Juan Soto - EL GARABATO DEL TORREÓN

Las cosas por su nombre

Convendría recomendar a los actuales responsables del PSOE en Lugo que aprendiesen del pasado

Juan Soto
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En lo que a Lugo se refiere, la historia de lo que ahora se llama PSdeG-PSOE y antes se llamó PSOE y antes Agrupación Socialista y antes Agrupación Socialista Obrera (que aquí estuvo el origen de todo lo que vino después) está plagada de conflictos desde su constitución en septiembre de 1903. Como los actuales responsables del partido en esta demarcación luguesa desconocen por completo la historia de la organización a la que pertenecen, convendría recomendarles que aprendiesen del pasado para no tropezar cien veces en la misma piedra. Porque la pugna entablada entre Campos y Tomé por la presidencia de la Diputación no es más que la reedición actualizada de muchos enfrentamientos que singularizan la trayectoria de una organización significada por las hostilidades y las ambiciones de muchos de sus dirigentes.

Cuando el auditorio era propicio, Fole solía contar que Emilio (López) Marey, uno de los tres firmantes del reglamento de las Juventudes Socialista de Lugo y que había sido presidente de la Sociedad Tipográfica Lucense, aseguraba que, incluso en los tiempos de mayor pujanza, el PSOE lucense «é unha xaulía de grilos e cada un vai ó seu». Ni gaiola ni xaula: el bueno de Marey decía xaulía.

Entonces, los cargos institucionales y representativos se gratificaban con la vanidad personal, la fe en algunas convicciones, la satisfacción por el servicio público y unas dietas que no daban ni para echar media suela a los zapatos. Y con todo y eso, «unha xaulía». Hoy, el sueldo anual del presidente de la Diputación de Lugo alcanza (momios aparte) los 65.000 euros brutos, cantidad, conste, que no nos parece excesiva si tenemos en cuenta que su compañera de partido y alcaldesa de la capital provincial abrocha 70.000 euros, mondos y lirondos.

Dejémonos de bromas: en estas contabilidades radica la clave de toda controversia. No llamemos «completar o proxecto» ni «nueva etapa» ni «renovación» ni «unidad» a lo que tiene nombres mucho más categóricos y pegados al terreno. Nada de eufemismos: pasta, guita, parné y otros sinónimos contantes y sonantes.

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