Luis Ojea - LA SEMANA

La frívola irresponsabilidad

Subir el salario mínimo un 22% no saldrá gratis. Es la política de golpes de efecto y populismo trilero

Luis Ojea
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la política de golpes de efecto de Pedro Sánchez no solo es un error. Es pura irresponsabilidad. Una colosal equivocación que en los próximos meses va a poner en peligro la recuperación económica de Galicia. No es baladí lo que está en juego. La creación o la destrucción de miles de puestos de trabajo y el impulso o abandono de inversiones que estabilizarían o pondrían en cuestión la pujanza de sectores estratégicos del tejido industrial de la Comunidad. Y de ello serán responsables todos los actores políticos que por activa o por pasiva avalen o permitan con su silencio cómplice esta tremenda temeridad.

La magnitud del error lo muestra la EPA que se publicaba esta semana. A diferencia del delirante CIS de Tezanos, la Encuesta de Población Activa muestra una foto fija razonablemente fiable de la situación del mercado laboral. Tres datos. En Galicia se han creado en el último año 33.200 empleos. El 94 por ciento de los contratos firmados en la comunidad en 2018 fueron indefinidos. Y la tasa de paro queda en el 12 por ciento, en niveles de hace una década. Todo ese avance, toda la recuperación de empleo que tanto ha costado tras la recesión, se va a poner en juego por pura frivolidad.

Subir el salario mínimo un 22 por ciento no saldrá gratis. Tampoco resultará inocua la contrarreforma laboral que ultima el Ejecutivo Sánchez para antes de las municipales. Mañana, con la publicación de los datos de paro registrado, empezaremos a constatar el importe de la factura. Dentro de un año tendremos una imagen más completa de los efectos que tendrá para Galicia esta política frívola de un Gobierno irresponsable.

La política de golpes de efecto y populismo de trilero de feria solo nos puede llevar al abismo. Lo que necesita el mercado laboral, el gallego y el del resto de España, es una reflexión serena, alejada de tentaciones electoralistas. Las subidas indiscriminadas de sueldos, tanto en el sector privado como en el público, son pan para hoy y hambre para mañana. En algún momento habrá que empezar a hablar en serio de vincular salarios a productividad. De penalizar el absentismo. De repensar el papel de los sindicatos. De redefinir la negociación colectiva. Y, en definitiva, de flexibilizar, de verdad, las relaciones laborales en este país.

La reforma laboral del Gobierno Rajoy apenas permitió recorrer un pequeño trecho en ese sentido. Aún así, ese timorato avance permitió que hoy en Galicia haya 128.000 parados menos que al finalizar 2012. Pero queda todavía bastante camino hasta poder recuperar el pico de ocupación registrado en 2007 y 2008. Y con Sánchez al timón iremos justo en dirección contraria.

El crecimiento ya se está ralentizando. Hay síntomas evidentes, especialmente en el sector industrial, de que la fase expansiva del ciclo se está agotando. Ahora, justo ahora, se necesitan reformas valientes que nos preparen para afrontar el nuevo escenario. Cuando la economía avance a un ritmo inferior al 2 por ciento ya no se va a crear empleo con tanta facilidad. Eso en el mejor de los casos. En el peor, empezaremos a ver mes a mes cómo se pierden puestos de trabajo. Y el final de esa película ya lo conocemos.

Sí, la frívola irresponsabilidad de Sánchez va a dañar seriamente la recuperación económica de Galicia. En realidad, el líder socialista está sentando con sus desvaríos las bases de una futura recesión. Cualquier paso que retroceda en la desregulación del mercado laboral y asfixie la contratación nos aboca a un horizonte de más paro. Cualquier medida que favorezca que se dispare la inflación nos acerca a una nueva crisis. Y de ella será tan responsable el PSOE como sus socios rupturistas y nacionalistas y cualquier otro actor político que, por temor al coste electoral de pronunciarse en contra de medidas populistas de corto alcance, permanezca callado ante un dislate de esta magnitud.

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