Usuarios regulares y alumnos del IES Ollos Grandes de Lugo comparten la ruta Portomarín-Lugo
Usuarios regulares y alumnos del IES Ollos Grandes de Lugo comparten la ruta Portomarín-Lugo - MIGUEL MUÑIZ
NUEVO PLAN DE TRANSPORTE

Un año de autobús escolar compartido

Miguel Rodríguez va a trabajar de Portomarín a Lugo en el bus del IES Ollos Grandes. «Yo recuerdo esta línea llena, con gente de pie, pero los pueblos vamos a menos», dice

SantiagoActualizado:

«En invierno a estas horas es de noche y tiene más uso el coche de línea de las 9.15, pero ahora, que amanece antes, hay más viajeros que vienen con nosotros». Faltan apenas diez minutos para las ocho de la mañana, es 20 de junio —penúltimo día de clase— y un par de mujeres aguardan en la dársena de Portomarín la salida del autobús escolar que, con Roberto Losada al volante, transporta a los alumnos de la zona al IES Ollos Grandes de la capital lucense. Desde el pasado septiembre, esta ruta Portamarín-Lugo es una de las 491 líneas escolares abiertas al público general como alternativa de transporte en el ámbito rural. «De aquí salimos con quince escolares, entre ellos seis que llegan en el microbús de enlace con pueblos más distantes, y a veces suben también tres o cuatro viajeros regulares, a veces ninguno», señala la cuidadora de la ruta, Rosa María Gandoy Saavedra, una entre los cerca de 400 acompañantes que en el curso que acaba han velado por la seguridad de los escolares en tránsito en respuesta a la preocupación inicial que la integración de rutas suscitó entre las familias. A sólo un día del fin de las clases, a bordo de este autobús el sistema parece bien encajado. «La verdad es que no nos supone ningún problema. Lo único es que hay más paradas y tardamos un poco más de tiempo», apunta Nerea Porta, alumna de 3º de ESO. «Todo funciona igual», opina a su vez Divina, que ha subido en la carretera de Guntín. Ella coge el autobús «cada quince días o un mes», cuando necesita hacer «recados» en Lugo.

La normalización de la ruta, explica Roberto Losada, conductor con más de veinte años de rodaje —«ya llevé a los padres de casi todos ellos», cuenta—, tuvo que salvar problemas iniciales, como el ajuste de la hora de salida. «El autobús escolar salía a las ocho y el de línea iba delante, a las ocho menos cuarto; hubo que consensuar una hora, y finalmente se llegó a las ocho menos cinco», apunta. En su opinión, la principal dificultad se presenta cuando carece de plazas suficientes para embarcar a viajeros ordinarios que esperan en las paradas intermedias, o en la Estación de Autobuses de la capital para regresar a casa en el autobús escolar que a las 14.30 recoge a los alumnos tras el fin de las clases. La integración de rutas protege el transporte escolar como prioritario, de modo que 27 plazas de las 53 disponibles en su coche (habían comenzado con uno de 50), explica, están reservadas para los alumnos. «Fastidia dejar a gente, a muchos los conoces además de toda la vida, pero llevamos las plazas reservadas», apunta Losada. Algo parecido ocurre con las paradas. «Son estrictas y se respetan siempre; antes, bueno, si alguien te pedía que le parases en algún punto intermedio podías hacerlo», expone. En cualquier caso, relata, el restablecimiento de la ruta de línea de la una ha solucionado el problema de sobredemanda del bus de las 14.30 y son pocas las veces en las que el autobús va lleno e impide las paradas en carretera, sólo, indica, cuando puntualmente un grupo numeroso de peregrinos —Portomarín es un punto clave en la Ruta Jacobea— embarca en el inicio de línea. Normalmente, sonríe, «los cojos» que no tienen una línea directa para llegar a Palas de Rei.

Peregrinos como el grupo de jóvenes de Girona que este miércoles viajan en el bus escolar del Ollos Grandes. En su caso no han sido las lesiones propias del Camino sino una apendicitis que sorprendió a una de las integrantes del grupo lo que hoy los sienta en el autobús. «Me parece perfecto: si hay un autobús y tiene plazas libres, está bien que se utilicen», dice Alek Galvany sobre las rutas integradas, mientras se desplaza al hospital para acompañar a su amiga.

Un coche en cada casa

Unas filas más adelante se sientan Marcos Arias y José Ángel López. Son estudiantes y utilizan este transporte «a diario», pero no pertenecen al IES Ollos Grandes: Marcos entra a las nueve en Lugo a las clases de su ciclo de FP, y José Ángel cursa Bachillerato en el IES Lucus Augusti, anexo al Ollos Grandes. Ambos consideran que el uso mixto de rutas escolares es una «buena idea». Tras ellos, viaja Miguel Rodríguez. Va a trabajar a Lugo y conoce esta línea como la palma de su mano: «La uso desde el 84», exclama. La integración de la línea regular y el transporte escolar, dice, «no ha supuesto ningún problema», aunque «al principio los horarios los destrozaron por completo». «Veo bien que se comparta; es que desde hace 10-15 años se notó mucho cómo en todas las casas hay un coche, cuando no dos. Yo recuerdo este autobús lleno, llevando a quince o veinte personas de pie en el pasillo... Por desgracia los pueblos pequeños vamos a menos», expone.

El próximo curso, el transporte compartido incorporará una aplicación en pruebas que, de modo piloto, testará en algunas líneas opciones de información en línea a centros educativos y familias de los escolares.