Curro Romero posa para ABC - RAÚL DOBLADO

«Esto es un atentado diabólico contra la libertad»

El Faraón de Camas está visiblemente afectado por la decisión del Parlamento catalán de prohibir la Fiesta. Y no se calla: «Esto nace de ignorantes con la mente retorcida»

ALBERTO GARCÍA REYES
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Habla con pesadumbre. A media voz. Pero en su propio discurso encuentra momentos para alzar el tono y quejarse sin ambages. A Francisco Romero López, leyenda de la Tauromaquia, columna hercúlea del toreo entendido como arte, le mata lo que está pasando. Pierde todo su sosiego natural intentando explicarse qué ha ocurrido en Cataluña para que se haya llegado a esta «locura». La abolición de la cultura es un síntoma de las sociedades enfermizas. Y Curro Romero, siempre tan delicado en sus acometidas, introvertido pero sentencioso, no quiere hablar ahora con las yemas de los dedos ni con las muñecas. Esta vez quiere gritar y dar un golpe en la mesa. Ha decidido firmar un compromiso eterno con el toreo que le exige una dureza hasta ahora ajena a él. Su mensaje, no exento de autocrítica, es definitivo: aún estamos a tiempo de acabar con esta «barbarie» y salvar la Fiesta Nacional.

—¿Cómo se encuentra, maestro?

—Apenado, muy apenado, porque me parece que se ha cometido una brutalidad, esto que han hecho en Cataluña nada más que lo hacen los brutos.

—¿En qué estamos fallando para que se haya llegado a abolir la Fiesta allí?

—A mí me parece que esta decisión tiene que ponernos a pensar a todos para que quienes forman parte del toreo en sí tomen nota. El toreo es una cosa muy grande y tenemos que cuidarlo, en primer lugar, los que formamos parte de él. Los jóvenes tienen que ir a los toros y en eso tienen responsabilidad las grandes empresas. No sé. Tienen que poner entradas más baratas para que los chavales vayan a las plazas. Hay que fomentar este arte entre las nuevas generaciones porque lo que me da miedo es que se vaya extendiendo esto que ha pasado en Cataluña. Estos bárbaros que no van a los toros nunca han empezado a comerle el coco a los chavales para que estén en contra de la Fiesta. Y si queremos salvar este barco en el que estamos todos metidos para que no se vaya a pique, todos tenemos que arrimar el hombro.

—Celebro su autocrítica, pero ni aún así se justifica lo que ha ocurrido...

«Esto es un atentado contra la libertad que, además, juega con el pan de muchas personas»

—No, no. Esto ha sido un atentado diabólico para la libertad.

—¿A quién culpa?

—Esto nace de unos ignorantes y la ignorancia es muy atrevida. Esto es de gente con la mente muy retorcida, gente que, además, de sensibilidad están cero total. Y eso es grave. La sensibilidad es una característica básica del ser humano.

—A esos que se proclaman defensores de los animales habría que echarlos a pelear con los toreros. ¿Quién defiende y ama al toro de lidia más que ustedes?

—Nadie. El toro bravo con clase tiene mucha nobleza. Es un animal bello, peligroso, pero muy hermoso. Y es público y notorio que la vida de esos animales es más larga que la de otros que no ven ni la luz del día. Eso está ya todo muy dicho. Los toros viven en libertad en el campo. Y a estos supuestos defensores hay que explicarles que lo que han hecho no tiene nombre, es una barbaridad, porque con la abolición de la Fiesta este animal desaparecería.

—Mucha gente come de los toros. ¿Habrán caído los políticos catalanes en ese detalle?

—Hay miles de familias que viven alrededor del toreo directamente. Y también están todos los negocios que están cercanos a una plaza, que siempre es un aliciente para ellos económicamente. Figúrate la de gente que se va arruinar. Esto es un atentado contra libertad que juega con el pan de las personas.

—¿Cree que para el Parlamento catalán los toros han sido una simple excusa antiespañola?

—Está claro. Arremeten contra el toreo porque no quieren ser españoles, pero el toreo no tiene culpa y estos señores no tienen por qué destrozarlo. Si esto lo hubieran llevado a un referéndum, los habríamos aplastado. Ahí solo hay cuatro ignorantes. Esto es una fiesta española con unas raíces muy profundas que no se pueden tirar por tierra con diez votos. Estos políticos lo que tienen que hacer es administrar bien, que quieren saber de todo y de lo que tienen que saber es de política.

—Y a partir de ahora, ¿qué?

«La decisión que ha adoptado el Parlamento de Cataluña es un atentado diabólico contra la libertad»

—Hay que tomar nota porque esto no ha sido de un día para otro. En Cataluña desde hace dos o tres décadas se vienen menguando las corridas. El antiguo empresario, Balañá el viejo, el que murió, daba toros hasta tres o cuatro días a la semana. Había una afición entonces en Barcelona que hacía que se dieran más toros que en Madrid. Si en esa época hubiera saltado un loco de estos, lo matan. Por eso digo que los empresarios tienen que traer a la gente a la plaza, no echarla. Hay que refundar la Fiesta con imaginación, que los jóvenes vayan a los toros y que la administración ayude como una cosa cultural... Yo qué sé. Se pueden hacer muchas cosas.

—El promotor de la abolición en Cataluña, líder de una asociación de defensa de los animales, ha dicho que con esta medida hemos dado un gran paso hacia la modernidad.

—(Se ríe) La indiferencia es lo mejor. A los que han tomado esta decisión no los conocen ni en su casa, han cogido cartel gracias a esto. Ese señor no se merece ni que le conteste. Siempre digo que a estas cosas hay que aplicarles el silencio de la Maestranza. Con ese silencio estos bárbaros se hubieran acabado rápido.

—Otros sostienen que esto ha sido un triunfo de la libertad.

—La libertad es imprescindible, pero lo que han hecho ellos es precisamente condenarla. Todos somos igual de libres. El que quiera ir a los toros, que vaya. Y el que no, que no vaya. Abolir las corridas sí que es un atentado contra la libertad. Y sin libertad, no hay armonía, pero lo digo en todos los conceptos de la vida.

—¿Recuerda algún momento mágico toreando en Barcelona?

—Yo toreé allí por primera vez en enero del 55 una novillada. Después he ido muchas veces como novillero y como torero porque había una afición muy buena. A Barcelona siempre dio gusto ir a torear.

—¿Y dónde está hoy esa afición, que no ha logrado parar a los políticos?

—Insisto en que la culpa la tenemos nosotros, la gente de los toros. Esa plaza, que era tan buena, se perdió en los años sesenta. El empresario se volvió loco con el turismo y empezó a hacer carteles sin grandes figuras. De todas formas, los turistas llenaban. Pero así fue echando a los verdaderos aficionados. Y eso un año, y otro, y otro, termina acabando con la afición.

—¿Hay alguna forma de arreglar esto?

—He escuchado a los del PP que van a impugnar la decisión. De momento está la cosa fea, pero no hay que perder la esperanza de que se hagan recursos.

—Yo le voy a pedir que empiece explicándole a algunos que el toreo es una de las Bellas Artes.

—Así es. Un ser humano delante de un toro, que sea plástico y le saque el pecho a un toro, eso es una de las Bellas Artes y eso ha estado en la mente de muchos toreros antiguos desde siempre. Que en cuatro minutos soluciones la papeleta y pongas de acuerdo a doce mil personas, con los oles que le salen, eso es una cosa extraña, un misterio. Es algo grande. Y en ese sentido siempre hemos estado mal, porque si ésta es una de las Bellas Artes, estar en el Ministerio del Interior no es agradable. El toreo es libre.

—Tampoco los antitaurinos suelen aludir a un hecho clave: el hombre también pone su vida en juego frente al toro.

«Si esto lo hubieran llevado a un referéndum, los habríamos aplastado. Sólo son cuatro ignorantes»

—No quiero comparar, pero el toreo es lo más difícil porque te juegas más que un triunfo o un fracaso. Te juegas la vida. Tu sentimiento tienes que desarrollarlo frente a un animal que te puede quitar la vida. En el toreo se mastica siempre el drama, porque por la fuerza que tiene un toro tú eres un muñeco delante de él cuando te coge. Pero Dios nos da fuerza para quitarle el drama que conlleva eso y hacer de aquello algo bello, tener ahí la medida del tiempo.

—¿Tan difícil es entender esto que usted dice de una forma tan sencilla?

—El problema es que vamos todos a mucha velocidad, no hay sensibilidad y las cabezas están un poco atrofiadas.

—Pero un mensaje tan claro como que el toreo es tradición y libertad lo puede entender hasta un político, por muy nacionalista que sea, ¿no cree?

—Mandar uno en uno mismo es muy bonito, es la gran terapia, hacer las cosas que a ti te plazcan y tener esa libertad. Eso es todo. La libertad esa en la que nadie te puede mandar y en la que tú haces lo que a ti te entra por tu cuerpo, yo pienso que es lo mejor para las personas. Y yo lo he conseguido gracias a Dios. Lo he conseguido toreando. Es lo que quiero que entiendan.

—Ahora está hablando con las tripas.

—Es que es lo que me ha ocurrido, lo digo con pasión porque es lo que me ha ocurrido. Tú ves a un animal con esa potencia, esa fuerza y esa velocidad que trae, y que tú hagas con un capotito así y lo vayas parando para que vaya más despacio... Ese es el mensaje de uno mismo para templarse y conseguirlo algunas veces, porque eso no se puede conseguir siempre, pero cuando se consigue... Imagínate lo que es buscar la libertad absoluta cuando además no depende sólo de ti, sino de las reacciones del animal. Pero esto solo se puede entender desde la sensibilidad y los que han votado esta barbaridad no la tienen.