Cámara en Raxoi. Solo tres dispositivos apuntan directamente a la fachada de la Catedral, pero ninguno graba. Además, si hay niebla o llueve mucho ofrecen una imagen muy mejorable
Cámara en Raxoi. Solo tres dispositivos apuntan directamente a la fachada de la Catedral, pero ninguno graba. Además, si hay niebla o llueve mucho ofrecen una imagen muy mejorable - MIGUEL MUÑIZ
AGRESIONES AL PATRIMONIO

Así se (des)protege Santiago

Ninguna de las 32 cámaras de control repartidas por la capital gallega graba. Tan solo retransmiten en tiempo real

Una única persona controla la sala de pantallas. Las imágenes saltan de una a otra de manera intermitente

SantiagoActualizado:

Dos ataques en cuestión de medio año han dejado en evidencia la seguridad de la zona antigua compostelana, cuya Catedral se ha convertido en diana de los vándalos y sus esprays. El primero de los ataques, el pasado verano, afectó a una talla del siglo XII y reveló que el circuito de cámaras que deberían proteger este Patrimonio de la Humanidad era insuficiente. Tanto, que seis meses después del incidente y pese a la investigación puesta en marcha, no hay pistas sobre la identidad de la persona que pintó la piedra con rotulador. Ya en ese momento el Cabildo exigió más medidas de control —de ellos solo depende el interior del templo—, pero el alcalde, Martiño Noriega, miró hacia otro lado. Esta semana, una oleada de pintadas en el entorno de la basílica han vuelto a poner la seguridad de la zona en tela de juicio y, al mismo tiempo, han revelado la negativa del gobierno de Compostela Aberta a mejorar la protección de la urbe, pese a la cercanía del Año Santo. La respuesta de los de Noriega, tibia en un primer momento ante el anuncio de la Xunta de instalar un sistema que ponga fin a esta impunidad, se fue radicalizando a lo largo de la semana hasta afirmar que solo manejan reforzar lo que ya existe. Un sistema, a todas luces, deficiente.

Según fuentes del propio concello confirmaron a ABC, ninguna de las 32 cámaras de competencia municipal que deberían controlar el día a día en la capital gallega graba imágenes, lo que implica que solo muestran lo que ocurre en tiempo real. De visualizar cada reproducción se ocupa una único agente, que trabaja por turnos. Sobre cómo se produce este control, otras fuentes conocedoras de esta labor indican que a cada una de las 32 cámaras «no le corresponde una pantalla en la sala de control», por lo que el sistema va pasando de una a otra imagen de forma intermitente. Además, en condiciones de niebla, lluvia intensa o condensación —como ocurrió en la noche del último ataque— la visualización es muy deficiente.

Enrocados en el «no»

Para defender su postura, el regidor populista se abraza a que «no podemos poner un policía detrás de cada persona», pero lo cierto es que mejorar este circuito para controlar los puntos más sensibles de la almendra compostelana no sería tan complicado. Por el momento, y a espera de encontrar un resquicio legal, el Gobierno gallego ya ha anunciado que trabaja mano a mano con la Delegación del Gobierno y con el Cabildo para dar forma al proyecto. Pero la competencia es municipal y los de Noriega siguen enrocados en el «no», sin tener en cuenta la alerta nivel 4 que sigue marcando el grado de vigilancia en el perímetro de la basílica, el monumento más visitado de toda la Comunidad.

A día de hoy, solo tres cámaras apuntan directamente a la Catedral: una desde el Obradoiro, otra desde Platerías y una tercera desde la Quintana. Todas ofrecen una foto panorámica que no permite grandes alardes a la hora, por ejemplo, de realizar una investigación. La queja la protagonizan algunos agentes consultados que se han topado con la falta de medios en el desarrollo de muchas de sus averiguaciones. Ante este vacío, los policías suelen tirar de las cámaras privadas que tienen muchos de los locales, pero esta ayuda es limitada, según reconocen a propósito de casos como el de las pintadas de este lunes. La confianza en que aparezcan los culpables —se cree que fueron varias personas— es nula. Yendo un paso más allá, algunos efectivos incluso recuerdan que cámaras como las que ahora permanecen pseudoinutilizadas ayudaron a resolver crímenes como el de la pequeña Asunta, asesinada por sus padres en verano de 2013. A la niña y a su madre las captó una cámara colocada en la rotonda de la Galuresa, que ahora ya no graba.

En la Quintana. Esta cámara cubre otra gran plaza de la ciudad, después del Obradoiro, pero cuenta con las mismas limitaciones que los dispositivos ubicados en Raxoi. Y, como todas, tampoco graba
En la Quintana. Esta cámara cubre otra gran plaza de la ciudad, después del Obradoiro, pero cuenta con las mismas limitaciones que los dispositivos ubicados en Raxoi. Y, como todas, tampoco graba - MUÑIZ

Sobre la cuestionable calidad de los dispositivos con los que cuenta la ciudad —el concello no descarta mejorarlos, pero ni hablar de colocar nuevas cámaras— conocedores de la seguridad en la ciudad desvelaron que en otros emplazamientos «sensibles» sí existen objetivos capaces de grabar una matrícula a varias calles y que pueden moverse en función de la imagen que se desee ver. Y apuntan, sobre la queja del alcalde a propósito de la intimidad de los vecinos, que estas mismas pixelan la imagen cuando captan una vivienda para preservar este derecho.

¿Gran hermano?

El debate acerca de la seguridad en la capital gallega, con especial incidencia en su casco antiguo, no es nuevo. Hace una década que el alcalde socialista Xosé Sánchez Bugallo llegó a los tribunales por una denuncia contra las cámaras que colocó en la zona antigua. En este caso, todo pareció deberse a un problema formal, ya que en la sentencia el tribunal expuso que «no constaba resolución sobre las renovaciones anuales, ni las solicitudes se habían producido en plazo, ni constaban a mayores solicitudes formuladas para los años comprendidos entre 2002 y 2007».

Con la polémica de nuevo en boca de todas las administraciones, Bugallo aprovechó esta semana para posicionarse a favor del Gobierno gallego y afirmar que es «un disparate renunciar al uso de cámaras». Sobre esta afirmación, el candidato socialista a la Alcaldía de Santiago aseguró, en sintonía con los populares de la urbe, que la seguridad de la capital «no está en buen estado», por lo que «no estamos en condiciones de afrontar el Año Santo».

Un par de años más tarde del fallo que obligó a retirar las cámaras de la zona antigua, el ayuntamiento realizó un importante desembolso —1,3 millones de euros— para remodelar la sala de emergencias y tráfico de la Policía local. Se llegó a hablar de esta remodelación como «un gran hermano» que coincidió con la visita a la capital del entonces Papa Benedicto XVI. En ese momento las cámaras sí grababan y cubrían la almendra con diez focos que «pueden moverse para controlar la totalidad de las plazas» tal y como se publicó en su día. Además, había objetivos en las principales entradas al casco viejo.

Un momento vulnerable

La situación mudó con la llegada de Compostela Aberta a Raxoi, un gobierno que pretende fiar la seguridad de la Catedral de Santiago y los edificios que la circundan «a la concienciación y el respeto al patrimonio» de la gente, olvidando que la basílica recibe cada año un millón de visitas, que la han convertido en el cuarto monumento más visitado del país. Paradójicamente, también está en la cabeza en el listado de enclaves protegidos más vulnerables.