Luis Ojea - Cuaderno de Viaje

Decadencia o ética

El modelo de sindicalismo que algunos quieren seguir practicando está en decadencia

Luis Ojea
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Un trabajador que accede a la jubilación parcial puede ver reducida su jornada laboral hasta un 75% si la empresa en la que presta sus servicios firma un contrato de relevo en unas determinadas condiciones. En la práctica la legislación vigente se traduce en que un empleado en estas circunstancias debe acudir a su puesto 3 meses en el conjunto de un año hasta que se concrete su retiro definitivo. Ahora bien, hay genios que consiguen esquivar esa terrible incomodidad que supone tener que pasarse por la oficina el equivalente a una semana por mes. Es un caso real. El de una persona que parece sufrir una alergia crónica al trabajo y que estando prejubilado se apuntó unas horas sindicales para fumarse toda su jornada reducida durante tres años.

«Hoy me voy a pedir unas horas sindicales porque no me apetece la tarea que me han encomendado y prefiero irme a la playa que hace sol». Otro caso real. Es cierto que no todos los representantes sindicales son así, ni mucho menos, y que encuentras comportamientos repudiables en cualquier tipo de colectivo y grupo humano. No se trata de generalizar. Pero tampoco se puede obviar que en el sector público, especialmente en el sector público, el abuso de algunos llega a ser insultante.

Y ello puede explicar, al menos en parte, la creciente desafección hacia los sindicatos. Se ha hecho evidente esta semana en las descafeinadas movilizaciones del Primero de Mayo que han mostrado en Galicia unas organizaciones sindicales en crisis, con un menguante respaldo social. Muchos trabajadores les han dado la espalda ¿Van a aprender de los errores y abrir la puerta a otro tipo de sindicalismo? ¿Están dispuestos a despojarse de esos individuos que mancillan su nombre con comportamientos inaceptables? ¿Están dispuestos a dejar de ser megaburocracias con privilegios y apostar por un sindicalismo racional, equilibrado y autofinanciado? Seguramente no. Probablemente van a intentar aumentar la crispación social. Porque en ello les va a algunos un futuro de horas sindicales, de mecanismos de financiación con dinero público y de todo tipo de mamandurrias.Se está viendo en los estertores de la huelga en la administración de justicia. Lo ocurrido en las votaciones de la semana pasada resume muchas cosas. O para ser más precisos, describe como algunos operan con una absoluta ausencia de ética.

No, no vamos a abordar en un futuro próximo el imprescindible debate pendiente sobre la indispensable flexibilización de las relaciones laborales en este país. Ni discutiremos sobre la necesaria vinculación de salarios a productividad. No, a lo que parece que vamos encaminados es a una agenda de agitación. De consignas y pancartas. La CIG ya convocó una huelga general y las otras centrales harán lo posible por menear el avispero para no quedarse atrás.Quieran asumirlo o no, el modelo de sindicalismo que algunos quieren seguir practicando está en decadencia. El mundo, los trabajadores a los que dicen representar, va en otra dirección. En una en la que no tienen cabida prebendas ni abusos injustificables.

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