Albor, durante su última entrevista con ABC
Albor, durante su última entrevista con ABC - MIGUEL MUÑIZ
ADIÓS AL PADRE DE LA AUTONOMÍA GALLEGA

Fallece Gerardo Fernández Albor, primer presidente autonómico de Galicia

El político, de cien años de edad, fue el artífice de la construcción del autogobierno gallego

SantiagoActualizado:

Gerardo Fernández Albor, primer presidente autonómico de Galicia, ha fallecido este jueves a los cien años de edad. Albor, médico de vocación, alcanzó la jefatura de la Xunta de Galicia en el año 1982 de la mano de Alianza Popular y Manuel Fraga, cargo que ostentó hasta 1987 tras prosperar una moción de censura auspiciada por algunos de sus antiguos aliados. Está considerado como el artífice de la construcción del autogobierno gallego.

El político, nacido en Santiago de Compostela y padre de siete hijos, cumplió el pasado mes de septiembre un siglo de vida, y lo hizo tanto arropado por el afecto de su familia como por el reconocimiento generalizado de la clase política en España y Galicia. Hace un año, recibió de manos de Mariano Rajoy, uno de sus discípulos en política, la Medalla al Mérito del Trabajo. Entonces, en confesión con este diario, admitió encontrarse «bien, pero muy cansado». Además de aquel homenaje, Albor recibió en 2009 la Medalla de Galicia y en 2013 la Gran Cruz de la Orden de Isabel la Católica.

Pero las medallas no fueron sino uno de los muchos méritos que jalonaron su vida. Desde que comenzó su andadura en la Medicina, fundó la popular Clínica La Rosaleda de Santiago, alrededor de la cual comenzó a trabar relación con los cenáculos del galleguismo cultural durante el franquismo. Antes, había sido aviador, con periplo incluido en la Luftwaffe. Su relación con Alemania no se detuvo ahí: en 1989, durante su etapa como europarlamentario, presidió la comisión para reunificación germana. Hoy, su retrato cuelga de los pasillos del Bundestag.

Ese mismo año contribuyó a la fundación del Partido Popular de Galicia a partir de los rescoldos de Alianza Popular, maltrecha en la Comunidad a raíz de la moción de censura planteada en 1987 contra su gobierno desde las filas del PSdeG-PSOE, el Partido Nacionalista Gallego (PNG) y Coalición Galega (CG), formación ésta última abanderada por su antigua mano derecha y promotor de su caída, Xosé Luis Barreiro Rivas. «Tuvimos que levantar una autonomía histórica», ha afirmado Barreiro esta mañana en la TVG.

En su haber como responsable de la primera Xunta figura el impulso de las obras en el actual Pazo de O Hórreo, sede del Parlamento, el traslado de las oficinas del ejecutivo a su actual emplazamiento en San Caetano, o el impulso a la radio y televisión públicas de Galicia (CRTVG), encuadrada dentro de su apuesta por la normalización del gallego en la vida pública.

«Estoy orgulloso de haber servido. Por lo menos el día que te vayas, descansas. Yo ya cumplí con mi deber», declaró en la última entrevista con ABC, en abril del 2017.

Sobre Rajoy y Feijóo

En aquella conversación, Albor reclamó a la nueva hornada de líderes «que sigan queriendo la democracia», y mostró su preocupación por algunos de los lastres que atenazaban el servicio público: «Hoy los políticos no han demostrado saber vivir de otra cosa», decía en una de las muchas reflexiones en las que se deshacía en elogios hacia sus pupilos: Mariano Rajoy y Alberto Núñez Feijóo.

«Yo conozco a Rajoy desde niño. Antes de dedicarse a la política, sacó unas oposiciones que lo harían millonario en un año (...) Ahora, cuando la gente se mete mucho con él, pienso que nos ha colocado después de la crisis al frente de Europa. Somos la nación que más crece en el continente y esta es una obra de Rajoy. En la última reunión, ¿viste?, ya quieren que dirija la Unión Europea. Y aquí es un desgraciado», aseguraba sobre el expresidente del Gobierno.

Sobre Feijóo, destacaba su éxito en las urnas («nadie sabe lo que es ganar por mayoría absoluta tres veces seguidas») y su potencial para dar un relevo a Rajoy que finalmente recalará en otra persona.

Una nueva Galicia

Albor, un democristiano con un acerado sentido del galleguismo, tampoco dudó en destapar la cara oculta de partidos como el PNV, a quienes socarronamente calificaba de «zorros», ni en atizar las afrentas a la legalidad del secesionismo: «Yo le preguntaría a los independentistas: ¿Y usted qué moneda va a tener? Es de coña».

Su apuesta en cambio fue por explotar las posibilidades del autogobierno, como en el caso de las infraestructuras o la sanidad, de la que era buen conocedor: «La sanidad que yo conocí y la de ahora no tiene comparación. Estar los enfermos con paraguas en la cama por culpa de las goteras».

«Galicia ha mejorado un disparate», solía decir.