José Luis Jiménez - PAZGUATO Y FINO

La reconstrucción del PP de Vigo

No es mala semilla la recuperación de Javier Guerra para la lista del Senado.

José Luis Jiménez
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En estas mismas páginas, Alberto Núñez Feijóo manifestó que «echaba de menos a gente» en las listas electorales, un recado a quien fuera que las confeccionó en abril de este año. No había destinatario pero a buen entendedor sobra apuntar con el dedo a la calle Génova. El mensaje tenía múltiples lecturas. Los rostros porque sí no llaman masivamente al elector a depositar su confianza en una determinada opción política, pero sí lo que pueden representar. El fichaje de Ana Pastor por la papeleta de Madrid es una evidente inversión de Pablo Casado en un giro hacia la moderación que reclamaba Feijóo, ese centro político —que no necesariamente ideológico, aunque también— que decide mayorías.

La receta que Feijóo tenía para otros también se la ha aplicado en carne propia, predicando con el ejemplo en Vigo. La debacle sin precedentes del PP en la ciudad olívica en las últimas municipales no se explicaba solo por la arrolladora personalidad de Abel Caballero —y todas las circunstancias que lo rodean—, sino también por una defección interna de determinados sectores del partido, disconformes con los modos de Elena Muñoz. Incluso quienes no eran rivales de la exportavoz reconocían sentirse ninguneados, a pesar de su vocación de ayudar al proyecto. El 26-M fue el punto de inflexión, y la solución está siendo Corina Porro.

La exalcaldesa ha tomado mando en plaza. La reconstrucción del partido en Vigo era urgente, pero no podía hacerse con prisas. Los afectos no se recuperan de un día para otro, sino que son labor de sembrar, regar y recolectar. No es mala semilla la recuperación de Javier Guerra para la lista del Senado, a pesar de que Ciudadanos reconoció en su momento públicamente que había negociado con él para cambiar la chaqueta azul por la naranja, un paso que se truncó cuando Feijóo, en una rueda de prensa, manifestó que los compañeros y amigos de Guerra, un tipo del PP de toda la vida, no entenderían ese giro. El mensaje surtió efecto y Guerra apareció en el acto que celebró la victoria de Feijóo en 2009, para estupefacción de muchos. Algo había cambiado. Y no era casual.

Vigo representa un tercio de los votos de la provincia de Pontevedra. Demasiado capital para volver a jugar a la ruleta el 10-N y, a medio plazo, en las autonómicas de otoño de 2020. El PP necesitaba un resquicio para la esperanza en esta plaza crítica, y Porro parece estar abriéndolo. Veremos si tiene resultados reales en las generales y la reconstrucción de la derecha viguesa va por buen camino. O si, por el contrario, los molinos son realmente gigantes y se necesita algo más que un Quijote para combatirlos.

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