En los dominios de Laureano Wizner

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POR JOSE LUIS JIMÉNEZ

CASCAIS. La primera regata del GP 42 «El Desafío» la gana ya en tierra. Son una familia, un equipo humano que siente a través de las diez personas que van en su cubierta y las tres que les acompañan en la neumática de apoyo. De entre todos, merced a las arrugas que atesora en un rostro curtido por cientos de horas de sol y de regatas por su Andalucía natal y su Galicia adoptiva, Laureano Wizner, «el Colorao», el padre de todos ellos.

Es una figura merecedora de observación. No alardea, no resulta un líder estridente. Él es callado, discreto, silencioso. Y el modo que tiene de ser en el día a día es como mejor define su forma de navegar. Wizner no despilfarra palabras. Las cuida minuciosamente y las va soltando conforme se sucede la regata.

Primero, toma asiento junto a su caña, que maneja con suavidad, casi como si bailara ballet con ella, con una delicadeza impropia del rudo navegante que se le presupone a este onubense. Luego, antes de empezar, pide a su mano derecha, el táctico del «Desafío», Santiago López Vázquez -alias «Gato»- que realice el «briefing» previo a la regata de entrenamiento.

Dos caras de un barco

Si Wizner es la calma, el «Gato» es el nervio del barco. Es quien marca el compás con que se baila a bordo, el que dice cuándo se vira, el que marca el rumbo, el que constantemente se gira a Carlos Freire -el navegante- para que le proporcione datos y tiempos que procesará en su cabeza y devolverá en forma de instrucciones al resto del equipo.

En la popa, entre López Vázquez y Wizner se sienta el canario Nano Negrín, trimmer de mayor, quien es de los pocos que oye durante la navegación a Wizner, en el tenue tono de voz del patrón del «Desafío».

Por delante, otros seis tipos de la familia, cada cual con su importancia: Gonzalo «Nervio» Fernández de Velasco, a la proa; Íñigo Losada, al palo; Iñaki Martínez y sus peculiares silbidos, con los que se entiende con sus próximos en la bañera, como grinder; Pablo Díaz Munio -ayer improvisado cámara de televisión gracias a un casco con cámara que la productora le instaló-, en bañera; Cristobal «Tobal» Piris, en el piano; y Fernando Sales, trimando génova y spi.

Si no se les conoce por su cara o sus formas, siempre quedará el recursos de fijarse en la trasera de sus zapatillas blancas, donde cada uno ha marcado su nombre, su apodo, sus iniciales o su marca personal. Son familia, pero cada uno es hijo de su padre y de su madre, no se engañen.

Buenas vibraciones

La regata de entrenamiento les dejó con un buen sabor de boca. La salida fue buena, por el centro de la línea, entre el «Roma» y el «Near Miss», con quienes mantuvo una lucha estrecha hasta la primera boya de barlovento. Pero un error del «Desafío» al finalizar la última virada antes de tomar la baliza provocó un incidente con los de Paolo Cian, que obligó a Wizner a penalizarse con un giro, y montar tercero en barlovento.

La regata volvió a cobrar emoción cuando Bertrand Pacé se fue de layline y regaló al «Desafío» unas opciones que apuró hasta el final en la última popa, que pese a todo entró a una eslora del «Near Miss». Wizner sonrió. En Palma Pacé también ganó la regata de entrenamiento y acabó rindiendo pelitesía al «Colorao».