Juan Soto - El garabato del torreón

Grallal: faltan datos

Cuanto antes salgamos de dudas con lo del pazo y «las obras piadosas que yo determine», será mejor para todos

Juan Soto
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Por aquello de que la justicia y la decencia obligan a dar a cada uno lo suyo, empecemos por expresar nuestro convencimiento de que si el pazo de Grallal –solar gallego de los Dutton llegados a Viveiro huyendo de la persecución anglicana– queda a salvo, siquiera de momento, de sucumbir piedra sobre piedra será gracias, en muy buena parte, a las reiteradas voces de alarma y llamadas de atención dadas por Paco Luis R. Guerreiro, tenaz defensor del patrimonio cultural gallego en general y del viveirense especificamente.

El pazo, a orillas del mar de Covas –tumba de uno de los grandes naufragios de la Armada española– guardaba, muros adentro, un excepcional acervo documental, imprescindible para el conocimiento de la historia de Viveiro y de algunos de los linajes más conspicuos de Galicia. Esperemos que todo él («sin que falte coma en vitela ni virgulilla en pergamino», que decía don Antonio Rey Soto, de nación ourensana, cura inclasificable y sapientísimo bibliófilo) conserve su integridad, desmintiendo insidiosos rumores sobre presuntos expolios y rapiñas.

De todo ello, algo sabrá la jeraquía mitrada de Mondoñedo-Ferrol, porque resulta que el pazo de Grallal —su fábrica, su finca y sus tripas— fue legado por sus propietarias a quien era párroco de Covas, el cual a su vez lo sacó a puja inmobiliaria con el evangélico propósito, proclamado voce et scriptis, de dedicar el importe de la venta a «obras piadosas». A la hora presente, cerrada la venta ya va para cinco meses y registrada la propiedad a nombre de sus nuevos titulares, se desconoce la relación de favorecidos por el compromiso misericordioso del buen cura. Acabemos cuanto antes con comidillas y murmuraciones: entre el recuerdo de Marcinkus y las exenciones del IBI, la gente del común se ha vuelto muy suspicaz en materia económica, y ya hay quien no se fía ni de los asientos contables del cepillo de las Ánimas. Por eso, cuanto antes salgamos de dudas con lo del pazo de Grallal y «las obras piadosas que yo determine», será mejor para todos.

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