Luis Ojea - LA SEMANA

La cabra siempre tira al monte

Luis Ojea
SantiagoActualizado:

El calendario de la llegada del Tren de Alta Velocidad, cuestionado. La prometida supresión del peaje de Vigo a Redondela, estancada. Bien, lo que se dice bien, no empieza este gobierno socialista con Galicia. Está claro que en su lista de prioridades aparecen antes otras comunidades, preso el ejecutivo de las hipotecas que contrajo Pedro Sánchez para conseguir los votos que le dieron la llave del Palacio de la Moncloa.

Siendo significativo el desdén mostrado hacia las infraestructuras gallegas, que lo es y mucho, no es, en cambio, lo más grave de todo lo que ha insinuado en su estreno el nuevo gabinete. Lo realmente grave, lo preocupante, es que ha dejado entrever que va a volver a las andadas, que no entendió cómo llegamos a la Gran Recesión y que está dispuesto a poner en riesgo el actual ritmo de crecimiento económico.

Más de un millón de afiliados a la Seguridad Social en Galicia y el paro en 170.000 personas. Esa es la foto fija que se desprendía de los datos del desempleo publicados esta semana. En el último año se han creado en la comunidad más de 26.000 puestos de trabajo. Esa es la tendencia. Hasta ahora. Si algo funciona, ¿para qué lo tocas? Que nadie se engañe, Pedro Sánchez no se iba a resistir. Está en el ADN del PSOE. La cabra siempre tira al monte.

Al mismo tiempo que se certificaba en cifras la actual pujanza de la economía gallega y del resto de España, herencia de las acciones y omisiones del ejecutivo de Mariano Rajoy, el gobierno de Sánchez empezó a “mostrar la patita” y desempolvar las rancias recetas de los que nos condujeron a la crisis. Estudian crear nuevos impuestos para pagar las pensiones, analizan cómo incrementar la presión fiscal sobre el diésel y valoran suprimir el contrato de apoyo a emprendedores. Tres ejemplos de entre las múltiples y variadas ocurrencias que ha sacado el gabinete socialista de la chistera en apenas un mes. Ocurrencias que van bosquejando un programa económico que supone una amenaza directa al actual ritmo de creación de empleo.

Pedro Sánchez insinúa ser, especialmente en el ámbito económico, peor que la peor versión de José Luís Rodríguez Zapatero. Más impuestos, más rigidez en el mercado laboral y más subsidios. En definitiva, más intervencionismo populista. Y con ello, más inflación, menos consumo y menos exportaciones. Ese es horizonte al que abocan las medidas sugeridas por Moncloa. Se desacelera la actividad económica al caer la demanda interna y disminuir el flujo del comercio exterior y se frena en seco la generación de empleo. Ya pasó. Pasa siempre que un gobierno intenta aplicar este tipo de recetas caducadas y trasnochadas.

Ese es el verdadero riesgo del cambio de gobierno. De un gobierno rendido al populismo, a la izquierda radical y al independentismo y obsesionado, precisamente por ello, con desplegar golpes de efecto que camuflen su claudicación. El gobierno guay, el que exhibe al presidente con su perra haciendo deporte o con gafas de sol en un avión y el que distribuye una foto, han perdido todo sentido del ridículo, con detalles de sus manos para, dicen, “ilustrar su determinación”. Ese es el nivel.

Y la estrategia. Porque esas majaderías, y tantos otros charcos que están pisando estos días los ministros de Sánchez, son solo una cortina de humo. La fórmula que han diseñado para encubrir sus concesiones a los independentistas y sus incumplimientos de las promesas con las que llegaron al gobierno.

Sí, la cabra siempre tira al monte. Lo demuestran los primeros pasos de este gobierno. Un gobierno que empieza a recordar al de Zapatero. Cuando el AVE a Galicia se atrasaba o cuando se frenaba con regulaciones tan populistas como ineficaces el crecimiento económico y la creación de empleo.