Francisco Marín, en la sede de la Confederación Hidrográfica
Francisco Marín, en la sede de la Confederación Hidrográfica - BRAIS LORENZO
PRESIDENTE DE LA CONFEDERACIÓN HIDROGRÁFICA MIÑO-SIL

Francisco Marín: «Galicia está interiorizando una falta de agua que es normal en el Mediterráneo»

El responsable del organismo de cuenca asegura que lo peor de la sequía ha pasado ya, pero la escasez ha venido para quedarse

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Una parte de las preocupaciones de Francisco Marín no se encuentra en su despacho, ni en los caudales del Miño y el Sil, sino en el cielo. A la espera de que las lluvias del otoño amorticen la sequía, el responsable del organismo de la cuenca receta en conversación con ABC una mezcla de conocimiento, prevención y responsabilidad para gestionar la falta prolongada de precipitaciones.

—¿Consulta mucho el parte meteorológico estos días?

— [ríe] Desgraciadamente. Lo consultamos con la esperanza de que el anticiclón de las Azores, el maldito anticiclón, se marche ya de una vez y permita que las borrascas no pasen por el norte de Europa y ya entren por Galicia y de alguna manera solucione el problema de escasez de agua que estamos padeciendo.

—¿Qué otoño nos hace falta para salir o al menos mejorar de esta situación? Recientemente nos dijo que precipitaciones de 70 litros por metro cuadrado…

—Para entrar en normalidad tiene que llover bastante, del orden de 400 o 500 litros por metro cuadrado, que es mucha lluvia. Es necesario además que se produzca en varios meses, si no produciría daños. Todo lo que sea llover más de 40, 50 litros en 24 horas no es aconsejable. Venimos de un año hidrológico muy seco, con un 38 por ciento menos de media de lluvia. No hace falta que entren una, ni dos; sino muchas de las borrascas del Atlántico. Ojalá que esto dentro de cuatro o cinco meses sea una mal sueño.

—De momento la alerta no implica restricciones al consumo pero, ¿tenemos que prepararnos para ellas?

—Para el abastecimiento urbano y los menesteres diarios el agua está asegurada. Las administraciones tenemos que conseguir nuestro objetivo más prioritario, que es el abastecimiento. Hay muchísimos núcleos de población en Galicia que se abastecen de manantiales por gravedad, como en los montes cercanos, que notan la falta de agua. Las grandes ciudades, núcleos o villas no tienen ningún problema. Se abastecen de embalses o ríos regulados y la capacidad de almacenamiento todavía es suficiente como para garantizar estos usos.

—También dijo que si el almacenamiento de agua bajaba del 40% había que decretar la alerta de emergencia, ¿qué medidas implicaría?

—Yo espero no llegar a una situación de emergencia, hemos pasado ya el verano, cuando más se necesita agua. Los cultivos prácticamente ya han cumplido sus ciclos y no necesitan el agua para regar. Incluso las personas en otoño también usan menos agua que en verano, cuando viene más población de fuera y hay más usuarios. En fin, al situación de emergencia se daría cuando hay una situación prolongada de sequía y tendremos que poner en valor reservas estratégicas y otro tipo de actuaciones siempre buscando la garantía del abastecimiento de la población.

—¿Se vería comunicando a Gas Natural que embalses como los de Velle, Belesar o Peares deberían dejar de producir energía?

— Podría llegar. Una de las medidas podría ser esa con el objetivo de mantener agua embalsada. Pero la realidad es que este año la producción hidroeléctrica ha bajado muchísimo. Tengo que decir que la coordinación con Gas Natural es satisfactoria. Hemos tenido problemas este fin de semana precisamente por la bajada del embalse de Velle en las tomas de algunos ayuntamientos. Todos somos sensibles a esta situación y ellos mismos también están colaborando para garantizar el abastecimiento.

—En 2014 aseguró que la provincia de Orense estaba saturada de embalses en el Miño.

—Seguramente me hice eco de un acuerdo del Parlamento autonómico en 2010. Puso de manifiesto que los ríos estaban saturados de barreras. En el fondo las presas son barreras. Aquí llueve bastante y eso ha condicionado la demarcación. Pocos espacios quedan ya para nuevas concesiones. Me extraña que se pueda construir alguna nueva presa.

—Desde el punto vista personal, ¿siente impotencia ante una situación que afecta a su responsabilidad pero que no puede invertir?

—No se puede hacer nada, claro. Ojalá que llueva pronto. Pero sí estamos haciendo otras cosas, por ejemplo, a través de los medios de comunicación campañas para llegar a toda la población. En esta época prolongada de sequía intentamos hacer un uso más responsable a nivel particular. Un ciudadano no cuenta mucho, mil ciudadanos más, y quinientos mil es más que se ahorra.

—¿Percibe a nivel de calle que estamos empezando a cambiar de mentalidad?

—Sin duda, es recurrente… Incluso me encuentro con conocidos que cada vez que me ven me preguntan cómo van los embalses o si tendremos agua suficiente. En Galicia se está interiorizando lo que es normal en otros puntos del Estado, como el arco mediterráneo. La falta de agua es un problema crónico y la vecindad lo tiene mucho más interiorizado. Esta situación seguro que se va resolver, pero también es bueno que interioricemos que tenemos que ahorrar y que si esa escasez la derrochamos estamos haciendo un flaco favor al ecosistema.

—Precisamente por esos cambios en el clima, ¿hay que repensar el modelo de gestión pública de agua?

—Tenemos que adaptarnos todos. Nosotros queremos ser activos para prepararnos para el cambio climático. Presentamos un proyecto transfronterizo del que hemos sido beneficiarios, con 2,5 millones de euros, y precisamente este dinero lo vamos a invertir en conocimiento de las cuencas del Miño y del Sil y en estar preparados mejor ante estos fenómenos extremos.

—Una cuarta parte del agua potable se pierde en las redes de abastecimiento, hasta se habla de fugas de 40 metros cúbicos.

—Las administraciones tienen que pensar que las redes son de cientos de kilómetros. En Galicia, si la media del Estado está en un 30% de pérdida de agua, aquí estamos algo mejor según los datos de las operadores. Esto pasa porque las redes llevan más de 30 o 40 años en ejecución y aunque todos los años se van renovando hay algunas que ya tienen cierta antigüedad. Seguramente habrá que entrar en nuevos conceptos, como el drenaje urbano sostenible.

—En la confederación calificaron que el estado ecológico de al menos 77 de 204 masas de agua eran buenas, pero si se producen estos vaivenes, ¿podría cambiar su calidad?

—Indudablemente influye. Lo que está claro es que un río con poca agua que como una persona debilitada a efectos de un vertido. Contamina mucho más y ahí puede abrir un problema.