Juan Soto - El Garabato del Torreón

Fleta, muerte en Galicia

Para algunos, fue la mejor voz española de todos los tiempos; para no pocos, el mejor tenor de su época

Juan Soto
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No estoy seguro de si, en aplicación de la Ley de Revancha, acabará desapareciendo de A Coruña la memoria epigráfica de la estancia de Miguel Fleta en esa ciudad. Todo es posible. Para algunos, Fleta fue la mejor voz española de todos los tiempos; para no pocos, el mejor tenor de su época, pese a la brevedad de su carrera, dilapidada por no saber poner límites ni a compromisos ni a repertorios. Murió hace ochenta años, en un piso de la coruñesa plaza de Ourense, abierto al mar, a un paso de los jardines de Méndez Núñez. Una placa recuerda el fallecimiento del tenor aragonés el 29 de mayo de 1938. Allí recibió la visita del doctor Jiménez Díaz, llegado con la mayor urgencia desde San Sebastián.

Algún biógrafo apunta el detalle de que Fleta murió cantando algún pasaje de la ‘Marina’ de Arrieta. Tal vez se trate de mera fantasía. Podría autentificar (o desmentir) la anécdota la ilustre pianista coruñesa Carmen Díez Martín, que estuvo presente en los últimos momentos del cantante. Pero la ilustre catedrática de piano nos dejó hace un par de años, ya bien rebasado el siglo de vida.

Fleta podría ser el paradigma del artista incapaz de administrar sus dotes superlativas. De las razones de esa torpeza se ha escrito mucho y hay teorías para todos los gustos. Nosotros nos adherimos a la que vincula el ocaso del tenor aragonés a su separación de Luisa Pierrick, su primera esposa y, antes que eso, la maestra que fue capaz de tallar un diamante en bruto y convertir a un jotero de pueblo en el sucesor de Caruso.

La presencia de Fleta en Galicia se multiplica a partir de su vinculación con Falange. Pero ya sus facultades habían empezado a caer en picado. En Lugo suspende un concierto. En Vigo, otro. En A Coruña, otro. En sucesivos alardes de chaqueterismo, quien había empezando siendo monárquico, se declararía sucesivamente devoto republicano y falangista entusiasta y hasta fanático. El `Cara al Sol´ fue, en sus últimos recitales, propina obligada. No hay constancia registrada, sin embargo, de que hubiese grabado la famosa «jota de amargura» dedicada a José Antonio Primo de Rivera. La prensa republicana recibió la noticia de la muerte de Fleta sin asomo de pesar. Más bien lo contrario. Fue amortajado con la cogulla franciscana y enterrado en el cementerio de San Amaro. Allí reposó hasta 1941, en que su familia decidió su traslado al de Torrero, en Zaragoza.

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