La familia de Curro, deposita flores y textos de recuerdo en el puente sobre la vía de Angrois - MIGUEL MUÑIZ / Vídeo: El maquinista que condujo el Alvia siniestrado aseguró que era un «accidente anunciado»
Cinco años de la tragedia del Alvia

«Esta es la fosa de mi hijo. Aquí se quedó»

«Ahora que ya no estamos todo el rato llorando, el aniversario es ante todo reivindicación», apuntan las familias. «Nosotros a estas alturas pensamos, ¿de qué nos vale ya el perdón?», dice Cristina Liras, madre de un fallecido

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El sol cae a plomo. Se acerca la una del mediodía y Ricardo Martínez refresca con un pulverizador las flores que los allegados de las víctimas del Alvia siguen dejando en la valla que protege el paso sobre la vía en el barrio compostelano de Angrois. «De vez en cuando vengo por aquí, para que no se sequen mucho», dice este vecino. El 24 de julio de 2013 él dormía cuando a las 20.41 horas el tren que cubría el trayecto Madrid-Santiago descarriló en la curva de A Grandeira dejando 80 muertos y más de 140 heridos a las puertas de una capital gallega preparada para celebrar sus fiestas mayores. «Estaba durmiendo para ir a después a trabajar, estaba de panadero y tenía que entrar a las dos de la mañana. Saqué del tren a una chica de Madrid, y saqué a más gente, vivos y muertos», recuerda Martínez mientras recorre el puente cuidando de refrescar cada flor natural. «Estas de aquí son por Celtia y Eva, ayer estuvieron aquí sus madres», dice con la familiaridad que dejan cinco años ya de recuerdos y emociones compartidas. «No hay día que no piense en ti. No estás físicamente pero vives en mi mente y en mi corazón», escribe a su nieta la abuela de Celtia en un texto amarrado a la valla. Celtia acababa de titularse en Magisterio, cumpliría 22 años en el mismo mes del accidente y viajaba a Santiago con su prima Eva para reencontrarse con sus compañeros de Erasmus.

Flores, escritos, peluches, pulseras o conchas de vieira (Angrois es lugar de paso para los peregrinos del Camino de Santiago) mantienen vivo el recuerdo de los que ya no están. Siguen llegando personas a la valla, cuentan a las puertas del bar O Tere, ya cerrado por jubilación de su propietaria. Y los mensajes colgados sobre la vía avivan la memoria, aunque, dice José Puga, vecino de Angrois, «olvidar nunca se olvida, aunque ahí no hubiese nada».

En el cruceiro instalado en memoria de lo sucedido descansan también dos ramos de flores depositados por el Moto Club Estriberas del Navia. «Esta es la fosa de mi hijo. Aquí se quedó», dice Cristina Liras. Ha venido desde Segovia junto a su marido Javier García y los tíos de su hijo Curro para participar en los actos de este quinto aniversario de la tragedia. «Este lugar es significativo, claro, pero también venimos a reivindicar. Ahora, a cinco años vista, estamos un poquito mejor; ahora que ya no estamos todo el rato llorando, el aniversario es ante todo reivindicación», indica Liras.

Ella es una de las madres que han puesto voz a las víctimas en la comisión de investigación en marcha en el Congreso de los Diputados. Su hijo tenía 27 años, estudiaba Veterinaria y viajaba a Santiago invitado por una amiga. «Curro siempre se iba en su coche pero ese día...», recuerda Cristina, mientras su marido se afana en colocar sobre la verja un escrito sobreimpreso en una foto del joven. Un poco más arriba se mantiene intacto el que dejaron el año pasado. A su lado, la tía de Curro desenreda una cadena de corazones en los que se pueden leer los nombres de la familia. Su sobrino, dice, fue «todo un ejemplo de persona, el hijo que todo padre desea, el alumno que querría cualquier profesor... y todo un referente para sus primos».

Hoy estarán en la manifestación que recorrerá en Santiago el trayecto que separa la estación del tren de la plaza del Obradoiro. Este quinto aniversario llega con una comisión de investigación abierta en el Congreso y con pasos adelante en la investigación judicial, que suma ya siete personas imputadas, entre personal con responsabilidad en Adif, Renfe y el Ineco, además del maquinista, Francisco José Garzón Amo, único señalado durante años, que aquel 24 de julio, tras atender una llamada de teléfono del interventor, circulaba a 190 km por hora en un punto en el que debía hacerlo a 80.

Verdad y reparación

En la comisión de investigación del Congreso el maquinista volvió a pedir perdón a las víctimas, que siguen reclamando «verdad y reparación». «La realidad es que no había señalización lateral, no había nada. No hubo análisis de riesgo, se modificó el proyecto y se dejó sin seguridad. Y se quitó el frenado automático porque el departamento comercial de Renfe se lo solicitó a Adif», dice el padre de Curro. El único que ha pedido perdón es el maquinista, subraya su mujer, «aunque te voy a decir una cosa, nosotros a estas alturas pensamos ¿de qué nos vale ya el perdón? Han pasado cinco años».