Luis Ojea - Cuaderno de Viaje

Carnavaladas de la izquierda

No hay nada que una más en política que un enemigo común. El drama es que en el populismo gallego todo se reduce a eso

Luis Ojea
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La vida política gallega parece por momentos ahogarse en la insustancialidad y la frivolidad, entre peleas cada vez más surrealistas en el seno de la izquierda, con discusiones bizantinas sobre el sentido último de un cuadro o recuperando continuamente el eterno y estéril debate sobre la titularidad de la AP-9. Una carnavalada continua. De entre todos, la izquierda rupturista es quien ha demostrado un mayor talento para el esperpento. Ese caótico universo vive instalado en el delirio permanente. Y hay que reconocerles el mérito. No es sencillo, nada sencillo, superarse cada semana. Pero lo consiguen. Siempre. Y estos días han conseguido definitivamente el cum laude. No se recuerda en mucho tiempo un espectáculo tan fastuoso como el que nos están regalando con el proceso de primarias de Podemos.

En el partido del asamblearismo, su líder aplica el 155 a la franquicia gallega a través de la candidatura de Antón Gómez-Reino para apagar cualquier discrepancia y poder teledirigir la organización plácidamente desde Madrid. La dirección gallega saliente, viéndose desahuciada, recurre a Carolina Bescansa que, víctima de las purgas de Iglesias, ve en Galicia un trampolín para volver al primer plano nacional y vengarse de su viejo camarada.

No hay nada que una más en política, y en cualquier otra faceta de la vida, que un enemigo común. El drama es que en el populismo gallego todo se reduce a eso, a filias y fobias personales. En esa guerra de egos que ahora se desarrolla en Podemos. Y en la posterior batalla interna de En Marea pendiente para los próximos meses.

Entre enredo y enredo, el rupturismo ha dilapidado todo su capital político. El socialismo ha decidido despilfarrar el poco que le quedaba transformando su belicoso discurso contra el gobierno de Mariano Rajoy en el halago permanente a las discriminaciones que aplica el ejecutivo de Pedro Sánchez a Galicia. Si Gonzalo Caballero creía que el aterrizaje de su líder en Moncloa podía suponer un impulso electoral para el PSdeG se equivocó. El presidente que se esconde en Twitter para no responder preguntas en ruedas de prensa es un lastre para su partido en Galicia. Y cada día que pase al frente del Consejo de Ministros, los socialistas gallegos perderán más crédito.

Se ha evidenciado estos días en el debate sobre la Autopista del Atlántico. Los mismos que clamaban contra Rajoy por impedir el traspaso de la AP-9 aplauden ahora que Fomento lo siga bloqueando al condicionarlo a transferencias en otras comunidades. Los mismos que no aceptaban demoras en la conexión del AVE a Vigo por Cerdedo asumen acríticamente ahora tres años más de retraso en la tramitación. Todo coherencia.

La izquierda vive atrapada en el disparate permanente. Un dislate tras otro. Superado el ecuador de la legislatura, ni rupturistas ni socialistas han enderezado el rumbo. Incapaces de construir un relato conectado con la sociedad gallega y enmarañados en sus grotescos enredos y sainetes, el PSdeG y En Marea han renunciado a liderar una alternativa política al gobierno de Núñez Feijóo y han regalado el liderazgo de la oposición al BNG, un partido que sufrió hace dos años para llegar a los seis diputados. Sí, la izquierda gallega se ahoga en sus carnavaladas.

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