Gonzalo Pérez Jácome, tras ser proclamado alcalde de Orense
Gonzalo Pérez Jácome, tras ser proclamado alcalde de Orense - EFE
NUEVAS CORPORACIONES

Gonzalo Pérez Jácome lleva su «performance» populista a la alcaldía de Orense

El nuevo regidor de la tercera ciudad gallega es conocido por sus modos estrafalarios, sus tertulias inclasificables y los insultos a sus rivales

SANTIAGOActualizado:

En las redes sociales corren como la pólvora, desde ayer, vídeos de sus tertulias en su canal de televisión Auria TV, alguno tan célebre como el de su diatriba, hace más de una década, sobre la falta de notoriedad de las festividades orensanas, en el que llega a poner los pies sobre una mesa repleta de botellas de vino vacías y vierte varios exabruptos entre la exaltación de sus contertulios.

Toda España empieza a descubrir a Gonzalo Pérez Jácome, desde este sábado alcalde electo de Orense, la tercera ciudad más poblada de Galicia, líder de un partido independiente, Democracia Ourensana, que fundó hace casi dos décadas y con el que no llegó a las 300 votos en las elecciones municipales de 2005. «Si me dicen que íbamos tardar 18 años en llegar hasta aquí, en mi vida me hubiera metido en ese fregado», revelaba ayer sin empacho. Un «emprendedor», como se define a sí mismo, artífice de negocios como una tienda de instrumentos musicales y sonido, atleta amateur, fogueado en «las peores universidades de Estados Unidos».

La etiqueta de «friqui» le ha acompañado siempre mientras no escatimaba en insultos a sus rivales, en la última legislatura con especial inquina al PP, con el que, carambolas de la política, ha terminado aliándose para llegar a alcalde. Algo que, confesaba tras recibir el bastón de mando, todavía estaba asimilando. «Todavía no estoy mentalizado», admitía en un discurso improvisado. Probablemente un sentimiento compartido por muchos orensanos.

Durante la última campaña su mejor ocurrencia fue presentar un robot parlanchín que, entre otras perlas, proclamaba: «¡Fuera, caciques!», en velada alusión a su gran obsesión, Manuel Baltar, presidente de la Diputación de Orense, a quien ha dedicado un interminable reguero de insultos durante estos años. Irónicamente, el pacto firmado por DO y PP permitirá a Baltar seguir en el cargo. Si éste hablaba de «historias pasadas» para justificar el acuerdo, el propio Jácome llegaba a comparar el entendimiento con «pactar con el diablo» para alcanzar el «cielo» de la alcaldía. «Fumata blanca», anunciaba en sus redes sociales una vez divulgado el pacto.

Populista, controvertido, excesivo. En Orense ya no sorprenden sus modos. Su canal Auria TV está repleto de momentos inclasificables. «Cinco, cuatro, tres...», recita antes de lanzar su «speech». Sirva de ejemplo un vídeo en el que trata de impedir que un «policía condenado por falsificación de multas» se marche en su vehículo, según Jácome aparcado ante una salida de emergencia. Junto a un compañero, el ahora alcalde se coloca ante el coche y amenaza con denunciar por atropello al conductor. La Policía acaba interviniendo.

El canal de YouTube de Auria TV recoge intervenciones que permiten hacerse una idea de un estilo heterodoxo, personalísimo y que agota los calificativos. Con montajes de escenas de duelos en el Lejano Oeste en los que se insertan su rostro y el de Baltar. Discursos rodeado de las guitarras que vende en su negocio y «performances» como bloquear con su coche la salida de un parking por asegurar que es ilegal.

Con alocuciones en plenos oficiales donde mezcla Los Simpson con Urdangarín, Bienvenido Mr Marshall y el pequeño Nicolás, y dedica epítetos donde «el pájaro éste» es de lo más suave.

«No estoy eufórico»

Al frente de un partido que, asegura, «no es de derechas ni de izquierdas, sino de Orense», el Jácome alcalde es toda una incógnita. De Donald Trump se especuló con un posible cambio de formas una vez se convirtió en presidente. Se esperaba que el cargo le suavizara; no fue así. Por lo de pronto, el nuevo alcalde orensano dedicó sus primeras palabras tras ser proclamado a explicar que «no iba a cambiar» tan rápido. Al menos, en lo que se refería a llevar un discurso escrito y ponerse traje con corbata.

El resto, está por ver. Su discurso de proclamación fue una oda a sí mismo, con menciones al «destino», a una «especie de llamada que no es religiosa pero no puedo evitar», a la necesidad de encargarse de «salvar» Orense. Una extraña mezcolanza de alusiones a haber «fracasado en casi todas» sus aventuras y del vicio de «procrastinar». Algo así como una confesión de que en la política había encontrado su tabla de salvación personal y la senda para encauzar el rumbo.

«No estoy eufórico», afirmaba este sábado, tras explicar que todas las felicitaciones que había recibido desde la víspera le habían dejado frío. «Una persona me dijo: 'felicidades'. Y pensé: ¿Por qué?'. 'Cumpliste un sueño'. Dije: 'Para nada, no cumplí ningún sueño, no siento realmente nada'», relataba en ese «speech» improvisado que denotaba que él era el primero que iba a necesitar un tiempo para asumir lo ocurrido.

Lo que ha ocurrido es que, tras perder un edil el 26-M, se encontró con la «carambola» de que el PP, el partido al que trató de desbancar con reiterados intentos de moción de censura la pasada legislatura, haciendo la vida imposible al alcalde saliente, Jesús Vázquez, encontró un mal menor en ungirle alcalde a cambio de conservar la Diputación.

España ya conocía a Abel Caballero. Gonzalo Pérez Jácome coge número para dar el salto al estrellato definitivo.