LA GUERRA POR MI CUENTA

¿UN GOBIERNO DE PIRÓMANOS?

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DICE el refrán que se pilla antes a un mentiroso que a un cojo. Y si no me cabe la menor duda de que la frase era ya cierta en los tiempos remotos en que la sabiduría popular la acuñó, menos dudas tengo aun de que siga siendolo a día de hoy, cuando por una parte los avances tecnológicos verificados en el campo de la ortopedia han hecho posible de un cojo corra que se las pele, mientras que los sustanciados en el campo de las comunicaciones hacen posible pillar en un renuncio al más pintado en menos tiempo del que se tarda en entrar en Google y poner en marcha su buscador.

La reflexión viene a cuento de lo poquito que la opinión pública y los medios de comunicación han tardado en verle el plumero al pícaro de Rubalcaba a cuenta del asunto de los controladores aéreos. En menos de una semana —y eso que había un domingo y dos festivos de por medio— esa misma ciudadanía que el día de autos aplaudió unánimemente el valor de un gobierno al que no le había temblado el pulso para sacar al ejército de sus cuarteles y cortar de raíz el órdago de los controladores al país entero, ha empezado a hacerse preguntas incómodas, y de ahí a barruntar que la falta de una respuesta convincente a las mismas sea quizás debida a que en este incendio el pirómano que provocó el fuego y el bombero que nos salvó de las llamas hayan sido quizás la misma persona.

¿A qué viene, si no, que Zapatero decidiera a última hora quedarse en Madrid en lugar de acudir a la cumbre iberoamericana de Mar del Plata? ¿Por qué el Gobierno decidió publicar un decreto que a buen seguro —ellos mismos lo habían avisado— iba a desatar las iras de los controladores antes, y no después, de uno de los puentes que más desplazamientos generan al cabo del año? ¿Por qué si Zapatero se hallaba en La Moncloa fue Rubalcaba quien en todo momento llevó la voz cantante y dio ante la opinión pública las explicaciones pertinentes? ¿Por qué si la declaración de Estado de alarma se aprobó a instancias de no menos de cuatro ministerios fue refrendada por el Ministro de la Presidencia y no por el propio Presidente? ¿Por qué éste no compareció ante la opinión pública para dar cuenta de la adopción de una medida como esa, inédita en nuestros treinta y dos años de vida constitucional? ¿Es casual que conflicto generado por el plante de los controladores haya corrido una auténtica cortina de humo sobre medidas tan discutibles y lesivas –si no a corto, si a medio y largo plazo– para las arcas publicas como la privatización de los aeropuertos y de la Lotería Nacional, que pese a hallarse contenidas en ese mismo paquete de medidas han pasado prácticamente desapercibidas?

«Cui prodest scelus, is fecit», dejó sentenciado Séneca en boca de Medea: «Aquél a quien aprovecha el crimen es quien lo ha cometido». De modo que no es menester sino sacar cuentas de quien salió más beneficiado con el plante de los controladores: ¿AENA, que perdió millones? ¿Los viajeros, que perdieron primero sus vuelos y luego su paciencia? ¿Los controladores, que perdieron el poco crédito que conservaban ante la opinión pública, y que quizás pierdan hasta sus empleos? ¿O el Gobierno que acudió raudo a sacarnos del aprieto?— para empezar a adivinar por donde anda el rastro de la mentira. Aunque con Zapatero y Rubalcaba sobre el escenario, tampoco es preciso calentarse mucho la cabeza.

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