ABC  General Vicente Rojo

José Andrés Rojo: «Para Vicente Rojo el Ejército tenía que ser una institución «al servicio de»»

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TULIO DEMICHELI

MADRID. El periodista José Andrés Rojo presentó el jueves la biografía que ha escrito sobre su abuelo: «Vicente Rojo. Retrato de un general republicano» (Tusquets) y con la que ganó el premio Comillas. Católico, conservador, leal a la República y seguramente el mejor de sus estrategas militares, al menos el que logró la única gran victoria con la toma de Teruel y el que retrasó el fin de la guerra en Belchite, Brunete y la batalla del Ebro, el general Vicente Rojo es una figura histórica de gran complejidad y que rompe con muchos tópicos al uso. Por ejemplo, «que un militar de carrera tenía necesariamente que ser franquista -afirma su nieto-; que un católico practicante tenía que ser franquista; que un hombre de ideas conservadoras tenía que ser franquista; y que un patriota español, por serlo, tenía que ser franquista. Dentro del Ejército convivían muchas familias, unas, digamos, «cha-padas a la antigua», para las que los militares eran los salvadores de la Patria y estaban legitimados para intervenir en política con las armas; y otras, más modernas, que consideraban que el Ejército era una institución que dependía del poder civil y cuyo cometido no era gobernar. Entre estos últimos se encontraba Vicente Rojo, Para él, el Ejército era una institución «al servicio de»».

Entre esos tópicos, también cuenta el de los africanistas, pero tampoco con él se cumple: «Sirvió en África y, a partir de cierto momento, se sumerge en lo que él llama «un aislamiento suicida» porque no soporta las camarillas, no soporta la prepotencia, no soporta el tufillo de superioridad y el maltrato a los subordinados. Estaba más sólo que la una y no se debía llevar bien aquellos oficiales africanistas. Así que decide volver a la Península y consigue su gran sueño, dar clases en la Academia de Toledo. Y es allí donde, siendo conservador, porque nunca dejó de serlo -precisa el autor-, va asumiendo las nuevas ideas. Es verdad que no es un liberal muy convencido pero, aunque era católico, sí tiene claras algunas cosas, como la separación de la Iglesia y el Estado. En fin, su personalidad hoy nos permite comprender las circunstancias de la época con una mayor complejidad que los relatos en blanco y negro que fraguaron unos y otros».

En el campo militar, «uno de sus grandes logros fue la construción del ejército popular. Se da cuenta de que al producirse el golpe se ha desintegrado el Estado y con él también lo hace el Ejército. Era necesario reconstruirlo, porque la única forma de enfrentarse a un ejército es con otro ejército. Logró convertir a aquellos milicianos en soldados. El proceso ocurrió poco a poco, gracias a la convivencia entre los milicianos con los pocos soldados regulares que había, y a medida que las tropas se fueron integrando de manera normal, a través de los sucesivos remplazos. Su valía como estratega militar es algo que incluso han reconocido sus enemigos. El respeto de los militares franquistas por aquel general que había al otro lado es indiscutible».

No logró la victoria de la República. Ahora bien, «cada vez que parece posible que los nacionales ganen la guerra, Rojo logra alargarla un poco más, porque era lo único que se podía hacer, prolongarla hasta que cambiara el panorama internacional. En algún momento tuvo la impresión de que podían ganar. Así se habla de un famoso «Plan C» para atacar por Extremadura y dividir la zona franquista en dos, algo que los políticos, que finalmente eran los que decidían, nunca tuvieron claro».

Al terminar la guerra, Rojo partió el exilio y cuando se sintió morir quiso regresar a España. Fue juzgado por «rebelión militar continuada», condenado a cadena perpetua, indultado pero inhabilitado para siempre. «Murió en 1966 defendiendo su honra pues su hoja de servicios era intachable».