Vídeo: La avispa «asesina» amenaza a España (ATLAS) / Foto: Una mujer instala trampas para atrapar a las avispas velutinas en Galicia - MIGUEL MUÑIZ
Sucesos

La avispa velutina se cobra su tercera víctima mortal en Galicia

El fallecido era un hombre de 44 años que desbrozaba una finca en Viveiro (Lugo)

SantiagoActualizado:

La avispa asiática se cobró este fin de semana la que, a la espera de los datos de la autopsia, es ya su tercera víctima mortal en Galicia. Un hombre de 44 años y natural de la localidad lucense de Viveiro falleció este sábado tras recibir varias picaduras de esta especie invasora que desde el año 2010 se extiende de manera imparable por toda España ante el temor de vecinos y apicultores. En concreto, según informó el 112 Galicia, la víctima se había trasladado a una finca de un amigo para realizar tareas de limpieza y desbroce. Durante el trabajo, todo parece indicar que rozó un nido de avispas asiáticas, que reaccionaron atacando al fallecido y a su acompañante.

Fue después de ese ataque cuando, ya a salvo de las también conocidas como avispas «velutinas», la víctima comentó a su amigo que era alérgico a las abejas. Acto seguido, el hombre de 44 años comenzó a notar cómo se le hinchaban las partes del cuerpo en las que había recibido las picaduras hasta el punto de caer inconsciente, por lo que su acompañante alertó rápidamente a los servicios de emergencias. Según relata el periódico El Progreso, el amigo del fallecido incluso acudió a su casa a por una inyección de adrenalina que finalmente no surtió efecto, ya que cuando los servicios de urgencias llegaron al lugar de los hechos, no pudieron hacer nada por salvar la vida del hombre de 44 años.

Tras el fallecimiento de este viveirense, son ya tres las víctimas mortales en Galicia a causa de esta especie invasora. El primer caso se registró en 2015, cuando un jubilado coruñés alérgico a las avispas sufrió una picadura mientras observaba la realización de trabajos agrícolas en una finca. El segundo, que guarda similitudes con el acontecido este fin de semana, tuvo lugar hace un año, cuando un hombre de 54 años recibió en el municipio pontevedrés de O Porriñodecenas de picaduras de avispas velutinas instaladas en la rama de un manzano que había talado previamente.

Avance imparable

Fue en 2011 cuando la presencia de esta especie invasora en algunas zonas del sur de Galicia hizo saltar todas las alarmas. Aunque se desconoce a ciencia cierta el origen de su llegada, todo apunta a que llego a Europa, concretamente al puerto de Burdeos, en un cargamento de caquis procedente de China. Desde entonces, y pese a los esfuerzos de apicultores y administración, su avance ha sido imparable, hasta el punto de que ni unos ni otros ocultan que la avispa velutina «ha llegado para quedarse».

Cada vez son más los municipios que sufren las consecuencias de esta plaga que ataca con especial virulencia a las abejas autóctonas, evitando que realicen con normalidad las labores de polinización, de las que dependen el 70% de los cultivos para consumo humano. «Podríamos decir que está prácticamente fuera de control, porque salvo algunas zonas, está extendida por todo el territorio gallego, excepto en lugares fríos o algunas zonas de la montaña de Orense», explicaba en conversación con ABC, Xesús Asorey, presidente de la Asociación Galega de Apicultores (AGA).

Según este colectivo, las velutinas encontraron en Galicia «el clima idóneo para reproducirse», la ausencia de un depredador que impidiese su avance y «comida suficiente» para instalarse en la región, restándole espacio a las abejas gallegas. Como resultado, AGA cifra en torno a un 30-40% las pérdidas en la producción apícola derivadas de la presencia de esta especie exótica invasora, lo que ha llevado a los productores a instalar todo tipo de sistemas y trampas caseras para reducir los estragos de la avispa asiática en sus apiarios. «Cada uno por su cuenta inventa un sistema para capturarlas, hay quien rellena frascos con algún líquido atrayente para que vayan ahí pero se captura una cantidad muy pequeña. Es como intentar vaciar el océano a cubos», lamenta Xesús Asorey.