Un grupo de jóvenes trabajadores de Hotusa, en las instalaciones de Chantada (Lugo)
Un grupo de jóvenes trabajadores de Hotusa, en las instalaciones de Chantada (Lugo) - MIGUEL MUÑIZ

¿De dónde salen tantos jóvenes en Chantada?

Internet se convierte en un aliado contra la despoblación en plena Ribeira Sacra

Chavales de entre 22 y 35 años con alta formación gestionan hoteles de Asia a América desde esta localidad de Lugo

SantiagoActualizado:

Alba Fontán y Paula Novoa trabajan en el departamento de contratación del primer consorcio de hoteles independientes a nivel mundial. Podrían hacerlo en la sede central en Barcelona o en alguna de las delegaciones en Madrid, París, Londres, Roma, Lisboa, Buenos Aires o Bangkok. Pero han elegido hacerlo en Chantada, una localidad de la provincia de Lugo donde casi dos centenares de jóvenes licenciados se ha propuesto invertir la inercia del envejecimiento y la despoblación, un guión que se repite en la mayoría de los municipios del interior de Galicia.

Las estadísticas dicen que en Chantada hay algo más de 8.000 vecinos repartidos en casi cuarenta aldeas, con una edad media de 50,3 años; que solo un 13% está por debajo de la veintena, y que un 31% ya se ha jubilado. Pero en Chantada las estadísticas oficiales mienten. Ignoran que desde finales de 2012 no dejan de llegar veinteañeros y treintañeros al número 37 de la calle Rosalía de Castro. Los ha contratado el Grupo Hotusa, fundado en 1977 por el empresario chantadino Amancio López Seijas. Cada vez son más.

«Siempre tuve una inquietud sobre cómo podían evolucionar estas zonas rurales», explica al teléfono. Hace más de una década que, durante el pregón de la Feria del Vino en esta localidad de la Ribeira Sacra, Alberto Núñez Feijóo y José Manuel Barreiro —que entonces no eran ni presidente de la Xunta ni portavoz del PP en el Senado— animaban a López Seijas a apostar por Chantada. Poco después llegó la crisis y hubo que aparcar cualquier iniciativa. Hasta ahora, que «con la revolución digital deslocalizarse es fácil. El trabajo puede estar en cualquier sitio porque la comunicación es online y las empresas deben ir donde esté la calidad humana». Este empresario, que conoce bien las cualidades de sus paisanos, decidió proponerle esta aventura a su equipo. «Pensé que les parecería descabellado, pero me sorprendió la ilusión con lo que lo asumieron», subraya. El proyecto arrancó en la entreplanta con tan solo siete trabajadores.

Antonio Granados y Guillermo Rodríguez aún recuerdan aquel primer día. El primero llegó desde Córdoba. El segundo es lugareño, «con los ocho apellidos chantadinos», bromea. Hoy dirigen el departamento de contabilidad, donde 80 empleados gestionan las facturas o los balances de hoteles repartidos por Europa, América o Asia. Poco a poco se incorporó el resto. Mateo Varela, desde Lugo, al frente del área de marketing online que diseña y provee de contenidos y tráfico a las webs de hoteles en distintos idiomas. O Iván López, desde el municipio de Sarria, que dirige el área de informática. El polaco Marcin Napieraj llegó el pasado otoño. De él depende todo lo relacionado con las reservas.

De tú a tú desde el rural

«El trabajo en la oficina es como en una gran ciudad, pero sales y —chasquea los dedos— todo es tranquilidad». Un piso más arriba, es Mateo quien habla. Por su ventana brotan árboles y un riachuelo. «A los compañeros de otras oficinas que nos visitan les da envidia. Se agradece trabajar en este entorno con un empleo de calidad, con profesionales con másteres y varios idiomas que eligen quedarse aquí. Competimos de tú a tú con grandes marcas. A partners como Google o Tripadvisor les sorprende nuestra ubicación», relata. No echa de menos el ruido de su etapa en Barcelona, «aunque también renuncias a otras cosas».

La mayor parte de sus colegas son gallegos que durante la semana viven en Chantada. Alba y Paula proceden de O Grove, en las Rías Baixas, y Ponteareas, al sur de Pontevedra. El café de mediodía lo toman a veces en el embalse de Belesar. Presumen de un ambiente de «familiaridad que ayuda a crear un equipo estable». No es difícil encontrar a parte de la plantilla llenando alguno de los dos gimnasios del pueblo, la piscina municipal o varios de sus muchos bares. «Hace unos días pasé con el coche por la plazuela y prácticamente en todas las mesas había gente de Hotusa», comenta Guillermo. Él mejor que nadie aprecia la influencia de este desembarco en su pueblo: «Se ha notado mucho en la actividad económica. Mi madre, sin ir más lejos, regenta una tienda y lo percibe. No es que se hayan abierto muchos negocios, pero varios de los que estaban en apuros han remontado. Antes casi se sorteaban los pisos vacíos y ahora es difícil encontrar un alquiler. Y han subido los precios».

En el restaurante A Faragulla —especialistas en brasa, pero que hoy preparan unas sabrosas alubias con gambones y navajas— se sorprenden al enterarse de que en Hotusa ya son casi dos centenares. Para muchos es el primer contrato que firman. En una de sus mesas, almuerzan una decena de ellos. «Muchos vecinos no terminan de saber bien a qué nos dedicamos. Nos llaman "los de los hoteles"», ríen.

Su presencia se percibe. Si se echan cuentas, un 2% de la población local trabaja en esta empresa, la primera en nóminas por delante de una cooperativa agrícola-ganadera, una sidrería y el propio Ayuntamiento. La previsión es seguir creciendo. «Los equipos crecen en función de su capacidad para ser eficientes y competitivos. Para ello tienen que contar con los líderes adecuados. En la medida en que lo sean, y en este caso sucede, seguirán reforzándose», explica López Seijas.

Un prado de 8.000 metros cuadrados servirá para construir a medio plazo una renovada sede más amplia que la actual. Ante ella posan para ABC todos los trabajadores .... y cinco cigüeñas. En los minutos en que se preparan para entrar todos en el objetivo, no dejan de pasar coches. Al volante, muchos miran pasmados, otros sonríen y aprietan el claxon para expresar su alegría por la escena.

Receta para triunfar

Sin las posibilidades que ofrece la digitalización este proyecto no habría sido viable décadas atrás. Pero eso no es suficiente. López Seijas considera imprescindible contar con personas «motivadas y comprometidas», en entornos «donde se promueve la creatividad y la innovación disruptiva para encontrar caminos nuevos. El factor humano es absolutamente clave. El sentido de la responsabilidad en zonas como esta continúa muy arraigado, ha pasado de generación en generación. Todo esto, aunque a alguien le pueda sonar a poesía, es lo que marca la diferencia». «Ojalá esto sea un círculo virtuoso. La decadencia parecía irreversible y ahora se ve como una oportunidad», confía el empresario. En la receta para lograrlo, no cree demasiado en los estímulos económicos de la administración, a quien en cambio le encomienda dos tareas: potenciar el aprendizaje de idiomas desde niños y la formación profesional. Uno de los vecinos le encomienda otra tarea a los nuevos habitantes: «Ojalá se terminen casando y procreando. Los centros de día y las residencias de ancianos son pan para hoy y hambre para mañana. A varios años vista esto puede ser una riqueza para el pueblo. Si se consolida, será un antes y un después para Chantada. Es un maná».