Rajoy planteó a los socialistas una reforma electoral para que gobernase el más votado, y estos la rechazaron. Con ella aprobada, hoy Madrid, Zaragoza u Orense serían socialistas sin discusión. Sí, también Andalucía.

El PSdeG podría haber alcanzado la alcaldía de Orense y llegar al gobierno de Santiago sin necesidad de pactos. El PP le brindaba una abstención a cambio de que allí donde fue el más votado, Lugo, La Coruña y Ferrol, los socialistas hicieran lo propio. Pero no. Según Gonzalo Caballero, el PP tenía que resignarse a perder estas alcaldías y además, regalar la de Orense a Villarino. El colmo de la perversión.

Reflexión aparte habría que hacer ante la facilidad que encuentra el PSOE en otras fuerzas de izquierdas para contar con sus apoyos. Hace cuatro años, con peores resultados, el BNG siquiera amagó con disputarle al PSOE la Diputación de Coruña a cambio de su apoyo en las de Lugo y Pontevedra. Ahora todo es más rácano. Lo que sea, cuando sea y con quien sea. Pero con cargo y sueldo. La voluntad se abarata cuando el odio a la derecha impera.

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