Del escaño al muelle

La desginación de Ripoll como presidente del puerto de Alicante abre el debate sobre la necesidad de profesionalizar la gestión de los enclaves marítimos

ALICANTE/VALENCIA Actualizado:

La gestión de los puertos españoles dio un giro de 180 grados cuando la normativa cambió en la década de los ochenta para otorgarles una gestión autónoma. La Autoridad Portuaria de Valencia (APV) representa el paradigma de la gestión profesionalizada. Sus últimos presidentes procedían de la cantera de la casa. Rafael del Moral y Rafael Aznar —dos técnicos de elevada cualificación— han sido los encargados de situar a la Autoridad Portuaria de Valencia en el liderazgo absoluto de los enclaves del Mediterráneo y en la quinta posición de Europa.

Bajo criterios de eficiencia profesional, la APV ha superado con cuatro años de antelación los objetivos de tráfico y ya se ha establecido nuevos retos, que pasan por incrementar el volumen de negocio un 22% y duplicar los ingresos, dentro de un nuevo plan estratégico.

Con todo, el marco legal que regula la actividad portuaria no está exento de sesgo político. En los consejos de administración están representadas las Administraciones públicas junto a dirigentes empresariales y sindicales. En el caso de los presidentes, las competencias para su designación recaen en los Gobiernos autonómicos. Rafael Aznar fue nombrado por Francisco Camps. Ahora, goza del respaldo implícito del presidente de la Generalitat, Alberto Fabra.

Precisamente, esta semana el nuevo presidente del puerto de Alicante, José Joaquín Ripoll, ha empezado a tomar las riendas de la institución. Arquitecto de formación, procede del mundo de la política, al que ha consagrado su carrera. Ahora ganará 4.000 euros al mes y tiene el reto de mejorar las cifras de tráfico desde el desconocimiento absoluto del sector.

A diferencia de la APV, en Alicante ha existido una fuerte vinculación política con el puerto. Mario Flores fue presidente desde 1996 a 2007. Aunque vinculado al PP, cuando llegó al cargo no tenía ninguna relación con la política. Sin embargo, transitó el camino contrario y la anterior legislatura ocupó el cargo de conseller de Infraestructuras. Bajo su mandato el puerto acometió la ampliación sur e impulsó el tráfico de cruceros para diversificar su actividad.

Sergio Campos le relevó y otorgó otro perfil. Ingeniero de Caminos, estaba vinculado al puerto desde la década de los sesenta —fue autor del Plan Especial—. Con el antecesor de Ripoll, Miguel Campoy, se recuperó el sesgo político. Es el menos técnico de los presidentes desde 1996. El grueso de su trayectoria profesional reciente ha estado ligada a la política parlamentaria (diputado de 2000 a 2004, de 2004 a 2008 y en los primeros compases de esta legislatura).