José Blanco, en una rueda de prensa ofrecida en Santiago en diciembre de 2017
José Blanco, en una rueda de prensa ofrecida en Santiago en diciembre de 2017 - EFE
PERFIL

José Blanco, de todopoderoso amo del PSOE a víctima de Sánchez

El exnúmero dos de Zapatero y antiguo ministro de Fomento se cae de las listas para repetir como eurodiputado y pone fin a una trayectoria marcada por su capacidad para ejercer el control

M. Nespereira
SantiagoActualizado:

No se entiende una época del socialismo sin acudir antes a la biografía de José Blanco (Palas de Rei, 1962). Y no porque en el diccionario de la política contemporánea existan palabras que algunos han asociado a su figura («fontanero», «aparatchik»), sino porque, ahora que pone fin a un ciclo, se subraya la relevancia que cobró el político lucense -apodado «Pepiño», con o sin aprecio, y a veces con condescendencia- como el amo de llaves del PSOE de Zapatero.

Su caída de las listas del partido para repetir como eurodiputado en Bruselas es el último renglón de una biografía plena de responsabilidades: exsecretario de Organización del PSOE, exministro de Fomento, exportavoz del Gobierno, etcétera. Pero ahora Sánchez le ha puesto la proa y Blanco, aliado de Susana Díaz en el pasado, ve cómo las quinielas que le situaban de nuevo en la candidatura para repetir atalaya europea se han quedado en eso, quinielas.

Él mismo lo ha confirmado en las redes sociales este sábado. «Finaliza una etapa de mi vida y comienza otra. Echo la vista atrás y solo siento gratitud hacia los ciudadanos que me han apoyado durante tanto tiempo y hacia el PSOE y sus militantes. Infinita y eterna gratitud», ha escrito, después de dar la enhorabuena a su relevo, Nicolás González Casares, teniente de alcalde en Lalín (Pontevedra) y el elegido por el partido para concurrir por Galicia en las europeas. «Pepe, sabes mi admiración por ti, fuiste el primero en llamarme y todo el mundo debe saber todo lo bueno que significas y significaste para el PSOE. Seguiré tus consejos. Gracias.», le respondió después Casares.

Pero al margen de la defenestración del exministro, decir Pepe Blanco es decir control. La leyenda de su ascendencia sobre cada rincón del partido le precede. Lo demostró siendo el artífice del ascenso contra pronóstico de Zapatero al primer puesto de Ferraz, y después tampoco abandonó la vitola, como bien pudieron comprobar la cantera de dirigentes que medró bajo su apadrinazgo: los Óscar López, Antonio Hernando y -crueles paradojas de la política- el propio Pedro Sánchez.

En el Gobierno, entró tarde. En el 2009, cumplida ya la primera legislatura de ZP, se hizo con la cartera de Fomento, y dos años más tarde asumió la portavocía de un ejecutivo que se tambaleaba con las sacudidas de la crisis económica. La derrota de 2011 puso punto y aparte a una trayectoria que encontró reciclaje en Bruselas, aunque ya en un segundo plano.

Ascendencia en Galicia

Y eso que Blanco arrancó en política desde joven. Líder de las juventudes socialistas en Galicia, logró asiento en el Senado (1989) y después en el Congreso (1996). En su tierra, aún así, no siempre fue profeta. Durante un tiempo se habló de él en la política gallega como el contrapeso interno de Emilio Pérez Touriño, a la sazón presidente de la Xunta bipartita entre 2005 y 2009.

Socios durante la época en que Touriño se hizo con el mando del PSdeG, su relación vivió momentos de tensión. Quizá la más recordada fue cuando Blanco, encuestas en mano, recomendó al presidente adelantar las elecciones autonómicas de 2009, a fin de capear la factura electoral de la crisis, y abortar el regreso del PP a la Xunta, entonces de la mano de Feijóo. Touriño, como es sabido, no hizo caso del aviso. Y las urnas le quitaron la razón.

El fracaso agitó la vida interna del PSdeG, hasta el punto de que un sector del partido vio en Blanco a su hombre para hacerse con la secretaría general. El regreso a Galicia no ocurrió, pero no se diluyó su influencia: con Ricardo Varela, acuerda que Pachi Vázquez, exconselleiro de bipartito, asuma el timón.

La historia entonces dibujó un nuevo tirabuzón. UngidoVázquez como líder, poco a poco empezó a tomar distancia de Blanco, sustituido por el exministro de Justicia, Franciso Caamaño, como la referencia gallega del gobierno de Zapatero. Noticias como las acusaciones del empresario Jorge Dorribo, protagonista de la «Operación Campeón», contra Blanco y un presunto cobro de sobornos en una gasolinera tampoco ayudaron a su figura. En 2013, el TS decretó el archivo de la causa.

Ya en 2016, con una organización que todavía no había conseguido levantar cabeza, su nombre volvió a sonar para la gestora que relevó al dimitido José Ramón Gómez Besteiro. Tampoco resultó el elegido y la estrella política de Blanco se fue apagando, desde su puesto en Bruselas, como las viejas historias de los cargos que lo fueron todo, o casi todo, y les llega el tiempo de la retirada.