La calle es suya y no de Fraga

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SE murió mayor y la izquierda nunca dejaría de mentarle durante los treinta y seis años transcurridos que dijese «la calle es mía». Esa misma izquierda acaba de adueñarse de la calle, tal como se ha padecido en Valencia estos días. Y lo que nos queda por ver. Un porrazo policial de más —y sobraron bastantes— termina en masacre («matanza de personas, por lo general indefensas, producida por ataque armado…») por culpa de una grosera manipulación de emociones e informaciones. Masacre virtual debe ser cuando ni un solo herido ha quedado ingresado. Cuando se confunde libertad de manifestación con cortes sistemáticos de calles y acoso a viviendas cada vez que a los chavales les sale de la blackberry, mal.

Ximo Puig, que gana adeptos para su causa, confirma su candidatura a la secretaría general del PSPV y promete acabar con los líos de las familias socialistas —intento tan loable como utópico— puestos que aún siguen disputándose la herencia de un Lerma vivo y coleando. Alarte aspira a la revalidación. Romeu y Mata, también entrarán en liza.

Quien haya confundido cooperación con corrupción, que lo pague. Si es uno, dos como si son los catorce, que este fin de semana han comparecido ante el Juzgado.

Amorós, ex directora de la CAM, mucha jeta la suya para reclamar su impúdica pensión y despido, debería ser más coherente. No puede seguir ni un día más llamándose Dolores, que son los que padecen los clientes estafados con las cuotas y otros latrocinios. Más le cuadra: Dólares Amorós.