José Luis Abet Lafuente abandona ayer los juzgados
José Luis Abet Lafuente abandona ayer los juzgados - MIGUEL MUÑIZ
GALICIA

El autor del triple crimen de Valga compró el arma en el mercado negro portugués

José Luis Abet se enfrenta a la pena de prisión permanente revisable

Santiago Actualizado: Guardar
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El asesino confeso de Valga podría pagar el triple crimen cometido con la pena máxima, la de prisión permanente revisable. Es la valoración de la juez de instrucción de Caldas que ayer tomó declaración a José Luis Abet Lafuente, y que decretó para él prisión provisional sin fianza por tres presuntos delitos de asesinato. Lo hizo sin escuchar la versión del acusado, que ayer dijo no encontrarse «en condiciones» de hablar, pese a que permaneció en los juzgados más de tres horas. Con la cara descubierta, el autor confeso de la muerte de su exmujer, su exsuegra y su excuñada, fue recibido por los vecinos con gritos de rabia y dolor. A su salida hacia la prisión de pontevedresa de A Lama, sin embargo, Abet Lafuente salió cubierto y fuertemente escoltado para evitar agresiones por parte de los asistentes, muy agitados ante las circunstancias y naturaleza del suceso.

«Papá mató a mamá»

Justo antes de la llegada del autor confeso al juzgado, la magistrada tomó declaración a una de las vecinas que auxiliaron a los hijos de la expareja tras el tiroteo, y que presenció de primera mano lo ocurrido. Sobre los momentos que siguieron a las detonaciones, una de las primeras personas en llegar al lugar explicó ayer a ABC que «los niños estaban en la carretera» y «corrimos a cogerlos porque oímos disparos y no sabíamos si él seguía dentro». Una vez a refugio, el hijo de 7 años contó que «su padre había matado a su madre con una pistola», y que «a la abuela y a la tía también». «Te rompe el alma», confesó el vecino ante lo doloroso de la escena, que en Cordeiro trataron de dulcificar juntando a los niños —de 4 y 7 años— con otros pequeños con los que pasaron la mañana «jugando a la consola».

Según los testimonios de los habitantes de las viviendas más próximas a la que Sandra Boquete compartió con su expareja durante seis años, a la hora del crimen se escucharon unos «doce disparos» en «dos tandas». Los primeros, apuntan todas las hipótesis, abatieron a Sandra (38 años) cuando estaba junto al coche con los dos niños, donde quedó tendida. Los segundos, transcurrido un breve espacio de tiempo, robaron la vida a su madre y su hermana, de 58 y 27 años respectivamente, y que estaban en la entrada de la finca. «Tuvo tiempo para recargar», reconoció uno de los testigos alertado por los disparos.

Sobre el futuro inmediato de los menores, testigos únicos de la masacre, el juzgado sigue sin adoptar una decisión acerca de su patria potestad. Por el momento, de ellos se encargan los familiares cercanos —una prima de su madre— que ayer los recogieron en Cordeiro.

Procedencia del arma

Las informaciones a las que ha tenido acceso este medio confirman que el detenido no tenía licencia de armas y que el revólver del calibre 32 que usó en el triple asesinato fue adquirido en el mercado negro portugués. Se desconoce si el arma había sido utilizada con anterioridad, uno de los detalles en investigación después de que los agentes localizasen la pistola en un río a unos diez minutos de la casa desde donde Abet Lafuente finalmente se entregó. Él mismo la había arrojado al agua junto con una caja de munición, que también está siendo analizada.

En la resaca del crimen machista, los apenas veinte vecinos de la parroquia de Cordeiro donde vivía la familia coinciden en que el acusado era un «hombre muy raro y conflictivo». Tanto, que había llegado a amenazar a una mujer de la zona «con un hacha y una maceta». Sus problemas de convivencia acabaron en los juzgados, con varios vecinos denunciados. «Era un pieza y consiguió que ella también se alejase de todo. Entraban a casa y salían y no se relacionaban con nadie» recordó uno de ellos señalando la cámara de seguridad que Abet Lafuente instaló en la entrada del domicilio donde cometió la matanza poco antes de la separación. Sobre las intenciones de José Luis—que podrían guardar relación con algunos de los mensajes amenazantes que Sandra recibió en su Facebook antes de la tragedia— en Cordeiro hacían memoria ayer: «Ya dijo por ahí que un día iba a hacer algo gordo».

Capilla ardiente

La magnitud de la pérdida en Valga se tradujo ayer en una afluencia masiva a la capilla ardiente de las fallecidas, improvisada en el auditorio municipal. En un primer momento, las instalaciones abrieron solo para los familiares de las tres víctimas, pero a media tarde todos los vecinos y conocidos les pudieron ofrecer sus respetos. Según el alcalde de la localidad indicó, el funeral se celebrará esta tarde a las seis y media en el mismo emplazamiento, desde el que las tres mujeres serán trasladas al cementerio de Campaña. Se trata, tristemente, del mismo camposanto donde hace solo unos meses, el pasado marzo, fue enterrada María José Aboy, de 43 años. Su marido acabó con su vida con un disparo de escopeta de caza antes de suicidarse, convirtiéndola en la primera víctima de violencia de género en Galicia del año.

El dolor y la incomprensión que este crimen despertó entre los seis mil habitantes del municipio pontevedrés de Valga vuelve a ser palpable. «No queremos que se nos conozca por estas noticias, es muy doloroso. Muchas calamidades en tan poco tiempo», lamentaban ayer.