Desde Villaverde a las FARC

La ecuatoriana Jenny Fasce dirigía desde su piso una red de blanqueo de la que fue beneficiario el narcoterrorista Gómez Buitrago, implicado en la «matanza de Rivera»

MADRID Actualizado:

Desde un piso de 80 metros cuadrados del distrito de Villaverde (Madrid), Jenny Alexandra Fasce Schumacker logró tejer en los últimos tres años una red de blanqueo de capitales por la que pasaron nada más y nada menos que 200 millones de euros. La astucia de esta ecuatoriana de 39 años y el escaso control que ejercen muchas gestoras de transferencias formaron una alianza perfecta que permitió que dinero procedente del tráfico de drogas circulara desde España hasta Colombia y Ecuador simulando ser el ahorro de inmigrantes. Es un procedimiento cada día más utilizado por los narcos, pero nunca hasta la «operación Espejo» se había detectado la presencia de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), organización terrorista que pidió ayuda a ETA para asesinar, entre otros, al ex presidente Andrés Pastrana, además de adiestrar a pistoleros etarras con la «colaboración» del Gobierno de Chávez.

Pese a las grandes cantidades de dinero que pasaban por sus manos, Jenny Alexandra Fasce fue lo suficientemente práctica como para no dejarse obnubilar por el color del dinero. La normalidad de su día a día fue su camuflaje más eficaz. No llamaba la atención en el barrio de Villaverde ni en el de Usera, donde regentaba dos pequeñas tiendas de regalos. Su existencia era tan similar a la del resto de sus vecinos que su marido, español, estaba en paro; su hijo acude a un colegio público y ella pasaba por ser una inmigrante que había sabido sacar partido a los diez años que llevaba en España. Vestía con modestia, tenía un utilitario y en vacaciones, como la mayoría de compatriotas, se marchaba a su tierra.

Entonces, ¿por qué se la jugaba con su negocio de lavado de dinero que, por amplio, los investigadores tuvieron que enumerar sus diferentes estructuras y subestructuras para desentrañarlo? Puede decirse que Fasce era una «mujer de futuro» y su objetivo era desarrollar un plan de inversiones inmobiliarias en Ecuador. A él pensaba destinar entre el 3 y 6 por ciento que se quedaba de sus operaciones de blanqueo canalizadas a través de siete organizaciones independientes. Una red de cuya extensión son botón de muestra los cincuenta detenidos en la «operación Espejo», desarrollada en nuestro país por la Unidad de Delincuencia Económica y Fiscal (Udef) y la de Drogas y Crimen Organizado (Udyco).

Pero con el paso del tiempo fue confiándose y cometió errores. Los envíos de dinero que hacía a sus compinches de Ecuador y Colombia eran superiores a la media. Si un inmigrante suele mandar a sus familiares unos 200 euros al mes, los realizados por los «pitufos» de la trama de Fasce Schumacker alcanzaban los 900. Esta cifra tan elevada como poco habitual levantó las sospechas del Servicio de Prevención de Blanqueo.

Jenny Alexandra llegó a realizar hasta cinco transferencias a Gómez Buitrago

Tras la alerta, la Comisaría General de Policía Judicial trasladó a sus colegas colombianos una lista de beneficiarios de los giros. Entre los nombres estaba el de Juan Manuel Gómez Buitrago, un miembro de las FARC de sobra conocido por la Policía colombiana. Junto a él estaban los de otros doce individuos que habían facilitado el número de teléfono y el domicilio del narcoterrorista.

La red de Jenny Alexandra llegó a realizar hasta cinco transferencias a Gómez Buitrago, «Fercho», ya en prisión, donde cumple condena por la «masacre de concejales en Rivera» (27 de febrero de 2006) por la que las FARC le habrían pagado 15 millones de pesos (más de 500.000 euros). Además está acusado de homicidio, lesiones y terrorismo, entre otros delitos.

Financiación terrorista

La presencia de Buitrago y la de los otros doce individuos lleva al juez de la Audiencia Nacional Pablo Ruz a concluir que las FARC o algunos de sus miembros «pudieron haber sido destinatarios de parte de estos fondos remesados a Colombia», así como «propietarios de la cocaína, origen del dinero transferido». Igualmente, precisa en el auto de prisión que estas actividades pueden «constituir una importante fuente de financiación de dicho grupo terrorista». La red ingresaba el dinero en diferentes cuentas bancarias de las entidades de transferencias, como Telegiros S.A y Titanes S.A, la mayoría de las veces desde cajeros automáticos para no levantar sospechas de los empleados de banca. Una vez ingresado, procedían a la «digitalización de los giros», mediante las páginas de internet con las que cuentan las gestoras falseando la identidad de los ordenantes de los giros a Colombia, presumiblemente con la complicidad de trabajadores de estas entidades.

De ahí que los investigadores no duden en afirmar que la astuta Jenny Alexandra no hubiera podido desarrollar su emporio de lavado de dinero si las gestoras de transferencias hubieran extremado el control. Consideran que estas entidades deberían ser más escrupulosas, máxime tras el antecedente de que pueden ser utilizadas como canal para hacer llegar fondos a organizaciones terroristas.

Desde un piso de 80 metros cuadrados del distrito de Villaverde (Madrid), Jenny Alexandra Fasce Schumacker logró tejer en los últimos tres años una red de blanqueo de capitales por la que pasaron nada más y nada menos que 200 millones de euros. La astucia de esta ecuatoriana de 39 años y el escaso control que ejercen muchas gestoras de transferencias formaron una alianza perfecta que permitió que dinero procedente del tráfico de drogas circulara desde España hasta Colombia y Ecuador simulando ser el ahorro de inmigrantes. Es un procedimiento cada día más utilizado por los narcos, pero nunca hasta la «operación Espejo» se había detectado la presencia de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), organización terrorista que pidió ayuda a ETA para asesinar, entre otros, al ex presidente Andrés Pastrana, además de adiestrar a pistoleros etarras con la «colaboración» del Gobierno de Chávez.

Pese a las grandes cantidades de dinero que pasaban por sus manos, Jenny Alexandra Fasce fue lo suficientemente práctica como para no dejarse obnubilar por el color del dinero. La normalidad de su día a día fue su camuflaje más eficaz. No llamaba la atención en el barrio de Villaverde ni en el de Usera, donde regentaba dos pequeñas tiendas de regalos. Su existencia era tan similar a la del resto de sus vecinos que su marido, español, estaba en paro; su hijo acude a un colegio público y ella pasaba por ser una inmigrante que había sabido sacar partido a los diez años que llevaba en España. Vestía con modestia, tenía un utilitario y en vacaciones, como la mayoría de compatriotas, se marchaba a su tierra.

Entonces, ¿por qué se la jugaba con su negocio de lavado de dinero que, por amplio, los investigadores tuvieron que enumerar sus diferentes estructuras y subestructuras para desentrañarlo? Puede decirse que Fasce era una «mujer de futuro» y su objetivo era desarrollar un plan de inversiones inmobiliarias en Ecuador. A él pensaba destinar entre el 3 y 6 por ciento que se quedaba de sus operaciones de blanqueo canalizadas a través de siete organizaciones independientes. Una red de cuya extensión son botón de muestra los cincuenta detenidos en la «operación Espejo», desarrollada en nuestro país por la Unidad de Delincuencia Económica y Fiscal (Udef) y la de Drogas y Crimen Organizado (Udyco).

Pero con el paso del tiempo fue confiándose y cometió errores. Los envíos de dinero que hacía a sus compinches de Ecuador y Colombia eran superiores a la media. Si un inmigrante suele mandar a sus familiares unos 200 euros al mes, los realizados por los «pitufos» de la trama de Fasce Schumacker alcanzaban los 900. Esta cifra tan elevada como poco habitual levantó las sospechas del Servicio de Prevención de Blanqueo.

Tras la alerta, la Comisaría General de Policía Judicial trasladó a sus colegas colombianos una lista de beneficiarios de los giros. Entre los nombres estaba el de Juan Manuel Gómez Buitrago, un miembro de las FARC de sobra conocido por la Policía colombiana. Junto a él estaban los de otros doce individuos que habían facilitado el número de teléfono y el domicilio del narcoterrorista.

La red de Jenny Alexandra llegó a realizar hasta cinco transferencias a Gómez Buitrago, «Fercho», ya en prisión, donde cumple condena por la «masacre de concejales en Rivera» (27 de febrero de 2006) por la que las FARC le habrían pagado 15 millones de pesos (más de 500.000 euros). Además está acusado de homicidio, lesiones y terrorismo, entre otros delitos.

Financiación terrorista

La presencia de Buitrago y la de los otros doce individuos lleva al juez de la Audiencia Nacional Pablo Ruz a concluir que las FARC o algunos de sus miembros «pudieron haber sido destinatarios de parte de estos fondos remesados a Colombia», así como «propietarios de la cocaína, origen del dinero transferido». Igualmente, precisa en el auto de prisión que estas actividades pueden «constituir una importante fuente de financiación de dicho grupo terrorista». La red ingresaba el dinero en diferentes cuentas bancarias de las entidades de transferencias, como Telegiros S.A y Titanes S.A, la mayoría de las veces desde cajeros automáticos para no levantar sospechas de los empleados de banca. Una vez ingresado, procedían a la «digitalización de los giros», mediante las páginas de internet con las que cuentan las gestoras falseando la identidad de los ordenantes de los giros a Colombia, presumiblemente con la complicidad de trabajadores de estas entidades.

De ahí que los investigadores no duden en afirmar que la astuta Jenny Alexandra no hubiera podido desarrollar su emporio de lavado de dinero si las gestoras de transferencias hubieran extremado el control. Consideran que estas entidades deberían ser más escrupulosas, máxime tras el antecedente de que pueden ser utilizadas como canal para hacer llegar fondos a organizaciones terroristas.