Juan Soto

«A misa dos comunistas»

En pleno franquismo, el 25 de julio se celebraba una misa a iniciativa del debilitado pero no doblegado movimiento galleguista

Juan Soto
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Con la catedral en obras, el pasado día 25, devotos, turistas, peregrinos, autoridades y curiosos abarrotaron San Martiño Pinario para asistir a la solemnidad de la Ofrenda al Apóstol, tradición nacida a mediados del XVII, con Felipe IV en el trono de las Españas. Al margen de este acto religioso se celebran, ya desde antes del arranque de la Democracia, otros de carácter civil y menos protocolarios.

Para que la desmemoria no lo devore todo, tal vez proceda recordar que, en pleno franquismo, el 25 de julio se celebraba en Santiago una misa promovida no por la autoridad «política, militar y eclesiástica», sino a iniciativa del debilitado pero no doblegado movimiento galleguista. Tiempos tiempos aquellos, en los que el gallego estaba severamente proscrito de los usos litúrgicos. Era «a misa de Rosalía» o, como la llamaba Pedro Martul y gustaba recordar Borobó, «a misa dos comunistas», porque a ella asistían, practicantes o no, centenares de creyentes en la fe antifranquista.

Para todo hay precedentes. Los de «a misa dos comunistas» se remontan a 1932 y se inscriben en una iniciativa de Xosé Mosquera Pérez, «O vello dos contos», popular personaje radiofónico de los albores de la radio en Galicia, y Manuel Beiras García, padre del político y economista Xosé Manuel Beiras Torrado. Fue una misa por Rosalía, sí... pero en latín, por entonces única lengua oficial de la Iglesia.

Tendrían que pasar muchos años para que «a misa de Rosalía» pudiese ser celebrada en gallego. Sucedió en 1965, con autorización del cardenal Quiroga a petición del patronato Rosalía de Castro. El oficiante fue Xaime Seixas Subirá, el padre Seixas, un jesuíta galleguista y de izquierdas que ya estaba preparando sus «400 nomes galegos», cuya edición había de patrocinar el evaporado Banco Pastor. Al mismo tiempo que el padre Seixas en San Domingos de Bonaval, los sacerdotes Xosé Morente y Manuel Espiña hacían lo propio en las Capuchinas de La Coruña.

El año siguiente, 1966, es el de la primera misa en gallego fuera de Galicia. La ofició en Buenos Aires un cura nacido en Rianxo, Faustino Rey Romero, forzado al exilio por el acoso de su obispo, el agustino José López Ortiz, vicario general castrense. Rey Romero, autor de una más que estimable obra literaria (ahí están los poemas de su «Escolanía de merlos») está en la lista de los autores merecedores de un Día das Letras Galegas.

Estos son, poco más que a vuela pluma, los precedentes. Como los humanos somos de memoria frágil, no está de más anotarlos por escrito «antes que el tiempo muera en nuestros brazos».

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