Luis Ojea - LA SEMANA

26-M: El día después

El resultado de estos comicios servirá para reordenar el mapa político gallego

Luis Ojea
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El resultado de las elecciones de hoy servirá para reordenar el mapa político gallego. Sin encuestas frescas, llegamos a la jornada de votaciones sin más certeza que la que puede aportar la interpretación del etéreo conjunto de sensaciones extraídas de la evolución de la campaña. Una campaña que parece habérsele hecho corta al Partido Popular y larga, demasiado larga, al PSdeG. Da la impresión de que las tendencias previas de ambas marcas han cambiado en los últimos quince días y ahora el PP remonta y el efecto Sánchez se diluye. De igual modo, parece que el BNG sigue al alza mientras que el rupturismo se hunde y que marcas como Ciudadanos o Vox están condenadas a jugar un papel secundario, residual, en el tablero autonómico.

Todo en la vida se mide distinto en función de las expectativas que cada uno se marque. Tras el 28A, Gonzalo Caballero soñaba con teñir de rojo el mapa local de la Comunidad. Un mes después, parece que la «ola socialista» se ha frenado. No hay tsunami. Sí, los candidatos del PSOE obtendrán mejores resultados hoy que hace cuatro años y probablemente lideren el gobierno de varias ciudades y varias diputaciones, pero ello no implicará que se esté abriendo un nuevo ciclo político en esta comunidad. Sobre todo si el PP recupera la hegemonía electoral que perdió hace un mes. Galicia es mucho más que siete grandes urbes. Tras las municipales de 2007, los populares no gobernaban en ninguna de esas grandes plazas. Dos años después, en 2009, Alberto Núñez Feijoo derribó al bipartito en las autonómicas.

En política no conviene nunca sacar lecturas precipitadas. En apenas un mes el panorama ha cambiado de nuevo. PP y PSOE parecen haber intercambiado tendencias en Galicia. Las generales de abril estuvieron condicionadas por circunstancias muy concretas, coyunturales. Hoy, a pesar del inevitable efecto arrastre provocado por la proximidad de ambas citas electorales, la foto puede ser muy distinta a la que salió de las urnas el 28A. Es probable, muy probable, que el Partido Popular vuelva a ser la primera fuerza política de la comunidad. Y con ello, esa organización ganaría tiempo para enderezar el rumbo y cerrar la vía de agua que se les había abierto a estribor. Esa es otra de las claves que pueden confirmarse este 26M. La dispersión del voto en el bloque de la derecha no es estructural. En unos comicios en clave gallega, Ciudadanos y Vox se diluyen y ese voto vuelve a concentrarse en la marca Feijoo. Por consiguiente, la clave de bóveda del nuevo tablero político no reside tanto cuántas alcaldías conserva circunstancialmente el PP tras estas elecciones municipales, sino en si Alberto Núñez Feijoo decide repetir como candidato a la Xunta en 2020.

Las inflamaciones suelen ser episodios pasajeros y remiten si se tratan convenientemente. La de Vox va camino de curarse al igual que ya parece controlada la provocada por el rupturismo. Todo apunta a que otro de los titulares de estas elecciones será la debacle de las mareas. Si las últimas encuestas publicadas acertaron en sus cálculos, perderán hoy las alcaldías de Santiago, A Coruña y Ferrol. Cuatro años después de su irrupción en el tablero municipal gallego, el populismo se hunde. Ahogados en sus guerras internas y sin éxitos de gestión que exhibir, Martiño Noriega, Xulio Ferreiro y Jorge Suárez parecen abocados al naufragio. Y ello provocará una nueva reordenación del mapa de la izquierda alternativa al PSOE. Lo más probable es que ese espacio político siga atomizándose y perdiendo músculo electoral, lo que favorecería que el Bloque vuelva a emerger, al menos a corto plazo, como tercera fuerza del tablero gallego.

Las urnas hoy confirmarán o desmentirán todas estas hipótesis. En todo caso, parece que el doble proceso electoral de esta primavera no supondrá una revolución en el escenario político gallego. Sí, habrá cambios, una reordenación del tablero, sobre todo en los equilibrios internos del bloque de la izquierda, pero, a priori, no da la sensación de que se esté abriendo un nuevo ciclo político en la Comunidad.

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