En el centro, Herman Goering junto a Rudolf Hess (derecha), durante los juicios de Nuremberg
En el centro, Herman Goering junto a Rudolf Hess (derecha), durante los juicios de Nuremberg - ASSOCIATED PRESS
HISTORIA

Augusto Assía, el primer periodista español en ser oficial de la Orden del Imperio Británico

Un libro recoge sus anotaciones durante los juicios de Nüremberg y recuerda la figura de Fernández Armesto

LA CORUÑAActualizado:

El papel de los periodistas en la historia es la de ejercer de notarios de la misma, relatando hechos que posteriormente los especialistas convertirán en crónica científica, ensayo perfecto, tratado de verdad. En ocasiones, los reporteros forman parte de esa historia, aunque sea como una pequeña nota al pie de las grandes páginas llenas de negritas. En una de esas acotaciones figura por méritos propios Augusto Assía, el primer periodista español que fue condecorado con la Orden del Imperio Británico por la reina Isabel II fruto de su papel en la Segunda Guerra Mundial. Su figura y su obra periodística se recuerdan ahora en La Coruña, con la publicación de una monografía sobre uno de sus trabajos más destacados, las crónicas que escribió sobre los juicios de Nüremberg a los criminales nazis. El trabajo, recopilado y ordenado por Carlos Fernández Santander —autor que tiene pendiente publicar una biografía del periodista— y editado por Arenas Publicaciones, recoge las anotaciones del cronista a pie de juicio, a las que posteriormente daría forma en sus crónicas para «La Vanguardia», el diario para el que escribía como corresponsal.

Assía no era Assía sino Felipe Fernández Armesto, el nombre auténtico de este gallego nacido en 1904 en el minúsculo pueblo orensano de A Mezquita. Pronto dio salida a la vocación periodística colaborando con el diario vigués «El Pueblo Gallego», propiedad de Portela Valladares y dirigido por Ramón Fernández Mato, quien empezó a dar cabida a sus primeros textos. En 1928, Armesto logra una beca para acudir a la Universidad de Humboldt (Berlín) en calidad de lector, dos años después de haber pasado por la Sorbona parisina. Desde Berlín, ya firmando como Assía, amplía sus horizontes enviando crónicas a medios como «Informaciones», «El Sol» y también ABC. ¿Por qué el seudónimo? «Porque las becas que recibía llevaban aparejada una cuantía económica y no era compatible con otros ingresos, y de ahí que optara por crearse la firma de Augusto Assía», explica a ABC Fernández Santander, «que adopta de los viajeros de la época de Marco Polo, según me dijo en su día su mujer, Maria Victoria Fernández España».

Armesto fue testigo de excepción del auge del Partido Nazi y de los cambios que experimentaba Alemania. En el verano de 1929 empieza la que sería la relación laboral que marcaría su vida con «La Vanguardia». Tras la Guerra Civil, Fernández Armesto es enviado por el Conde de Godó como corresponsal a Londres. Arriva a la capital británica «el día en que comenzó la Segunda Guerra Mundial», recuerda Carlos Fernández Santander, autor de la monografía, «poco a poco fueron desapareciendo todos los corresponsales de la Europa ocupada por los nazis». Armesto decidió permanecer, aún a riesgo de estar a merced de los bombardeos alemanes que sacudían la ciudad, y de los que salió su libro «Cuando yunque, yunque. Cuanto martillo, martillo», publicado en 1948 y reeditado en 2015 por Libros del Asteroide.

«La fe de Assía en el triunfo aliado le ganará la inquina de las autoridades del régimen franquista», afirma Fernández Santander, y como prueba de ello una de las citas más célebres del periodista: «Hitler tiene menos posibilidades de ganar la guerra que de llegar a la Luna». Serrano Suñer, en un telegrama, conminó al embajador en Londres a que advirtiera a Assía de que su apoyo a los Aliados le podría costar la nacionalidad española. «No importa, con tal de que no pierda la gallega», fue la socarrona respuesta del periodista tras conocer la amenaza.

Portada del libro
Portada del libro

Desde Londres, Assía publicó una serie de crónicas en las que informaba que el desembarco de los Aliados en el verano de 1944 se produciría en las playas de Calais, dentro de la estrategia de confundir a los alemanes que los servicios de inteligencia británicos y americanos pusieron en marcha. Funcionó. Alemania se centró en esta zona, más próxima a Inglaterra, y desprotegió Normandía, donde finalmente se produjo la operación que marcó el inicio del fin de la contienda. Por esta labor, Fernández Armesto recibió la King's Medal (una condecoración de carácter militar) y fue nombrado oficial de la Orden del Imperio Británico, dos reconocimientos que, como recuerda Fernández Santander, figuraron en su esquela cuando, en febrero de 2002, el periodista fallecía a los 92 años en su casa de Xanceda (La Coruña), tras una vida dedicada al oficio de contar la realidad.

Los Juicios de Nüremberg

Tres eran los periodistas españoles que cubrieron el procesamiento contra los jerarcas nazis tras la derrota de Alemania. Por ABC, el director José Losada de la Torre decidió enviar a Carlos Sentís; la Agencia Efe, a José Luis Navarro, y «La Vanguadia» a Augusto Assía. La labor periodística era fundamental, ya que según recuerda Fernández Santander en su libro, las sesiones del juicio se hacían sin público, y a ellas solo acudían abogados, fiscales, fuerzas de seguridad y los cronistas, por lo que su versón de lo que sucedía en el Palacio de Justicia era determinante para conformar la opinión pública. «Assía asistió a la inauguración y a las primeras sesiones; después a los interrogatorios más importantes —en especial al de Goering— y finalmente a la lectura de la sentencia» No quiso presenciar los ajusticiamientos de los condenados.

Fernández Armesto en 1975
Fernández Armesto en 1975- ARCHIVO ABC

En el archivo de Assía, Fernández Santander encontró los blocs de notas del periodista, en el que demostraba su sagacidad con los comentarios que allí apuntaba sobre lo que sucedía en el juicio. «Rudolf Hess [número dos del Reich]: nunca se pone auriculares. continuamente leyendo una novela que sostiene sobre las rodillas. Von Papen [embajador alemán en Austria y Turquía]: todavía aspecto vigroso. Es el más elegantemente vestido. Buenas camisas, pañuelo en el bolsillo. Von Ribbentrop [ministro de Exteriores de Hitler]: camisa oscura, mala calidad, corbata barata. Es, junto con Hess, la figura más patética. Difícil reconocer al hombre arrogante que saludó en Londres al Rey de Inglaterra con el brazo en alto».

El libro recoge principalmente las anotaciones de Fernández Armesto durante la testificación de Herman Goering, el fundador de la Gestapo, mariscal del Reich y sucesor orgánico de Hitler, según estableció el líder nazi. «Comienza hablando con voz firme. La sala está pendiente de su palabra. Elocuencia y expresividad. Frases pintorescas», entresaca Assía de su intervención el 13 de marzo de 1946. Dos días más tarde, el periodista reproduce un alegato de Goering contra los jueces rusos que formaban el tribunal. «La presencia de rusos entre los jueces llamados a juzgar a los nazis, no puede menos de perturbar la conciencia de todo defensor de la libertad. ¿Qué crímenes cometieron los alemanes que no hayan cometido los rusos? Excepto atacar a Rusia, ninguno (...) Los nazis han asesinado, o recluido, a todos sus oponentes políticos. ¿Qué otra cosa han hecho los soviéticos? Los nazis han ahogado la libertad. ¿Hay más libertad, antes y ahora, en Rusia que la que había en la Alemania nazi?», dejaba en el aire el mariscal. Argumento baldío, ya que Goering fue uno de los doce condenados a muerte en el proceso.

La fascinación del personaje que interpretaba el siniestro Goering queda reflejada en las notas de Armesto. «Hace uso del micrófono con destreza, midiendo perfectamente el volumen de voz (...) Hoy Goering ha alcanzado el cénit. Ha hecho reír a la sala, la ha llevado con él de un tema a otro, la ha impreionado y divertido. Le tocaba hoy interrogarle a los abogados de los otros acusados, y esto ofreció terreno al ex-marical para desplegar su vanidad, su ingenio y su desprecio por los otros acusados». Preguntado por cuándo creyó que la guerra estaba perdida, Goering se abrió al tribunal: «cuando la ofensiva rusa rompió hasta el Oder y nuestra ofensiva de las Ardenas falló. Hasta entonces siempre esperé que las nuevas armas salieran a escena». Y zanjó cualquier sombra conspiranoica: «No tengo la menor duda de que Hitler está muerto».

Los lectores de libros

Las anotaciones de Armesto también se detienen en los libros que algunos de los acusados exhibían durante las largas sesiones del juicio, abstrayéndose de lo que sucedía a su alrededor. Goering se decantó por «La técnica del drama» de Freytang y «Sobre los hielos del norte», de Matthies; Von Ribbentrop optó por Verne y sus «Veinte mil leguas de viaje submarino»; Von Papen se entregó a «Las cartas nupciales de Guillermo y Carolina Humboldt»; y Hess tuvo tiempo de acabarse «A la vista de toda Europa», de Edgar Wallace, «Goethe y lugares de Goethe» de Rudolph Pechel, y «De obrero a astrónomo», de Bruno Buergel.

Muchos años después, Assía le confesaría a Fernández Santander sus impresiones de lo vivido. «Nuremberg fue un juicio impresionante, tanto por su forma como por el fondo; pero poco satisfactorio. En primer lugar, no me agradaba que del Tribunal formasen parte los rusos, que hicieron antes, durante y después de la guerra tantos o más crímenes que los nazis (...) De todas maneras, parecía haberse creado una conciencia moral, empezando por la propia alemania, una norma de conducta para la Humanidad, y a la vez, una advertencia para todos aquellos que cometieran atrocidades superiores a las que una guerra, ya de por sí atroz, pudiera permitir».

Assía «era un corresponsal a la antigua usanza», a juicio de su biógrafo, «que además tuvo la gran suerte de conocer de primera mano a personajes fundamentales», como Churchill, Kennedy, Dalí, Baroja, Dos Passos, Negrín, Casares Quiroga, entre otros. «Fue siempre muy intrépido, no le asustaba ir a cualquier sitio» o casi escribir sobre cualquier cosa. Tal es así que su salida de Alemania poco antes del estallido de la guerra mundial se produce después de que informara en una crónica del asesinato de varios sacerdotes católicos a manos de los nazis, lo que llevó al ministro de Propaganda Goebbels a expulsarlo del país.

El libro de Fernández Santander reproduce también un artículo de Carlos Sentís, el enviado de ABC a los juicios, sobre la figura de Assía, escrito cuando ambos vivían en Londres durante el final de la guerra. Sobre Armesto, Sentís destaca «su pluma, sus ideas y su certero juicio en la política internacional». «No pretendo hacer su retrato. Solo quiero sacarle un momento bajo mi modesto foco, tirándole de detrás de las cortinas, por las que siempre le gusta andar metido (...) Le he encontrado muy yanqui. Abrigo con hombros, macferlán y sombrero de ancha ala sobre sus ojos. Pero su cuello y nudo de corbata señalaríanlo más bien como un joven profesor universitario. Así como sus gafas, el descuidado peinado de sus cabellos un poco desmayados, como su mismo rubio color. Rematándolo todo una risa contagiosa, como su acento gallego que conserva casi puro». Así era Assía.